FICHA TÉCNICA



Título obra Picnic

Autoría William Inge

Notas de autoría José Hernández Díaz y Dimitrios Sarras / traducción

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Alicia Bonet, Felio Eliel, Rogelio Guerra, María Cristina Ortiz, Dolores Tinoco (Lola), Beatriz Baz, Humberto Enríquez, Queta Lavat, Aurora Alonso, Lucha Palacio, José Alonso

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Picnic”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 mayo 1967, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Picnic

Mara Reyes

Teatro Sullivan. Autor William Inge. Traducción, José Hernández Díaz y Dimitrios Sarrás. Dirección Dimitrios Sarrás. [Escenografía, David Antón]. Reparto: Alicia Bonet, Felio Eliel, Rogelio Guerra, María Cristina Ortiz, Dolores “Lola” Tinoco, Beatriz Baz, Humberto Enríquez, Queta Lavat, Aurora Alonso, Lucha Palacio y José Alonso.

Bajo la firma de José Hernández Díaz se ha iniciado una temporada teatral en el teatro Sullivan, dirigida por Dimitrios Sarrás con la obra Picnic, de William Inge, y se anuncian para un futuro próximo dos estrenos más y una reposición, Afecto natural, también de Inge; La loba, de Giovanni V. y El hombre que hacía llover, de Richard Nash (obra estrenada por Xavier Rojas en el teatro del Granero hace varios años y con José Gálvez al frente del reparto).

Inge, autor de Vuelve mi pequeña Sheba (que estrenó en México José de Jesús Aceves, con Emperatriz Carbajal como protagonista), Oscuridad en lo alto de las escaleras y Parada de autobús (que protagonizó en México Ignacio López Tarso), entre otras, es un autor emparentado con Williams, en cuanto a la temática de la frustración, pero sus personajes viven con una angustia menos patológica, tanto es así que en algunos casos, como en Picnic, dichos personajes pueden llegar a la solución de sus problemas, si bien a través de pasos dolorosos, pero con decisión de esperanza vital para el porvenir.

Inge se cuenta, como la mayoría de los dramaturgos norteamericanos, dentro de la corriente realista que retrata de la manera más precisa los rasgos característicos de una forma de vida de apariencia estandarizada, pero de contenido eminentemente singularizado.

Curiosamente en Picnic encuentro, aunque con grandes diferencias sicológicas y sociales, la misma reacción de la mujer aldeana de García Lorca, frente al hombre que aparece de pronto como un haz de luz para dar color a las cosas.

La belleza de Madge tiene una justificación sólo cuando es advertida por ese hombre, instintivo y salvaje, que llega a arrancarla de su engañosa pasividad, de su aparente tranquilidad. Madge siente al fin que existe cuando despierta como mujer; ya no es una crisálida que sueña con abrir las alas, sino un ser humano que sufre, se desespera, pero que finalmente, siente el amor y sabe que sólo con la entrega total puede cumplirse como mujer.

Ahí, junto a ella, ha visto transcurrir la desesperada y ahogada vida de otra mujer que ha pasado por la vida sin tocarla, la solterona, la cual en un esfuerzo supremo, al analizar la vida de los otros voltea los ojos hacia sí misma y horrorizada de su vacío, decide, tarde, pero no tanto que no tenga remedio, vivir también.

Los personajes de Inge, menos egoístas que los de William, logran su felicidad porque no se complacen en sentirse [p. 6] víctimas: son víctimas, pero capaces todavía de buscar aquello que les permita su salvación.

Dimitrios Sarrás dirige la obra conservando siempre su tono gris, le da toques sentimentales, pero nunca melodramáticos. Y si la acción se desenvuelve con cierta lentitud es porque Inge ha querido que su obra refleje esa lentitud con la que se arrastra la vida en las pequeñas ciudades del sur norteamericano.

Sarrás dotó a cada uno de los personajes de actitudes en exacta correspondencia con su sicología, su carácter y su idiosincrasia; objetaría únicamente el no haber sido más riguroso con la dicción de su actor principal, Rogelio Guerra, quien por otra parte, en el terreno interpretativo realiza un trabajo sumamente encomiable. La otra objeción se refiere a la forma de hablar en extremo “intencionada” de Queta Lavat, que recuerda la antigua escuela española de dar énfasis a los parlamentos, forma que no va de acuerdo con la actuación naturalista de los demás personajes.

Dos jóvenes que son un verdadero hallazgo para el teatro mexicano son Alicia Bonet y María Cristina Ortiz, en los papeles de Madge y Millie, respectivamente. Las transformaciones que sufren sus personajes a lo largo de la obra es realizada por estas dos jóvenes actrices con esmero y adecuación.

Lola Tinoco y Felio Eliel desempeñan sus papeles respectivos con acierto, lo mismo que Beatriz Baz y Humberto Enríquez. La nota amable quedó a cargo de Aurora Alonso y Lucha Palacio, las que cumplen de manera idónea con el trabajo que se les encomendó. En un papel breve pero correctamente realizado, José Alonso completa el reparto.

Eficacísima es la escenografía de David Antón y la traducción de José Hernández Díaz y Dimitrios Sarrás, muy cuidada.