FICHA TÉCNICA



Título obra Sabes que no te puedo escuchar bien…

Autoría Robert Anderson

Notas de autoría Rafael Banquells / traducción y adaptación

Dirección Rafael Banquells

Elenco Guillermo Orea, Virginia Gutiérrez, Rafael Banquells, Luis Gimeno, Claudia Islas

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de la República

Eventos Inauguración del Teatro de la República

Productores Los Profesionales

Notas Luis Gimeno puede ser Luis Jimeno

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Sabes que no te puedo escuchar bien…”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 enero 1968, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Sabes que no te puedo escuchar bien...

Mara Reyes

Teatro de la República. Autor, Robert Anderson. Traducción, adaptación y dirección, Rafael Banquells. Escenografía, David Antón. Reparto: Guillermo Orea, Virginia Gutiérrez, Rafael Banquells, Luis Gimeno y Claudia Islas. Producción, "Los Profesionales".

Lo que primero me llamó la atención al llegar al nuevo Teatro de la República fue que la asistencia estaba formada casi en su totalidad por un público masculino. (Es obvio que no fui el día que se estrenó la obra y el teatro). Al empezar la primera de las cuatro historias (que es la que da el nombre a la obra), tuve la explicación. El tema despierta en cierta forma la morbosidad de un público que satisface su hedonismo con la sola mención de lo sexual. Toda esa historia no es más que una infinita repetición de un estribillo, un mero pretexto para hablar del tema “tabú”. En cuanto a la actuación, Banquells es un buen actor y la gracia de Guillermo Orea y de Luis Gimeno, bastarían por si mismos para conseguir una respuesta afirmativa del público, fuera cual fuera “la historia”.

Robert Anderson siempre ha demostrado una inclinación por el tratamiento de los temas sexuales y más aún por los que rompen el molde de lo habitual –¿Quién no recuerda su obra Té y simpatía que tanto éxito tuvo en teatro y cine?–, inclinación que se pone de manifiesto nuevamente en esta obra dividida en cuatro historias diferentes que vienen a ser como pequeñas obras en un acto, unidas por un eje que las determina: el tema sexual.

La primera historia –la más atractiva para determinado público y la más repulsiva para su opuesto (como lo demuestra el hecho de que muchas parejas salieron del teatro a la mitad de la historia), es a mi juicio la de menor calidad dramática. Es una historia sin conflicto, en la que el autor se vale de un truco poco legítimo para inventarle una acción.

La segunda historia (El suave paso de las palomas) es una especie de vodevil con moraleja, actuado con pulcritud por Banquells, Virginia Gutiérrez y por la joven Claudia Islas que será un buen elemento en cualquier vodevil.

La tercera historia (Regresaré para Navidad) es un melodrama comprimido que trata de plantear el problema del despertar sexual de la adolescencia y que sólo se queda en un mero juego –como la primera historia– para satisfacer la morbosidad del público. ¿Cómo va a compararse este intento a las realizaciones de otros autores que han tratado el tema en serio, como por ejemplo, la que hiciera Wedekind con su Despertar de primavera?

La pobreza de la situación dramática es incapaz de propiciar un despliegue histriónico, por lo que las actuaciones de los tres integrantes de esta historia: Banquells, Virginia Gutiérrez y Claudia Islas, no tienen mayor relevancia.

Después de haber visto estas tres historias, mi interés por la cuarta era prácticamente nulo, y de pronto, ¡la sorpresa! La cuarta historia (Yo soy Herbert y tú quién...) es una pequeña joya teatral en un acto, que habría que sacar de esa obra para ser representada aisladamente. Imbuida de un extraño romanticismo, da la contrapartida a todo el teatro de la incomunicación. Se trata de una pareja que habiéndose unido en matrimonio a los 70 años, y en medio de una incoherencia senil que les hace confundir los recuerdos (pues ella ve en su actual marido, a los maridos anteriores, y él ve en su esposa actual a sus mujeres precedentes) alcanzan tal extremo de confusión, que ella llega a sentirse encarnación de esas mujeres, y él encarnación de esos maridos, para llegar al fin, como en un sueño, a compartir todos sus recuerdos, a hacer común lo que no fue común a ambos, a cumplir un ideal romántico: fundir su memoria bipartita, en una sola memoria.

En esta historia, Guillermo Orea y Virginia Gutiérrez logran una interpretación llena de ternura, bajo la dirección tersa y sutil de Rafael Banquells. En esta pequeña obra todo es límpido, transparente, todo se desliza con la naturalidad de una balsa sobre un lago. No hay cortes bruscos, no hay truco. ¡Vaya un aplauso a Banquells, a Orea, a Virginia y a Antón, por la atmósfera de tibieza, de calor humano, que supieron crear en esta historia!

Soy portavoz de una petición de algunos espectadores:

Se suplica a Los Profesionales, así como a otras organizaciones teatrales, en atención al turismo y al público en general, escribir en sus programas: el nombre de la ciudad donde se verifica el espectáculo y la fecha, cuando menos del estreno. Muchas gracias.