FICHA TÉCNICA



Notas Balance anual del teatro en México en 1967, segunda parte. Comentarios de la agresión al elenco de Viet Rock en plena función.

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Balance de 1967 - II”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 diciembre 1967, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Balance de 1967 - II

Mara Reyes

Durante el año de 1967, la Unidad Artística y Cultural del Bosque se afirmó como uno de los pilares más sólidos del buen teatro en México, presentando obras de alto nivel artístico, con producciones dignas de aplauso y reconocimiento. Entre éstas hubo excelentes muestras de diversos géneros dramáticos: comedia, tragedia, pieza y hasta drama (en su acepción de: obra) musical. Así, pudimos ver Se compra sabio de Ira Wallach que escenificó Maruxa Vilalta, guardando un exacto equilibrio entre el humor y la “denuncia”. Vimos también la presentación de Tango del dramaturgo polaco Slawomir Mrozek que subió a la escena bajo la dirección de Fernando Wagner. Y el drama musical ¡Paren el mundo, quiero bajarme! dirigido por Héctor Ortega.

En el teatro del Granero se inició el año con una obra estrujante de Heinar Kipphardt: Proceso Oppenheimer, bajo la dirección de Xavier Rojas, subiendo poco tiempo después a la escena del teatro Orientación, bajo la dirección de Rafael López Miarnau, otra obra que tocaba un problema vital de nuestros días, y emparentado en cierta forma con la obra de Kipphardt, me refiero a Punto H de Yves Jamiaque. Esto fue como el principio de un camino que desembocaría al final del año con la puesta en escena de Viet Rock de Megan Terry, montada también en forma excelente por López Miarnau.

Desgraciadamente, junto con el entusiasmo que esta escenificación despertó en los espíritus libres, desencadenó el furor de las mentes obtusas. ¿Cuál no sería el estupor de esos actores que participaban en una obra antibelicista, –en la que se describe el horror de la lucha de hombres contra hombres– cuando a mitad de una escena, un grupo de jóvenes vándalos se levantaron de sus asientos y subieron al foro a golpear a esos actores –y a los empleados que guardaban las puertas, para tener franca la huida–?

Además de cundir la alarma en todos los medios intelectuales, este hecho levantó una ola de indignación, pues en un país democrático, la libre expresión debe estar apoyada por las garantías individuales, que no son una dádiva por la que se implora, sino una obligación que responsabiliza a las autoridades competentes; tales autoridades respondieron positivamente, dando protección, en los días subsecuentes, a los participantes en la obra, pero ¿qué va a pasar en el futuro? No se trata de un hecho aislado, pues se sabe que este fue el tercer atentado registrado en el curso de pocas semanas, sino que parece ser el fruto maligno de alguna organización neonazi, que no se detiene en emplear métodos terroristas para “castigar” todo aquello que vaya en contra de su “ideología”. Y si la defensa de la vida humana (en última instancia esta es la tesis de Viet Rock) va en contra de la ideología de esa organización, (que se esconde en el anonimato en lugar de dar la batalla polémica, a la que todos tenemos derecho), ¿qué se puede esperar sino el advenimiento de una época de terror para todos aquellos que defiendan los derechos humanos? Ante esta negra perspectiva de un cáncer que está germinando en nuestra sociedad, no queda otro camino que buscar cuál es el foco de infección. ¿Y quién se avocará esta tarea?