FICHA TÉCNICA



Título obra La alegría de las tandas

Autoría Enrique Alonso

Dirección Enrique Alonso

Elenco Martha Ofelia Galindo, Blanca Sánchez, María Teresa Monroy, Enrique Alonso

Productores Fernando del Prado

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las 100 funciones de La alegría de las tandas, de Rafael Solana” en El Día, 4 mayo 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las 100 funciones de La alegría de las tandas.

Malkah Rabell

Ya 100 veces ha vuelto el espectáculo de esas nuevas tandas que aúnan el año 1927 al año nuestro, el "año dei cocol" según dice Enrique Alonso, 1987, en una sola unidad, bajo el título de La alegría de las tandas, y el público que en su mayoría ya ve por segunda vez la misma representación, ha vuelto a divertirse con la misma alegría de hace unos tres meses. Y la primera alegría es indudablemente la música en vivo, las voces en vivo, las tiples que cantan con sus propias voces y sin necesidad de aparatos. ¡Y, oh! alegría, ver a un director de orquesta –en carne y hueso–, inclinarse vestido de su smoking negro, ante el auditorio al principio de cada parte, corno lo hace el maestro Emilio Pérez Casas, antes de tomar su batuta y encabezar en la fosa de la orquesta a sus músicos, todos vivos, todos sonrientes y preocupados por sus instrumentos corno si fueran partes de ellos mismos.

¡Política, arte, música, coreografía, folklore! Vemos a las mismas actrices, a los mismos actores, y les encontramos nuevos detalles, nuevas virtudes y también nuevos defectos que pasaron desapercibidos la primera vez, o simplemente aparecieron en una noche de cansancio. Vimos con la misma capacidad a Martha Ofelia Galindo, tanto cómica como característica, tanto juvenil como de dama ya de edad avanzada, con todas sus virtudes como nacidas especialmente para una revista. Aunque a esta actriz que se inició como intérprete universitaria, ya la hemos visto en numerosos géneros. En tanto Blanca Sánchez nos pareció mucho más adaptada al género, más alegre, más ligera en su canto, en su baile, en su comicidad, como si se hubiera desnudado de su carácter de actriz dramática, con una dicción estupenda, como cuando canta su número: "Leche de Burra" y la palabra "Burra" sale y se nos pega con una increíble claridad. Sólo una excelente comediante puede cambiar su manera de ser con tanto convencimiento. En cambio la tiple cómica María Teresa Monroy, que en el estreno me pareció excelente y muy versátil esta vez parecía excesivamente gritona y hasta monótona en sus diversos tipos: una campesina, una prostituta y una dirigente femenista que defendía a las tiples.

Simplemente fue una mala noche. Probablemente un exceso de cansancio.

Entre las figuras masculinas, Enrique Alonso hace derroches de alegría y humor, tanto en el plano de director como de actor. En este último demuestra ser un espléndido cómico. Los chistes políticos, la crítica a la tragicomedia de esta nuestra vida cotidiana; al peso que cae, o la deuda que nos enferma, y todo lo que "está del cocol", como nos lo demuestra Juan el panadero, interpretado por Enrique Alonso, director, autor y primer actor, todo ello nos hace reír hasta el dolor.

Esta vez la alegría fue tal que ni siquiera me molestaron los turísticos folklorismos, adaptados al espíritu revisteril. Esa maravilla que puede ser el folklore en un ballet serio, no puede tener el mismo tono en una revista donde se busca lo cómico y lo ligero, hasta lo ligero de ropa, y el color es más importante que la autenticidad y la interpretación plástica. Los números que me chocaron la vez pasada esta vez me encontraron mucho más comprensiva y condescendiente. En el estreno encontré lo más alegre del espectáculo a los sketches, a las escenas orales. A las 100 representaciones todo me gustó, escenas habladas y escenas cantadas, y las bailadas. Aunque la coreografía seguía siendo la parte más floja, y tal vez el episodio que casi me molestó fue el bailado y cantado por dos mujeres y un bailarín: "Es mi hombre... Es mi hombre". Tal vez el mismo número lo he visto demasiadas veces ejecutado por especialistas de diversas nacionalidades. Sobre todo franceses.

Tanto el más inquieto de nuestros productores, Fernando del Prado, como el más enamorado de nuestro teatro lírico, de nuestras antiguas revistas de principio del siglo, y de los años 20, Enrique Alonso, han tratado de recuperar las glorias del pasado para la revista actual, para esta Alegría de las tandas. Ambos han lanzado todo el poder de una producción lujosa y de un amplio reparto en este programa que reúne dos épocas 1927 y 1987 en una anacrónica evocación que durante dos horas mantiene la risa en los labios de un denso auditorio de invitados en la sala del teatro Lírico.