FICHA TÉCNICA



Título obra María Egipciaca

Notas de autoría Miguel Sabido / adaptación

Dirección Miguel Sabido

Elenco María Douglas, Raúl Quijada, Luis Miranda, Manuel Ojeda, Virgilio Leos, Ernesto Spota, Héctor Téllez, Hugo Servet, Alfredo Lara, Rafael Flores, Jesús Calderón

Notas de Música Alejandro Ferretis / supervisión musical

Vestuario Roberto Cirou / diseño de máscaras y de vestido

Espacios teatrales Pinacoteca Virreinal

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. María Egipciaca”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 25 junio 1967, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

María Egipciaca

Mara Reyes

Pinacoteca Virreinal. Adaptación y dirección, Miguel Sabido. Diseños, Roberto Cirou. Supervisión musical, Alejandro Ferretis. Reparto: María Douglas, Raúl Quijada, Luis Miranda, Manuel Ojeda, Virgilio Leos, Ernesto Spota, Héctor Téllez, Hugo Servet, Alfredo Lara, Rafael Flores y Jesús Calderón.

Con el ambicioso proyecto de establecer una compañía de repertorio, Miguel Sabido acaba de estrenar en la Pinacoteca Virreinal, frente a la Alameda, un espectáculo al que ha llamado sencillamente: María Egipciaca.

Hay que agradecer a este joven director, el haber logrado sacar a María Douglas de su retiro. María Douglas la grande, la invicta, la actriz a quien vemos ahora en una María Egipciaca penitente, que sintetiza a Juana santa, a Stella prostituta, a Medea, verdugo de sí misma.

“El arte más cargado de emoción es el religioso –me dijo una vez María Douglas– porque en él está todo el misticismo, todo el amor, toda la pasión y toda la fe...”. Esas palabras explicarían por sí mismas esa entrega total de María actriz, a María personaje, si no supiéramos que ella siempre se entrega al papel que le toca personificar sin ninguna reticencia, porque según ella misma dijera “no hay ningún arte que se pueda hacer sin amor, y el amor es una forma de pasión”. El personaje que ahora interpreta, lo contiene todo; porque la actriz ha sabido dotarlo de ese misticismo, ese amor, esa pasión y esa fe. Porque María Douglas es artista por sobre todas las cosas, de ahí que a la voluntad de penitencia y martirio de la santa, no le dé una simple plasticidad iconográfica, sino el arrebato desgarrador de la dimensión trágica.

Se habían intentado espectáculos que partieran de una selección poética, pero ninguno hasta ahora había tenido la cohesión y la fuerza dramática de éste que conformó Miguel Sabido con poemas de diversos estilos, tiempos y lugares. El poema medieval anónimo del siglo XIII sobre la Vida de Santa María Egipciaca queda incrustado y prolongado con otros de Quevedo, del Arcipreste de Hita, Berceo, López de la Cámara, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Fray Luis de León, Unamuno, Montesinos, Rodrigo de Cota, Blas de Otero, Héctor Azar y Octavio Paz.

El espectáculo recorre el camino doloroso que llevó a María Egipciaca del pecado a la pureza, afrontando tentaciones, soportando desesperanzas, hasta lograr la muerte a manera de perdón.

Cooperan a la realización [p. 6] de este magno espectáculo, Raúl Quijada, Luis Miranda, Manuel Ojeda, Virgilio Leos, Ernesto Spota, Héctor Téllez, Hugo Servet, Alfredo Lara, Rafael Flores y Jesús Calderón como actores, Roberto Cirou con los diseños de las máscaras y del vestido de la santa, vestido que es él solo, todo un decorado escenográfico y Alejandro Ferretis con la supervisión musical.