FICHA TÉCNICA



Título obra El pim del pim pam pum

Autoría Eugene Ionesco

Dirección Renato de la Riva

Espacios teatrales Auditorio Jesús S. Herzog

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve Ionesco: El pim del pim pam pum” en El Día, 6 mayo 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve Ionesco: El pim del pim pam pum

Malkah Rabell

En los últimos diez años poquísimas fueron las obras de Eugene Ionesco que subieron al escenario universal. Y muchos se preguntaban: ¿Vive todavía Ionesco? Parecía haber desaparecido. Su majestad real, el hombre, que Ionesco presentó bajo el título: El rey se muere, porque todo hombre es un rey de sí mismo, murió junto con la obra ionesquiana. Este veterano del teatro "del Absurdo" había desaparecido tal vez hace unas dos décadas, cuando el "Teatro del Absurdo" dio sus últimos suspiros. Mucha gente lo había olvidado. De los actores se suele decir: ¡Cuando baja el telón el comediante deja de existir! Lo mismo pasa con el comediógrafo. Y cuando nos anunciaron el estreno de la obra lonesquiana: El pim del pim-pam-pum en el teatro Auditorio Jesús S. Herzog, a muchos nos resultó natural que fuera una obra vieja, de su antiguo repertorio. ¡Y oh, sorpresa!, se trataba de una obra tan viva –aunque tuviera la muerte como la substancia de cada una de sus moléculas– tan nueva como los latidos del corazón del rey, el hombre que resucita.

No sé nada de la historia de este drama que vuelve a hablarnos de la muerte, tema que apasionaba al escritor rumano francés. No se nada de esa tragedia con título bufón: El pim, del pim-pam-pum. Las invitaciones quedaron encabezadas con letras grandes por una frase del texto: "Dios ten piedad de nosotros". Frase que merecía servir como título. Pero no, titular de este modo a una obra suya sería desconocer el sentido del humor del autor de tantas obras tragicómicas, quien se permitía llenar de sillas el escenario, para subrayar las cosas que se multiplican en nuestra civilización que persigue la cosificación: o llama Cantante calva a una obra donde no hay ni cantante ni calva.

El pim del pim-pam-pum es un título digno del antiguo teatro del "Absurdo". Pero sólo el título pertenece a las antiguas jugarretas del hombre que se volvió inmortal en la Casa de los Inmortales: la Academia Francesa. Parece como si Eugene Ionesco tratara de demostrar que él no necesita forzosamente de los "absurdos" al estilo dadaista para sobrevivir. Y he aquí una obra completamente realista, completamente comprensiva, que trata de mostrarnos un mundo de locura que no deja de ser el nuestro aunque situado fuera del tiempo preciso y de un espacio geográfico determinado. El pim del pim-pam-pum nos introduce en un mundo enfermo, dominado por una epidemia que cubre la ciudad donde se produce de cadáveres; una epidemia que no sólo está a punto de acabar con una civilización, sino con una especie, la humana. No sé si esta obra trata realmente de reproducir la imagen de una enfermedad causa de nuestras últimas angustias: el Sida, que amenaza de destrucción a la humanidad. Mas, si esta obra fue escrita con anterioridad a las apariciones de los síntomas de esta enfermedad, de este síndorme de la inmuno deficiencia adquirida, Ionesco es indudablemente un precursor que adivina una realidad. Si en cambio ha tratado de ofrecer una imagen simbólica de este mal ha logrado una tragedia de una increíble fuerza. Una tragedia que da el papel más importante a la muerte entronada, que por su dramaticidad, por su inteligencia y su fuerza filosófica tiene el derecho de compararse con su pieza: El Rinoceronte.

Con un docena de jóvenes actores, que indudablemente son principiantes o aficionados, el director de escena, aún desconocido ante un auditorio mayor: Renato de la Riva, ha logrado una excelente puesta en escena, de mucha intensidad dramática. Cada uno de esos jóvenes comediantes, que en su mayoría son hombres, hacen diversos papeles, hasta algunos de mujeres, no se sabe muy bien si por ausencia de figuras femeninas o por alguna intención especial que el director trata de subrayar. Ignoro los nombres de esa docena de intérpretes, ya que los programas brillaron por su ausencia, o tal vez me olvidé de exigirlos. Mas, en su mayoría se les puede felicitar por el realismo y sentimiento con los cuales dieron vida a sus personajes. Sobre todo en algunas escenas, como la de la cárcel y la de las dos escenas simultáneas, cuando una pareja de dos hombres y una pareja bisexual se despiden del ser querido moribundo en sus brazos. La escenografía es modesta, en cambio la música es bien adaptada a las exigencias del drama. Los tres actos son bastante largos, pero ni en un momento sufrimos de cansancio o de monotonía. Lástima grande que sólo se anunciaban dos representaciones en el Auditorio Herzog. Esperemos que la empresa tendrá la buena intención de volver a montar este Pim del pim-pam-pum algunas veces más, ya sea en el mismo auditorio o en alguna oltra sala. He aquí una pieza que puede transformarse en un triunfo. Ionesco ha vuelto, y lo hizo con su célebre inteligencia. Con una obra sorprendente de realismo.