FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios y propuestas de la autora sobre la crítica teatral en México

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La crítica”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 31 marzo 1968, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La crítica

Mara Reyes

Una vez más se ha puesto de manifiesto la crisis en la que se halla desde hace años la crítica teatral en México. No ha faltado quien para juzgar un trabajo escénico, inmiscuya en su comentario alusiones a las actividades extrateatrales de quienes han tomado parte en una obra, lo que es tan improcedente como si para afirmar que un crítico es bueno o es malo como crítico hiciéramos hincapié en que usa zapatos amarillos. Salvo muy honrosas excepciones de críticos que han dado ejemplo de integridad, pesan sobre la crítica terribles lastres que han hecho que la evolución de ella no haya ido aparejada con la evolución del arte escénico en nuestro país. Cosa muy de lamentar y que nos pone frente a un hecho contundente: la necesidad improrrogable de crear una carrera especializada de crítica teatral.

No podemos ser indiferentes frente a una “crítica” que se atreve a decir que una obra está mal interpretada porque el director es dueño de un restaurante, o frente a una crítica que por no estar de acuerdo con un género de teatro pide la aplicación del artículo 33 constitucional para quien dirigió una obra; ni frente a una “crítica” que lejos de analizar imparcialmente un montaje, se dedica a lanzar insultos personales a quienes participan en una representación. Es hora de que las autoridades respectivas pongan coto a esos vicios tan deleznables.

Hago un llamado pues a las autoridades educativas, primero, para que tomen las medidas pertinentes para crear en sus planteles (que pueden ser, la Escuela de Arte Teatral dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes, o la Universidad Nacional Autónoma de México –dentro de su escuela de arte dramático– o el Instituto de la ANDA) una carrera de “Crítica teatral” que puede ser complementaria de la de “Composición dramática” o la de “Director de escena”, o bien adquirirse como doctorado especial de la licenciatura de letras.

Sé que la sola creación de una carrera de este género no sería de gran utilidad si los directores de los periódicos y revistas no tomaran conciencia del problema, y es por eso, que el llamado debe ir también dirigido a ellos, a fin de que una vez establecida dicha carrera en los centros educacionales, ellos confiaran sus columnas a los egresados de dichas escuelas, lo mismo que una empresa de construcción contrata ingenieros, o médicos un sanatorio. Se me dirá que el título no es una garantía y que lo mismo hay malos médicos o malos ingenieros titulados, como buenos médicos o ingenieros no recibidos. Sin embargo, hay más probabilidades de que una persona que ha realizado estudios especializados dé un mejor rendimiento, que otra persona que se ha improvisado en tal o cual actividad.

Quien más, quien, menos, el público se erige siempre en juez de todo espectáculo, porque la actitud humana no puede evadir la posición crítica que es la que le ayuda a conformar su experiencia. Siendo el teatro un arte complejo en el que intervienen tantos elementos: autor (creador literario), intérpretes (creadores vivos), elementos sonoros, plásticos y tantos otros, además del propio público que forma parte del espectáculo y sin el cual el teatro deja de serlo, la labor crítica no puede fincarse en la sola intuición, precisa de una metodología que es la que da al crítico sistematizado la posibilidad de ascender esa difícil cuesta de la que hablaba Alfonso Reyes que va “desde la libre impresión humana hasta el alto juicio que sitúa las obras en los cuadros de la cultura”.

La crítica no es negación y censura y creer que enumerar el error, la deficiencia o el defecto es hacer crítica es una falta de la que debe precaverse todo crítico. La crítica también busca el acierto, la eficacia y la virtud. Lo importante es tener la debida preparación intelectual especializada para descubrir en dónde radican el acierto o el error, la deficiencia o la eficacia, la virtud o el defecto de un espectáculo teatral y fundamentar con profundidad esos juicios. Y es esa fundamentación la que sólo se obtiene mediante el análisis y el conocimiento de las artes escénicas.

No puede pedirse que la crítica sea infalible, puesto que quienes la ejercemos somos humanos y por ende susceptibles de equivocarnos; por otra parte, sería imposible una estandarización –espantable además– de las opiniones y gustos personales, pero sí puede exigirse a los críticos una fundamentación sólida de sus juicios, ajena a cualquier clase de compromisos o de intereses creados, o de rencillas personales o de odios gratuitos.

Y repito, es tiempo ya de cambiar de nivel, es hora de que la crítica teatral alcance la estatura que en México ha alcanzado la materia que estudia. No se puede criticar la teoría de Einstein desde un pupitre de primaria, en el que apenas se ha aprendido aritmética elemental.