FICHA TÉCNICA



Título obra Huérfanos

Autoría Lyle Koestler

Dirección José Ceballos

Elenco Miguel Ángel Feriz, Ernesto La Guardia , Wolf Rubinski

Espacios teatrales Teatro Principal

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Huérfanos en otra sala teatral” en El Día, 10 junio 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Huérfanos en otra sala teatral

Malkah Rabell

Me han dicho que se trataba de un melodrama. No es así. Me han dicho que la obra era mala. Tampoco es cierto. O por lo menos no me parece. Esos Huérfanos del norteamericano Lyle Koestler, es más bien una pieza. Es decir, sinónimo del drama moderno, tal como decidieron llamar hace más de medio siglo, los dramaturgos de aquel tiempo al nuevo drama, y que hoy se aplica con poca claridad a obras serias. Pero no es su género lo más importante, sino su calidad. Y José Ceballos no es director para manejar y poner en escena melodramas, sobre todo si son de mala calidad. Y no hay que creer que un melodrama por el hecho de serlo, ha de ser forzosamente malo. Hoy en día, muchos autores consideran que el drama ya no existe, y el teatro serio se divide en melodrama (que suelen llamar comedia dramática) y tragedia.

La obra de Lyle Koestler, que ha cambiado de hogar y del Polyforum Siqueiros ha pasado al teatro Principal –el cual no tiene muy buena fama, por el repertorio que suele presentar–, consiste en tres personajes, y vagamente nos recuerda una obra de Maruxa Vilalta: Nada como el piso 16. También aquí aparece un personaje misterioso que debe ser un multimillonario. Pero en lugar de ser un representante de la maldad, como en la obra de Maruxa Vilalta, en la pieza de Koestler es un especie de hada buena, que protege a los dos huérfanos que han aparecido en su vida, o mejor dicho en la vida de quienes él apareció misteriosamente. Quizá el primer acto es un poco flojo. Pero el segundo, cuando los tres protagonistas ocupan constantemente la escena, adquiere mucho más fuerza e interés.

No sabemos muy bien quien es ese personaje bondadoso y misterioso quien habla constantemente de los niños de una vieja película: El callejón sin salida. Tampoco sabemos quienes son los dos huérfanos. El más pequeño parece un enfermo mental sometido a la brutalidad de su hermano que "oficialmente" es el cuerdo. Pero en realidad ¿quién de los tres es el enfermo psíquico y quien el cuerdo? Cuando el telón se cierra sobre el último episodio, estamos convencidos que los tres personajes han perdido su equilibrio, con la única diferencia de que unos tienen la locura benévola y positiva, en tanto otros la tienen negativa, violenta y brutal. Lo interesante es la manera como el autor presenta al hermano mayor que pese a su brutalidad está celoso del menor cuando lo ve dominado por la bondad de otro.

El joven director José Ceballos ha sabido manejar a sus tres intérpretes con mucha habilidad. Lástima que Wolf Rubinski en el papel del hombre misterioso (no recuerdo los nombres de ninguno de los tres, ya que el espectáculo carece de programas) a menudo pierde la claridad de la dicción y nos quedamos sin comprender algunos de sus parlamentos. Creo que esta falla fácilmente puede remediarse si el director se volviera un poco más exigente y severo, venciendo la timidez de la juventud. Aparte de esa falla parcial, y que sería muy conveniente suprimir porque sus parlamentos son interesantes, el actor veterano, que desde mucho no vemos regularmente en el escenario, tiene todas las virtudes de la presencia física y de la adaptabilidad dramática al personaje.

En cuanto a los dos jóvenes actores, el excelente intérprete Miguel Ángel Feriz como el hermano mayor, y como el menor Ernesto La Guardia, ambos se han mostrado estupendos, Miguel Angel Feriz con su violencia y brutalidad de delincuente nato, al cual le dio un tono de perfecta naturalidad, y Ernesto La Guardia quien es un verdadero descubrimiento y probablemente merecerá la nominación de un premio de revelación. Hay en este muy joven actor, casi un niño –ignoro si ésta es su primera presentación en el foro– una silenciosa dulzura, una naturalidad tanto corporal como oral, que lo hace perfecto en ese complejo personaje de niño martirizado.

En resumen un espectáculo interesante, tanto por la dirección de José Ceballos, como por el texto de Koestler y la interpretación de los tres protagonistas.