FICHA TÉCNICA



Título obra Te juro Juana que tengo ganas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Xavier Rojas

Notas de dirección M. A. Miranda / ayudante de dirección

Elenco Braulio Zertuche, Ricardo Fuentes, Ema Arvizu, Dolores Tinoco (Lola), Mariela Flores, Enrique Muñoz, Guadalupe Quiroz

Escenografía Octavio Ocampo

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Te juro Juana...”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 octubre 1967, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Te juro Juana...

Mara Reyes

Teatro Granero. Autor, Emilio Carballido. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Octavio Ocampo. Ayudante de Dirección, M. A. Miranda. Reparto: Braulio Zertuche, Ricardo Fuentes, Ema Arvizu, Lola Tinoco, Mariela Flores, Enrique Muñoz y Guadalupe Quiroz.

El anuncio de una nueva obra de Carballido despierta siempre un gran interés. Desde sus primeras obras, Carballido demostró una vena correlativa en nuestro medio ambiente y época a la molieresca: crítica de costumbres locales por medio de la carcajada, aunque en algunos casos se trate de un trágico con máscara risueña. El comediógrafo, no conforme con una sola fórmula, ha intentado variados caminos y diferentes técnicas para plasmar su mensaje: primero, siguiendo el molde de la comedia clásica, costumbrista, abundante en personajes locales y tipos y hasta con moraleja; después la tendencia simbolista, la realista (norteamericana y socialista), la épica brechtiana, para desembocar finalmente, en una síntesis de sus caminos ensayados, de la que son fruto: Yo también hablo de la rosa y ahora Te juro Juana que tengo ganas, en la que abundan ciertos ingredientes expresionistas, como los monólogos de cada uno de los personajes con los que da fin el segundo acto. Así pues, nos encontramos ya frente a un autor en plena madurez, asimilado a su época y dueño de una técnica propia y personal en la que sintetiza planos sociales y anímicos, absorbiendo y proyectando las realidades del México que le ha tocado vivir, y creando y recreando a esos personajes frustrados y anhelantes que ha visto deslizarse por su provincia y por su capital.

En Te juro Juana que tengo ganas, el diálogo chispeante, lleno de colorido, es manejado por Carballido como una ballesta cuyas flechas siempre dan en el blanco. Como ejemplo, valga esa descripción que hace Evangelina del marido celoso que buscaba una prueba de la infidelidad de su mujer, retratando a todas las parejas de y hasta el momento final, descubre que ella, Evangelina, fue una de las mujeres retratadas. Como Tennessee Williams, Carballido da una significación especial a los nombres de sus personajes (o al menos dichos nombres sugieren algo relacionado con su propia personalidad) Diógenes Feria: personalidad antípoda –a manera de sarcasmo– del griego Diógenes –o sea un “Diógenes de feria”. Estanfor Vera: el único que “está por la verdad”. Evangelina: Eva –ángel– el significado es obvio. Serafina: simple ambientación, como “serafín” del Paraíso. Librado: el que se “libra” de todos los peligros que atenten contra [p. 6] su reputación. Inesita Mercado: una joven que quiere ser “mercada” a toda costa. El nombre de la protagonista: Juana, es un simple resorte para el título.

En tono menor, Carballido aborda el tema de la aparente contradicción entre el Ser y su Conducta. Cada personaje siente que aquello que le acontece no corresponde a lo que él desea hacer íntimamente. Personajes locales, frustrados en su mayoría –sólo que en lugar de tratarlos en forma dramática, a lo Chejov, lo hace en forma caricaturesca. El tono jocoso, la hace accesible a todo tipo de público. Las consecuencias de esa contradicción entre el ser y su conducta, se hacen patentes al final de la obra, cuando los personajes son premiados con el “final feliz” que exige toda comedia que se respete.

Carballido plantea cómo el individuo busca la felicidad por extraños caminos pues ignora realmente lo que quiere y desea.

La puesta en escena es una de las joyas de Xavier Rojas, por el ritmo logrado, la elección del reparto idóneo –la única objeción que cabe es la extrema juventud de Guadalupe Quiroz, que desvirtúa el personaje, pues en lugar de parecer una jovencita ansiosa del macho, parece una niña de precocidad anormal–, pero sobre todo, Rojas logra dar a todos los personajes, un carácter lleno de vitalidad y veracidad.

La sorpresa: la aparición de un joven actor lleno de promesas: Braulio Zertuche. Su interpretación no es sólo correcta, sino asombrosamente sincera, válida, plena de hallazgos. Vuelve hacia él la atención del público y lo mantienen interesado siempre; sus escenas tienen vida, palpitan, y lograr esto, un actor que se presenta por primera vez en teatro, no es un hecho frecuente. Vaya para él un aplauso entusiasta, así como para Ricardo Fuentes y Ema Arvizu, quienes hacen una verdadera creación de sus “Diógenes” y “Juana” respectivamente, ambos actores alejados por algún tiempo de nuestros escenarios y ambos reconquistando al público de México. Excelente trabajo también el de Lola Tinoco y Mariela Flores, así como muy meritorio –aunque aún tienen sabor de fruta verde– el esfuerzo de Enrique Muñoz y el de Guadalupe Quiroz.