FICHA TÉCNICA



Título obra La reina y los rebeldes

Notas de Título La regina e gl'insorti (título en el idioma original)

Autoría Ugo Betti

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Xavier Rojas

Notas de dirección Normando Rojas / asistente de dirección

Elenco Daniel Villagrán, Luis de León, Ignacio López Tarso, Narciso Busquets, Dolores del Rio, Víctor Alcocer, Miguel Gómez Checa, Patricia Morán, Pura Vargas, Javier Ortiz

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Productores Lew Riley

Notas Daniel Villagrán puede ser Daniel Villarán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La reina y los rebeldes”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 24 septiembre 1967, pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La reina y los rebeldes

Mara Reyes

Teatro Hidalgo. Autor, Ugo Betti, Traducción, Salvador Novo. Dirección, Xavier Rojas. Asistente de dirección, Normando Rojas. Escenografía, David Antón. Reparto: (por orden de aparición) Daniel Villagrán, Luis de León, Ignacio López Tarso, Narciso Busquets, Dolores del Rio, Víctor Alcocer, Miguel Gómez Checa, Patricia Morán, Pura Vargas y Javier Ortiz.

En una excelente traducción de Salvador Novo, Lew Riley presenta La reina y los rebeldes (Laregina e gl'insorti) de Ugo Betti, con Dolores del Río, Ignacio López Tarso, Narciso Busquets y Patricia Morán en los papeles principales.

Esta obra, escrita, por Betti en 1950 o sea tres años antes de morir, no supera ni con mucho Corrupción en el Palacio de Justicia que acababa de escribir en 1949. En ella vuelve a indagar sobre el problema de la justicia, que fue la preocupación de toda su vida –huella imperecedera con que lo marcó el cargo de juez que durante muchos años ocupó en Roma. Como en otras de sus obras, Bettiesgrime el argumento expresado por uno de sus personajes de El jugador, de que: “¡La justicia! Ampara al mundo. Pero siendo el mundo errado, la justicia debe amparar los errores del mundo”. De ahí que la prostituta acepte un lugar en el cadalso que no le correspondía, pues sólo la muerte le otorga un rango humano que la vida nunca le concedió. Paradoja de la justicia humana que en Betti se resuelve sólo en el enfrentamiento supremo con Dios.

Como en otras de sus obras, Bettitoca sólo tangencialmente el problema social, sin ahondar en él, salvo en lo relativo a una justicia más que social, existencial. Los rebeldes que presenta son sólo [p. 6] una masa ciega que se lanza a la vendetta para saciar instintos; son rebeldes de trazo grueso, casi grotescos que no declaran una profesión de fe o un postulado doctrinario que cimiente su insurrección.

Como mera nota aclaratoria, quiero decir que erróneamente un crítico ha atribuido a Ugo Betti las palabras proféticas (pronunciadas veinticinco años antes de la construcción de la primera bomba nuclear): “Cuando ya no basten los gases venenosos, un hombre hecho a la imagen de todos los otros hombres, guarecido en el secreto de un cuarto de este mundo, inventará un nuevo explosivo, en comparación con el cual los explosivos que existen actualmente parecerán inocuos juguetes”. (Y que terminaban: “Y otro hombre, también hecho a imagen de todos los hombres, pero un poco más enfermo, robará ese explosivo y llegará al centro de la tierra para colocarlo en el punto en que podrá tener su efecto máximo. Habrá una explosión enorme, que nadie oirá y la tierra, vuelta a la forma nebulosa, errará por los espacios ya sin parásitos, ni enfermedades”.). Sólo que estas palabras no las dijo Ugo Betti, sino Italo Svevo (1861-1928) al final de su novela: La coscienza di Zeno.

Volviendo a La reina y los rebeldes, es indiscutible que fue seleccionada para servir de lucimiento a la actriz Dolores del Río, lucimiento que queda mermado por los valores relativos de la obra, que apenas a diecisiete años de distancia de su estreno, huele ya a naftalina. Va en elogio de Dolores del Río, el escoger obras de los grandes autores (Ibsen, Shaw,Betti...) pero esta vez la elección no dio en el blanco.

A mi modo de ver, el campo de desenvolvimiento de esta actriz, sigue siendo el cine, en el cual sus interpretaciones alcanzan un mayor relieve, como en La dama del Alba de Casona –en versión cinematográfica– para nombrar una película reciente, pues sus apariciones teatrales, tal vez por fugaces y esporádicas, la obligan cada vez a reencontrarse como actriz de teatro, reencuentro que no llegó a cumplirse en esta obra, como lo demuestra su actuación monocorde que no crea un clima, ni un clímax. A Dolores del Río le haría falta olvidar su nombre y su alcurnia de estrella para realmente sentir hasta el fondo de sí misma las emociones del personaje que le toca interpretar. O sea: dejar de ser para llegar a ser, aunque suene paradójico. Ella tiene muchas cualidades como actriz, sólo le hace falta más decisión en la entrega; quitarse el ropaje de Dolores, para vestir –no sólo físicamente, sino moralmente– el de “Argia”. No desnudarse de emociones, sino al revés, vestirlas. No tomar prestados los gestos, sino asumirlos como una necesidad que nace desde dentro. La exigencia es mucha, lo sé, pero es lo que se espera de Dolores del Río: la entrega total.

A su lado y teniendo en contra los agravantes de una obra endeble –aunque sea de Ugo Betti– se debatieron Ignacio López Tarso, Narciso Busquets, en los papeles –respectivamente– del 'juez' (o inspector, o supervisor) –personaje clave en todas las obras de Betti– y el oportunista que sólo ve la insurrección como un medio para el enriquecimiento individual, y Patricia Morán, convincente en su papel de “la reina”.

Lástima que tantos empeños, a los que se unen los de Xavier Rojas, como director, y David Antón, como escenógrafo, no fueran dirigidos a una mejor causa.