FICHA TÉCNICA



Título obra Mi amiga la gorda

Autoría Charles Laureance

Dirección Benny Ibarra

Elenco Benny Ibarra, Gabriel Varela, Alfonso Iturralde, Silvia Pasquel

Escenografía Corzo Duarte

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Mi amiga la gorda, comedia simpática” en El Día, 8 junio 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Mi amiga la gorda, comedia simpática

Malkah Rabell

No es precisamente una comedia extraordinaria. Pero tampoco es mala. Esta comedia de Charles Laureance –probablemente un francés– tiene más simpatía y aciertos que la mayoría de las obras del mismo género, con su tema poco usual, su tono melancólico y su final triste. Sobre todo lo que da a Mi amiga la gorda su éxito de público y creo que de crítica en el teatro República, es la interpretación del personal protagónico por Sylvia Pasquel, excelente y multifacética actriz, que en el papel de esa joven que lucha con sus kilos como si fueran sus enemigos personales, sin lograr el triunfo, hasta llegar a un inesperado final que aúna la melancolía con la esperanza en el futuro.

Los tres papeles masculinos, lo interpretan Benny Ibarra, como el amigo homosexual, que no esconde su condición y más bien se enorgullece de ella; Gabriel Varela como el amigo normal aunque su gran talento sea la cocina, y Alfonso Iturralde, como Tomás, el amigo nuevo que se transforma en el enamorado de Vicky. Desde ya muchos años los productores no sólo en México, sino en el mundo entero, buscan obras con un breve reparto por razones económicas. Ya que montar una obra se vuelve cada vez más problemático para la capacidad comercial de las empresas teatrales sin apoyo oficial. Parece que para Salvador Varela, un productor con gran habilidad para mover y promover su teatro, esta comedia será un éxito desde todos los puntos de vista. Ya que la noche del estreno para público (anterior al estreno para prensa, pero el mismo día), la sala bastante amplia del teatro República, contaba con un lleno casi completo. Y las risas y la alegría de ese auditorio era permanente.

No se sabe muy bien por qué el público nuestro tiene tanta preferencia para los personajes homosexuales que les provocan tanta inexplicable risa. Benny Ibarra, quien desde sus años mozos ha tenido el tiempo de volverse un actor mucho más competente, cayó en la exageración y en la sobre-actuación, que, se puede decir se ha vuelto su defecto en casi todos sus papeles cómicos. Desde luego, no hay nada más difícil que mantener a una altura normal el papel de un personaje poco normal. De todos modos no había ninguna necesidad de ponerse tubos en el cabello, ni usar una bata corta que mostrara las flacas y feas piernas masculinas desnudas. En cambio lograba una naturalidad dramática en ciertas escenas donde surgía su condición humana de hombre destrozado.

En cuanto a los demás personajes masculinos: Jaime, el joven dramaturgo (en la obra), más dotado para la cocina que para los textos teatrales, interpretado por el muy joven actor, Gabriel Varela; y Alfonso Iturralde como Tomás, el enamorado de las gordas, ninguno de los dos hizo una creación especial, pero ambos resultaban muy correctos.

Es la primera vez que asisto a una dirección escénica de Benny Ibarra, en la cual, el joven actor no logra nada del otro mundo, pero hay que admitir que tampoco hay caos o indisciplina en el escenario, y hay escenas muy bien logradas, como la danza de Vicky con sus maestras en el arte de adelgazar. Silvia Pasquel con su personalidad y talento de actriz, cubría todas las fallas. Su dominio del carácter de la gorda Vicky iba desde la cuidada técnica corporal: cada gesto y cada movimiento de ese cuerpo invadido por la grasa era calculado, la intérprete pasaba con maestría de los momentos alegres a la tristeza de la mujer fracasada y obligada a conquistar su lugar en el mundo con un permanente esfuerzo. En medio de una escenografía funcional, debida a Corzo Duarte; rodeada por tres_figuras masculinas que iban desde la destacada temperamentalidad de Benny Ibarra, hasta la tranquila corrección de Gabriel Varela, todavía un poco verde, y la mayor madurez de Alfonso Iturralde, el espectáculo, tal vez con razón, conquistaba al público con su limpieza de lenguaje y su sentimentalidad. Un público que atraído por el anuncio de: apto para toda la familia, llegaba al teatro con niños de poca edad, para los cuales el espectáculo realmente no estaba apto y quienes no dejaban de molestar.