FICHA TÉCNICA



Título obra Las preciosas ridículas

Autoría Jean-Baptiste Poquelin Molière

Dirección Héctor Gómez

Elenco Sergio Bustamante, Rosa María Moreno, Carlos Bracho, Juan Felipe Preciado, Sergio Golarte, Arya Morales, Estela Chacón, Agustín Balvanera, Héctor Rubio, Álvaro Rosales, José María Iglesia, María Eugenia Tomasini, Luisa Fernanda Molina

Escenografía Armando Gómez de Alba

Vestuario José Luis Garduño / diseño

Grupos y compañías Teatro de México

Espacios teatrales Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Las preciosas ridículas”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 abril 1967, p. 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Las preciosas ridículas

Mara Reyes

Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán. Autor, Molière. Dirección, Héctor Gómez. Escenografía, Armando Gómez de Alba. Diseño de vestuario, José Luis Garduño. Reparto: Sergio Bustamante, Rosa María Moreno, Carlos Bracho, Juan Felipe Preciado, Sergio Golarte, Arya Morales, Estela Chacón, Agustín Balvanera, Héctor Rubio, Álvaro Rosales, José María Iglesias, María Eugenia Tomasini y Luisa Fernanda Molina.

Teatro de México presenta ahora en Tepotzotlán, la obra –en un acto– con la que Molière obtuvo su primer éxito: Las preciosas ridículas, en la que hizo una crítica mordaz a las damas snobs que se reunían en los salones de París, a charlar, con un lenguaje prestado de las novelas alambicadas que estaban de moda por aquellos años (entre ellas Artamène y Clélie, de Mademoiselle de Scudery) sobre cuestiones intelectualoides y sobre las últimas intrigas amorosas de la corte.

(Una obra equivalente en nuestros días, sería aquella en la que en lugar de que las damas hablaran de las bellas maneras y los listones en las medias de los caballeros, se dijera de sus largas melenas y sus pantalones “a la italiana”. También en nuestra época se ha establecido un lenguaje convencional, que en lugar de referirse al mar de la Enemistad, al lago de la Indiferencia y al río de la Inclinación (no se trataba evidentemente de regiones de la Luna) se habla de un amor a go-go, de un romance a la Liz y de una caída de ojos muy sexy, o a lo filme de Ingmar Bergman. Otros ingenios sustituyen a aquellos que desean conocer Las preciosas..., de Molière, así pues, en una obra moderna, no faltarían, en las conversaciones de las damas que asisten a los “cocteles”, los snobnmbres [sic] de García Ponce, Monsiváis, Gustavo Sainz y otros ingenios).

En lo que toca a la dirección escénica, Héctor Gómez hace una labor correctísima, si bien en ciertos momentos la comedia desfallece por excesiva lentitud, acentuada por cierta desmemoria de algunos actores que no tenían bien seguros sus parlamentos.

Sergio Bustamante, que ha demostrado sus talentos lo mismo en el drama que en la comedia, desempeña brillantemente su papel; su doble juego de criado disfrazado de marqués, es llevado por Bustamante con esmero, cuidando el matiz de cada frase y sobre todo el tono que corresponde al tratamiento jocoso de la comedia.

La gracia y “ridiculez” –inherentes al personaje– fueron las cualidades que Rosa María Moreno imprimió a su Madelon, manejando las situaciones caricaturescas con acierto y desenvoltura.

Haciendo pareja con ellos Carlos Bracho y Arya Morales interpretan sus respectivos papeles con sobriedad y eficacia. Juan Felipe Preciado, Sergio Golarte y Agustín Balvanera, así como el resto del reparto se mantienen dentro del evidente nivel artístico del espectáculo.

La escenografía de Armando Gómez de Alba es funcional y el vestuario diseñado por José Luis Garduño, sin llegar a la caricatura total, creó un buen marco para la obra.

El espectáculo es bueno, pero corto, el público sale un tanto defraudado, pues después de un viaje –cuya duración sobrepasa a la de la representación– espera que la diversión sea menos breve. ¿Por qué no añadir otra obra en un acto?