FICHA TÉCNICA



Notas Próximos estrenos teatrales y comentarios sobre los eventos culturales de artistas y grupos extranjeros a realizarse con motivo de los Juegos Olímpicos México 1968

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Perspectivas para 1968”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 14 enero 1968, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Diorama de la Cultura, Excélsior

Mara Reyes

Perspectivas para 1968

Para el día 11 están anunciados los primeros estrenos del año: El rey se muere, de Ionesco, en el Teatro Hidalgo, con una producción muy prometedora: figuran en el reparto, Ignacio López Tarso, María Teresa Rivas, Marta Navarro, Diana Mariscal, Víctor Eberg y Héctor Ortega, todos dirigidos por Alexandro y con escenografía y vestuario de Leonora Carrington.

Para el mismo día, está anunciado también el estreno de La enemiga, de Darío Nicodemi, con Amparo Rivelles, en el Teatro de los Insurgentes.

Como novedad tenemos una nueva asociación teatral, Los Profesionales, S.A. (¿querrán decir que todos aquellos que no trabajen con esa asociación son simples amateurs? Me parece una actitud bastante agresiva para comenzar).

Esa asociación funcionará en tres teatros: en el Músico, estrenará Amor en Sí bemol (no tuve una lupa a mano para distinguir en el anuncio el nombre del autor), bajo la dirección de Rafael Banquells. En el Teatro D'Alarcón estrenarán El fruto prohibido, de Jean de Letraz, bajo la dirección de Víctor Moya. Y para mayor novedad, inaugurarán una nueva sala de espectáculos, El Teatro de la República (en Antonio Caso 36), con la obra Sabes que no te puedo escuchar bien cuando está la llave del baño abierta, de Robert Anderson, y también con Rafael Banquells como director, y además como actor, junto a Guillermo Orea, Virginia Gutiérrez y Luis Gimeno. Estos tres estrenos se verificarán también entre los días 10 y 12 de enero, lo que significa que después de varias semanas de inactividad, los críticos tendrán que ir corriendo de una sala a otra.

El año olímpico

Desde hace meses se tiene noticia de que debido a las Olimpiadas, durante este año vendrá a México un número verdaderamente asombroso de personajes artísticos y de compañías extranjeras, que presentarán todo género de espectáculos (teatrales, operísticos, musicales, ballets, etcétera...) Esta empresa importadora que nuestras autoridades se han echado a cuestas es digna de aplauso, ya que el público de México tendrá oportunidad de ver mucho de lo que se hace en el arte en otros países. Ya en este mismo Diorama se ha publicado con anterioridad una lista de los espectáculos extranjeros y figuras notables que vendrán este año, y se ha alabado el noble empeño de la Secretaria de Educación y del Instituto Nacional de Bellas Artes. Pero veamos ahora el otro lado de la medalla, puesto que todas las cosas tienen dos lados, cuando menos.

El público que venga de otras latitudes para las Olimpiadas, tendrá deseos de ver “nuestros” espectáculos, de conocer “nuestro” arte. Y aquí viene mi pregunta: ¿Han pensado nuestras autoridades en dar subsidios a las compañías mexicanas que lo merezcan para que puedan montar espectáculos con toda dignidad y con nuestros mejores elementos? ¿Nuestros directores, autores, escenógrafos y actores, tendrán las mismas oportunidades para hacer lucir sus méritos, que las de los directores, autores, escenógrafos y actores extranjeros? ¿O se encontrarán como siempre, con medios restringidos, por el hecho de ser “de casa”, para que a la hora de las comparaciones nuestros espectáculos aparezcan como “inferiores” a los que traigan esas compañías extranjeras?

Ignoro los planes al respecto, pero creo que este año nos brinda la oportunidad de dar a conocer al mundo entero no sólo nuestra historia pasada y nuestro “ballet folklórico”, sino nuestro teatro de hoy, nuestro buen teatro, que no es raquítico en absoluto, a pesar de haber nacido en un país “subdesarrollado”.

¿O vamos a permitir que los finlandeses, por ejemplo, regresen a su patria diciendo: ""Qué buen teatro francés vimos en México"", y si alguien les pregunta por el teatro mexicano, respondan asombrados: “Ah, pero, ¿es que había?”

Ojalá nuestras autoridades dejaran a un lado el malinchismo ancestral que nos consume y repongan y estrenen lo mejor de nuestro teatro. En fin... serán ellas quienes podrán decir la última palabra.