FICHA TÉCNICA



Título obra La rueda de la fortuna (El premio flaco)

Autoría Héctor Quintero

Dirección Xavier Rojas

Notas de dirección Roberto Mosqueira Bravo / asistente de dirección

Elenco Isabela Corona, Aarón Hernán, Socorro Avelar, Kika Meyer, Marta Patricia, Rogelio Guerra, Bruno Márquez

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Productores Xavier Rojas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La rueda de la fortuna”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 3 diciembre 1967, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La rueda de la fortuna

Mara Reyes

Teatro Hidalgo. Autor, Héctor Quintero. Dirección y producción, Xavier Rojas. Escenografía, Antonio López Mancera. Asistente de dirección, Roberto Mosqueira Bravo. Reparto: Isabela Corona, Aarón Hernán, Socorro Avelar, Kika Meyer, Marta Patricia, Rogelio Guerra, Bruno Márquez, etcétera.

Debo confesar que al leer en el programa de La rueda de la fortuna (El premio flaco) la excelente nota de presentación escrita por Emilio Carballido, me llené de entusiasmo. No me cabía la menor duda de que iba a presenciar otra magnifica producción del teatro cubano. Pero a medida que se sucedían las escenas, mi entusiasmo iba decayendo. Encontré un buen dibujo de personajes, especialmente el de Iluminada –como dijera Carballido–, pero advertí una gran pobreza de diálogo y sobre todo, una tendencia tan total hacia el melodrama sensiblero –no como resultado del carácter mismo de los personajes, sino como tendencia intrínseca del autor– que mi entusiasmo acabó por desmoronarse.

En mi opinión, esta obra es un ejemplo de buenas intenciones que se frustran por la carencia de una técnica apropiada. Ni qué decir que no hay comparación entre La noche de los asesinos, del también cubano José Triana, y esta obra de Héctor Quintero. En aquélla, a la profundidad del tema, se aunaban un dominio del oficio dramático y un moderno tratamiento que no asoman ni casualmente en La rueda de la fortuna. Hay en la obra de Quintero aquel abuso de lo patético que encontramos en Los signos del zodiaco de Magaña, sólo que escrito con diecisiete años de diferencia y sin siquiera alcanzar su nivel técnico. Si no conociéramos el nivel alcanzado en este aspecto por el teatro cubano, ejemplificado aquí con José Triana, cabrían las disculpas, pero conociéndolo, no hay razón para ser benévolos.

Héctor Quintero me parece una promesa como dramaturgo, pero nada más. Todavía se deja llevar por la línea de menor resistencia, se ciñe al camino fácil de lo conocido, de lo que ha sido explorado con buenos resultados, por otros autores; o sea, no lo veo todavía como aportación definitiva al teatro de su país. No es, a mi juicio, la provocación de la piedad para sus personajes, el único recurso para ganar a un público, además de esa piedad, debe haber otros soportes que apoyen la obra. Y esos otros soportes, no pude descubrirlos.

En cuanto a la dirección de Xavier Rojas, ¿qué podía hacer él para eludir los lugares comunes incluidos en la obra y que lo arrastraban hacia los tópicos más sobados? No podía hacer más que ponerle una decoración a los personajes y dejar que hablaran con sus propias palabras, bajo el mismo molde, homogéneo pero acartonado del melodrama. Y que dentro de ese molde, unos actores mejor que otros, [p. 5] se desenvolvieran según la problemática de sus respectivos personajes.

Isabela Corona, una actriz con oficio y que sabe transformarse, encarna en la forma más veraz posible, ese personaje tan trágico como grotesco que es Iluminada. Aarón Hernán, así como Socorro Avelar y Kika Meyer, salen airosos en la tarea que les fue encomendada, actúan con naturalidad, no así Marta Patricia y Rogelio Guerra, entre cuyos gestos y palabras se desliza la falsedad de sus motivaciones dramáticas.

Los demás actores, encarnan meros tipos, sin enjundia sicológica, de manera que, en general, salen adelante sin mayor problema.

La bondad de la escenografía de Antonio López Mancera, no alcanza a salvar la obra de su medianía.