FICHA TÉCNICA



Título obra Los argonautas

Autoría Sergio Magaña

Dirección José Solé

Elenco Claudio Obregón, Lilia Aragón, Héctor Bonilla, Juan Felipe Preciado, Xavier Ruán, Socorro Avelar, Julia Marichal

Escenografía Antonio López Mancera

Coreografía Guillermina Peñaloza

Música Rocío Sanz y Sergio Magaña / música de los himnos

Notas de Música Sergio Magaña / letra de los himnos

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Notas Xavier Ruán puede ser Javier Ruán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Los argonautas”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 junio 1967, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Los argonautas

Mara Reyes

Teatro Jiménez Rueda. Autor. (De la obra, de la letra y música de los himnos) Sergio Magaña. Dirección, José Solé. Escenografía, Antonio López Mancera. Coreografía, Guillermina Peñaloza. Música, Rocío Sanz. Reparto, Claudio Obregón, Lilia Aragón, Héctor Bonilla, Juan Felipe Preciado, Xavier Ruán, Socorro Avelar, Julia Marichal, etc.

Después de un silencio prolongado, Sergio Magaña presenta su última obra: Los argonautas. Obra que a todas luces es como la otra cara de la medalla que nos mostró en Moctezuma II, o sea la conquista española vista con otro prisma: el de Hernán Cortés y los españoles. No era fácil, para quien trabajó en un tema tan a fondo como él trabajó en Moctezuma II (a la que considero como una de las mejores obras de la dramaturgia mexicana) cambiar de prisma, de tono, de género y de estilo de manera tan radical. No obstante, Sergio Magaña lo consiguió de manera asombrosa.

Los argonautas está tratada con una técnica cercana a la de Brecht, pero su mayor virtud es, a mi juicio, su elasticidad estilística. Quiero decir con esto, que aunque la obra está concebida como una sátira, los cambios de atmósfera a que somete a los personajes dan a cada situación un carácter diferente (ora trágico, ora crítico, ora chusco), y sin que el espectador se sienta conturbado por las variantes de estilo, las acepta y las asimila, gracias a que cada atmósfera creada va conformando los diálogos a la medida de los requerimientos de la problemática planteada. ¡Qué importa que los personajes no correspondan a la representación que de ellos ha imaginado la historia, si concuerdan con una lógica crítica que, aplicada en perspectiva, resulta eficaz estéticamente!

Sergio Magaña no ha hecho una obra basado en historia antigua, más bien podría decirse que se ha servido de la historia antigua para escribir una parábola que le ha brindado la ocasión de extrapolar a las guerras de conquista de nuestra época: así pues, ha escrito una obra de historia moderna, haciendo del personaje español un símbolo de los nuevos invasores, de los modernos saqueadores de riquezas, de los actuales conquistadores de mercados. Es claro que la obra no podía ser una historia cerrada –con un final predeterminado– pues la historia está abierta y no sabemos cómo puedan acabar las actuales guerras de conquista, de manera que el dejar el final suspendido en el aire, era el único final consecuente.

Por su parte, José Solé, advirtiendo con esa sagacidad que le es característica, toda la amplitud del tema, dio cohesión a esa materia, hecha de presente y pasado, que tenía entre las manos y modeló una puesta en escena de gran proyección. Sobrepuso niveles, como quien sobrepone micas de colores diferentes para conseguir otro color distinto, un color que unifica todos los colores. De ahí que las variantes de atmósfera desembocaran todas en una sola atmósfera unitaria. ¡Qué alegría volver a ver la mano de Solé en una obra moderna, que hable nuestro idioma! Pues está bien conocer las obras del pasado –que tanto han absorbido a este director–, pero que si fueron grandes fue por haber hablado el idioma de su época, y nuestra generación, para ser grande, deberá también expresar los conflictos a que se ve sometida, y no sólo contar los conflictos de las generaciones que se fueron. Solé con esta obra –pues consideró al director y al actor tan creadores como el propio autor– se expresa él mismo, y esto le da un mayor relieve como director, que cuando lo vemos dirigir un Macbeth más.

Encabezan el reparto: Claudio Obregón, que se ha colocado ya entre los mejores actores de nuestros escenarios, consigue una creación magnífica de su Hernán Cortés. De Lilia Aragón no se puede hablar sin elogiarla, pues su calidad como actriz se ha hecho patente desde su primera actuación (al menos fue la primera vez que yo la vi en escena) en Tripas de oro. Héctor Bonilla, excelente también en su interpretación de Bernal Díaz del Castillo. Xavier Ruán, Juan Felipe Preciado, Socorro Avelar y en fin ¿qué decir de todos los actores, especialmente cuando por ser aproximadamente una treintena es imposible referirse a cada uno de ellos? Entre todos –autor, director y demás componentes como Rocío Sanz, con ellos– han hecho posible una obra de arte y esto lo dice todo.