FICHA TÉCNICA



Título obra La tormenta

Autoría Aleksander Ostrovski

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Lupe Gamez, Carlos Cobos, Soledad González, Ramiro Gutiérrez, Ángel Chávez

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela de Arte Teatral del INBA

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La tormenta de Aleksander Ostrovski” en El Día, 17 junio 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La tormenta de Aleksander Ostrovski

Malkah Rabell

Se trata de uno de los más famosos dramaturgos rusos, anterior a los Soviets, nacido en 1823 y fallecido en 1886, que los teatros soviéticos adoptaron a su repertorio clásico. La tormenta es su obra más conocida y como es habitual en él se mantiene en los límites de un costumbrismo realista. En su Teatro ruso Marc Slonim opina: "Sus obras (de Ostrovski) traducidas no irradian ninguna atracción para el lector extranjeró, con excepción de La tormenta, difícilmente son adecuadas para un escenario europeo o norteamericano. Desde un punto de vista literario carecen de profundidad sicológica y parecen unidimensionales. Los asuntos son simples, las caracterizaciones resultan estáticas, el desarrollo de la acción rara vez significan para el espectador una sorpresa mayor y algunos de los recursos empleados para reforzar el suspenso lindan con la ingenuidad".

Sin embargo, después de leer o presenciar en el teatro La tormenta el lector o el espectador tienen de repente una idea clara de la vida rusa antes de la Revolución, y sobre todo en el transcurso dei siglo XIX, en las aldeas o en las pequeñas ciudades de la provincia donde la servidumbre no se detenía en los campesinos, en los mujiks, sino que envolvía la propia familia. La esposa era la esclava de la suegra y así mismo de su marido ante quienes estaba obligada a ponerse de rodillas para saludarlos. A pesar de sus fallas, Ostrovski a diferencia de su predecesores, fue un autor dramático muy hábil que conocía su oficio a la perfección y supo apasionar a los más diversos públicos.

Su heroína de La tormenta, Katierina, una joven sensible y poética estupendamente construida, casada con Tijon Ivanovich Kabanov, que no es el único a quien debe obedecer, sino que le debe los mismos honores a su suegra, Marfa Kabanova que la transforma en un objeto sometido a sus caprichos. Marfa Kabanova –que nos recuerda a Fernanda de Alba de Federico García Lorca– es una de esas mujeres que esclavizan a todos en su derredor, especialmente a sus hijos y a su nuera, y hace parte de esa cadena de torturadores familiares, que en Rusia eran designados por el nombre de samodurs. Empujada a la desesperación por el opresivo ambiente familiar, Katierina, en ausencia de su marido tiene una breve aventura amorosa con Boris, un joven llegado de la gran ciudad. Pero la idea de haber "pecado" y haber perdido el alma, la trastorna y casi la lleva a la locura. El final no es sorpresivo y el público ya lo adivina desde las primeras escenas.

Este melodrama presentado actualmente en el teatro Orientación con alumnos de la Escuela de Arte Teatral del INBA y bajo la dirección del maestro Dagoberto Guillaumin quien logra sacarle a sus jóvenes discípulos la mejor demostración interpretativa. Sobre todo logra encontrar para cada personaje al tipo físicamente adaptado para su papel, y por más joven que sea el alumno, encuentra la medida necesaria para transmitir al público la sensación de la edad adecuada. Lupe Gamez en el papel de Marfa Ignatieva Kabanova, uno de los más duros tipos de samodurs de la literatura rusa, pese a su juventud y pese a su ausencia de maquillaje daba la imagen de la rusa de edad madura, pesada en su caminar y en sus actitudes y resultaba convincente. Los mismo se puede decir de Carlos Cobos, que supo sacarle ventajas a sus anchos hombros y su abultado dorso para imponer el realismo en el papel del hijo de la Kabanova, débil y voluble, que ni siquiera se atreve a demostrar amor a su propia mujer. En cuanto a Soledad González, en el papel de Katierina, su tono dramático, su temperamento angustiado y su silueta delgada han sido muy bien adaptados al personaje; resultaba Ramiro Gutiérrez, como Boris Grigorovich, el amante de Katierina, que es siempre considerado por la crítica como un "buen mozo, alegre", puede más bien en la presente versión ser visto como un "tonto gimiente". El personaje ha de ser un joven inconsciente y ligero, pero no un tonto. También el acento que impuso a su personaje de samodurs Ángel Chávez, se me hizo excesivamente desagradable y falto de espontaneidad.

Pese a la pobreza de la escenografía a la modestia del vestuario, la representación –siempre a nivel estudiantil– fue excelente, debido en gran medida a la puesta en escena de Dagoberto Guillaumin.