FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Paren el mundo quiero bajarme!

Autoría Leslie Bricusse y Anthony Newley

Notas de autoría Nicole Blanc y Héctor Ortega / traducción; Edmundo Santos / traducción de canciones

Dirección Héctor Ortega

Notas de dirección Mauricio Herrera / asistente de dirección

Elenco Alfonso Arau, Virma González, Cora Flores, Marta Zamora, Lupe Castro, Maricruz Nájera, Teresa González, Lena Osmanchuk, Anabel Phefunchal, Marta Aura

Escenografía Benjamín Villanueva

Coreografía Colombia Moya

Música Leslie Bricusse y Anthony Newley

Notas de Música Mario Patrón / dirección musical; Mauricio Herrera / coros

Vestuario Pedro Coronel / vestuario y utilería

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Notas Anabel Phefunchal es Anabel Phé Funchal

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. ¡Paren el mundo, quiero bajarme!”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 14 mayo 1967, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

¡Paren el mundo, quiero bajarme!

Mara Reyes

Teatro del Bosque. Libreto, música y canciones de Leslie Bricusse y Anthony Newley. Traducción, Nicole Blanc y Héctor Ortega. Dirección, de Héctor Ortega. Asistente de dirección y coros: Mauricio Herrera. Dirección musical, Mario Patrón. Escenografía, Benjamín Villanueva. Vestuario y utilería, Pedro Coronel. Coreografía, Colombia Moya. Reparto: Alfonso Arau, Virma González, Cora Flores, Marta Zamora, Lupe Castro, Maricruz Nájera, Teresa González, Lena Osmanchuk, Anabelle Phé Funchal, Marta Aura, etcétera.

Parece que el no haber concurrido a la función del día del estreno, sino a una posterior, fue una fortuna, pues la comedia ha tomado su ritmo (ya no dura más de tres horas, sino dos y media). La difícil mecánica de la producción se ha sistematizado y los engranajes se mueven con precisión.

La estructura de la comedia es singular y evidentemente pretende ser una síntesis entre el divertimiento, la sátira y la obra de tesis. Así, pues, echa mano de los recursos de la pantomima, el baile, el canto, la acrobacia circense y la palabra.

La dirección escénica, si bien imaginativa, padece de ciertas repeticiones, especialmente en lo que a pantomima se refiere, pues incorpora a su espectáculo lo que ya hemos visto en Alexandry en Marceau (fragmentos del Cazador de mariposas, La jaula de cristal, Nacimiento, adolescencia y muerte y otras). Esto es de sentirse, pues Héctor Ortega tiene la suficiente capacidad para crear nuevos temas pantomímicos, lo que no quiere decir que no deba echar mano de recursos conocidos, pero siempre y cuando sean necesarios al espectáculo. Por ejemplo, no le objeto la incorporación del ejercicio de “subir y bajar escaleras”, pues había una necesidad argumental para que tal ejercicio fuera incluido, no así el hecho de tomar una mariposa y dejarla ir, recurso ocioso que no venía a cuento.

Desde luego también hay hallazgos, como las conversaciones que sostiene Chiquilín con su suegro, cuya voz es representada por un instrumento musical.

Pero indudablemente lo mejor es la actuación de Alfonso Arauy de Virma González. Una pareja que combina la gracia y la simpatía personales con el dominio técnico, ya que ambos, además de excelentes actores y mimos, son buenos bailarines y en el arte del canto, si no deslumbran, sí lo practican con la corrección necesaria a una comedia musical. Su paso por el escenario es siempre un despliegue de fina comicidad.

Si la escenografía de Benjamín Villanueva es espléndida, en cambio el vestuario de Pedro Coronel me parece que sólo fue eficaz en lo que se refiere a los trajes de “Chiquilín”. Ese papel dorado que emplea en el atuendo de las mujeres, lejos de producir buena impresión, acartona las figuras y hace que parezcan torpes sus movimientos.

Un elogio merece Edmundo Santos por la traducción de las canciones que en todo momento dan la impresión de haber sido originalmente escritas en español. También el texto fue magníficamente traducido por Nicole Blanc y el propio Héctor Ortega. La coreografía de Colombia Moya tiene sus aciertos. Podría decirse que al espectáculo entero le faltó madurar; sin embargo, el saldo todavía es muy favorable.