FICHA TÉCNICA



Título obra El cepillo de dientes

Autoría Jorge Díaz

Elenco Silvia Piñeiro, Franklin Caicedo

Grupos y compañías Compañía de Teatro Chileno de Silvia Piñeiro y Franklin Caicedo

Espacios teatrales Teatro Antonio Caso

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El cepillo de dientes”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 25 febrero 1968, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El cepillo de dientes

Mara Reyes

Teatro Antonio Caso. Autor, Jorge Díaz. Compañía de Teatro Chileno de Silvia Piñeiro y Franklin Caicedo. Reparto: Silvia Piñeiro y Franklin Caicedo.

Bajo el auspicio del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Chile y el Organismo de Promoción Internacional de Cultura, se ha presentado en México en el Teatro Antonio Caso de Tlatelolco, una compañía chilena formada por Silvia Piñeiro y Franklin Caicedo, habiendo presentado dos obras: El cepillo de dientes, de Jorge Díaz, y La lechuza y el gatito, de Bill Manhoff.

De estas dos obras, sólo tuve oportunidad de ver la primera de ellas, en la que el autor chileno hace una crítica de las relaciones matrimoniales en una sociedad hueca que se desintegra a sí misma, tal como marido y mujer tratan de desintegrarse uno al otro, al practicar ese juego sadomasoquista de matarse entre ellos.

He aquí lo que el propio autor ha dicho de su obra:

“El cepillo de dientes... sin duda (es) producto de mis contactos y lecturas con el teatro contemporáneo. En cierta manera, significaba una liberación de fórmulas. Mi pretensión era tomar una situación básica, simple y humorística, como la de la relación de un matrimonio frente al vínculo común de un cepillo de dientes, y llevarla hasta sus últimas consecuencias, liberándome de toda estructuración orgánica de lo que se puede considerar una carpintería teatral, simplemente dejándome llevar por asociaciones libres. Esta técnica de la asociación libre de imágenes (una imagen que va engendrando otra) no era ni mucho menos original mía. Ya habían dictado cátedra sobre eso Ionesco y los poetas surrealistas. Pero para mí fue un ejercicio fresco y liberador, que me produjo, e incluso a la distancia aún me produce, un gran placer... en Madrid la retomé (la misma obra), la redondeé un poco, porque me parece que tal como se estrenó era un juego burlesco y nada más; una especie de divertimento. Ahora, en base a la misma situación, la completé con su veta satírico-social. A pesar de que en ningún momento hay ninguna actitud pedagógica, el resultado final es una crítica a la variedad de las relaciones entre un hombre y una mujer en un cuadro social”.

Es evidente que entre las influencias del teatro contemporáneo que él anota, está la de Genet, lo cual no es de ninguna manera criticable, ya que toda buena influencia es positiva, y más aún en determinada época de la vida de un escritor.

Jorge Díaz es autor además de Un hombre llamado Isla (1961), Réquiem para un girasol, obra en dos actos que recibió el Premio de la Crítica de Chile en 1961; El velero en la botella (1962) que recibió el Premio Municipal de Santiago y el Premio Instituto de Arte Moderno; El lugar donde mueren los mamíferos (1963); Variaciones para muertos de percusión (1964), que ganó el Premio Laurel de Oro, y El nudo ciego, escrita en 1965.

En cuanto a los dos actores que interpretaron su obra aquí en México, puede decirse que ambos son excelentes. La obra puso a prueba su capacidad, ya que los obliga a un continuo cambio de actitud, a una flexibilidad que debe lindar con el virtuosismo. Franklin Caicedo es un actor completo, con grandes cualidades interpretativas y que sabe pasar con toda facilidad del humorismo fino, a la tragedia o a la farsa. En la actuación de Silvia Piñeiro encontré un defecto: su mala dicción. Si ya de suyo es difícil comprender un lenguaje en el que abundan localismos idiomáticos de otro país, más difícil es comprenderlo cuando la pronunciación es deficiente, y la dicción de Silvia Piñeiro en ocasiones me daba la impresión de estar presenciando una obra de teatro hablada en otra lengua. Esto fue una lástima, pues la dirección escénica estaba llena de hallazgos, que se frustraban a menudo por no poder comprender el texto.