FICHA TÉCNICA



Título obra Manos arriba

Autoría Alejandro Jodorowsky

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Alejandro Jodorowsky, Henry West, Roberto Colmenares, Julio Castillo, Valerie Trumblay, Yuby D'mijo, Ricardo Montejano, Juan José Saburit

Notas de elenco Cuarteto nuevo / músicos

Espacios teatrales Teatro Antonio Caso de la OPIC

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Marionetas dementes ”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 23 julio 1967, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Marionetas dementes

Mara Reyes

Teatro Antonio Caso (Tlatelolco). Autor, director y mimo, Alexandro Jodorowsky. Colaboración de Henry West, Roberto Colmenares, Julio Castillo, Valerie Trumblay, Yuby D'mijo, Ricardo Montejano y Juan José Saburit. Músicos: Cuarteto nuevo.

El teatro Tlatelolco del OPIC anunció un nuevo espectáculo: Manos arriba, de Alexandro Jodorowsky. Al aparecer Alexandro en escena, dijo al público que se trataba del ensayo general (a pesar de haberse anunciado en el periódico como función normal) y que el espectáculo había sido preparado en sólo nueve días. Esto me dio la impresión de que Alexandro pensaba que su espectáculo no tenía la perfección deseada y su introducción equivalía a una disculpa.

Tal actitud me extrañó, pues sé con qué minuciosidad trabaja Alexandro sus espectáculos (La sonata de los espectros, de Strindberg, le llevó por lo menos tres meses de ensayos.) Él sabe que el arte no se improvisa (a pesar de realizar “efímeros”) y que el “genio” no es producto de una simple intuición o del talento en bruto, sino también de trabajo organizado. Por eso me desconcierta que comience a confiar excesivamente en su talento y a dejar a la suerte la buena marcha de un espectáculo. Ya sé que como dijo alguna vez Alfonso Reyes “no es posible exigir a los genios que estén siempre a su máxima altura”. Sin embargo, opino que a la gente de talento se le debe exigir más que a nadie.

Después de ver en muchos de nuestros escenarios pantomimas de los alumnos de Alexandro, admirar nuevamente al maestro es una satisfacción. La primera pantomima sobre la “creación de un muñeco” es extraordinaria. Además de su pulcritud en la realización, su máxima cualidad es la de representar de manera a la vez tierna y dramática, el despojo que hace de sí mismo todo hombre que “crea” algo –en este caso, es un muñeco– y que deja en su creación sus propios atributos.

El artista va dejando en cada obra un jirón de su ser. De aquí que cuando los “investigadores” desean conocer íntimamente a un creador, tienen que indagar en su obra íntegra para encontrar aquí y allá, diseminados, fragmentos de su ser. Alexandro consiguió proyectar esa sensación de vacío que se apodera del creador una vez que ha concluido su obra y a la cual, con una palmada en la “espalda”, la deja seguir su propio camino, quedándose en la soledad de su identidad perdida.

Alexandro completa la idea de la creación del muñeco con otra pantomima que sitúa al final del espectáculo: la muerte del muñeco. Hasta ahí, todo es elogio y reconocimiento. Pero lo que tengo que objetar, es que el espectáculo no mantiene esa unidad. Es demasiado disperso, demasiado repetido y con una dosis excesiva de explicación de intenciones y propósitos. Alexandro se ha caracterizado siempre por tener una imaginación inagotable; sin embargo, aquí tuvo que recurrir de nuevo a las pantomimas de manos ya conocidas, y realizadas con menor perfección de como las dio a conocer hace años, recurrió también a ciertos pasajes de La ópera del orden que han perdido su frescura y, sobre todo, que no tenían un “porqué” en el espectáculo. Esa falta de unidad y de razón de ser de diversos pasajes, dio por resultado una representación dispersa, de la cual se entresacan valores aislados, pero sin un valor de cohesión, de conjunción.

No acepto el pretexto de la falta de ensayos. Alexandro no está en posición de disculparse, ¡tiene demasiado talento!