FICHA TÉCNICA



Título obra Un minuto de silencio

Autoría Alfonso Anaya Barredo

Dirección Ignacio Retes

Elenco Narciso Busquets, Patricia Morán, Carlos Monden, Sara Guash, Guillermo Zarrur, Gabriel Retes, Vicky Aguirre, Eduardo Lugo, Ketty Barón, Marquesita Radell, Raquel Olmedo

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro del Músico

Productores Los Profesionales

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Un minuto de silencio”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 abril 1968. pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Un minuto de silencio

Mara Reyes

Teatro del Músico. Autor, Alfonso Anaya B. Dirección, Ignacio Retes. Producción: Los Profesionales. Estreno: 13 abril 1968. Reparto: Narciso Busquets, Patricia Morán, Carlos Monden, Sara Guash, Guillermo Zarrur, Gabriel Retes, Vicky Aguirre, Eduardo Lugo, Ketty Barón y Marquesita Radell.

La cualidad de esta comedia de humor negro que acaba de estrenar Alfonso Anaya, radica en su sinceridad. A través de una anécdota ingeniosamente urdida, entre risas y citas de los lugares comunes que sobre la muerte se dicen en los velorios, fustiga a la clase media, especialmente la capitalina, formada en gran parte por individuos que sólo piensan en sí mismos, y que son incapaces de un sentimiento verdaderamente noble. Al mismo tiempo, describe la frustración del hombre de la calle, que de pronto se encuentra con que ha muerto, sin haber vivido realmente: con que ha pasado por la vida anhelando un imposible, esperando lo inalcanzable, como esa lotería que gana precisamente unas horas después de haber muerto.

Se reconocen los personajes ¿quién no identifica a uno o a otro entre su círculo de amigos (¿amigos?)? Anaya, esta vez pone sus observaciones de la realidad al servicio de una idea crítica. No sólo es el retrato, sino el análisis lo que da mayor dimensión a su comedia. Las reflexiones sobre la vida, la muerte y el ser humano, no son las reflexiones de un filósofo, son las de un hombre común y corriente, y no son por ello menos válidas, especialmente cuando el autor las lanza con sinceridad.

Es una comedia que cumple con los requisitos del género, por un lado, sus personajes representan determinados vicios de la sociedad, [p. 6] tales como la hipocresía, el egoísmo, el interés mercantil en las relaciones humanas; por otro lado, el mensaje moralizante se desprende de esa confrontación de caracteres con la muerte, para lograr con la hilaridad y el disfrute del ocio, un mensaje que haga a los ciudadanos mejores y más nobles.

Se advierte pues, en la trayectoria seguida por Anaya, a lo largo de sus comedias, un paso evolutivo, semejante al que diera la “comedia” en sus orígenes, de la pura caricatura y del equívoco inocuo, a la censura específica de los defectos humanos: de la satisfacción en la burla, a la crítica satírica más meditativa. En Un minuto de silencio el público halla lo mismo la risa que la reflexión; la denuncia de costumbres viciadas, que el anhelo de superación.

Ignacio Retes cuidó bien la atmósfera de la obra en sus dos planos (el de los vivos y el del muerto) sin extralimitarse en la caricatura de los vicios, y sin melodramatizar las reflexiones del muerto. El uso de las proyecciones es sumamente eficaz, así como su manejo de las luces. La escenografía de David Antón apoya de manera determinante las posibilidades de la dirección escénica. Probablemente debido al nerviosismo del estreno, o a que algunos de los actores no tenían sus parlamentos muy seguros, se escucharon algunas contradicciones (como que un personaje diga que falta un cuarto para las ocho, y a los pocos segundos, otro diga que son las diecisiete horas cuarenta y tantos minutos) y algunas incorrecciones de sintaxis o de sentido, (como cuando Busquets habló de la “falta de indiferencia”), errores seguramente circunstanciales y fácilmente corregibles.

Aparte de Raquel Olmedo, Ketty Barón y Marquesita Radell, que delatan su falta de experiencia teatral, el resto del reparto se mantiene en un nivel de dignidad profesional, del que sobresale Narciso Busquets, no sólo por ser el que encarna el personaje con mayores posibilidades de lucimiento, sino también porque es un actor que sabe ser sincero en todas las situaciones.

Ojalá que esta obra, marque un viraje en la actitud de Los profesionales, hacia un teatro comercial de mayor calidad.