FICHA TÉCNICA



Título obra Los lunes salchichas

Autoría Rafael Solana

Dirección González Correa

Elenco Alejandra Meyer, Yuyu Varela, Patricia Martínez, Raymundo Capetillo, César Bono, Carlos Ignacio

Escenografía Corzo Duarte

Espacios teatrales Teatro Venustiano Carranza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los lunes salchichas, de Rafael Solana” en El Día, 20 abril 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los lunes salchichas, de Rafael Solana

Malkah Rabell

La comedia de Rafael Solana: Los lunes salchichas no es de las mejores del autor, pero es de las últimas, lo que tiene mucha importancia. No puede compararse con Debiera haber obispas o Pudo haber sucedido en Verona, mas, hace reir de buena gana por esta escritura suya tan límpida que recurre a unas anécdotas poco usadas, como la presente, que ofrece la historia de maridos relegados una vez por semana a nutrirse con salchichas por las esposas apasionadas por la "canasta". El autor hace mofa de las damas de la buena sociedad que abusan de la paciencia de sus cónyuges. ¡Ah! pero cuando la pierden, ¡Cuidado!...

Con una gran economía de medios logra Solana la permanente alegría del espectador. Quizá no sea muy lógico que quienes en el primer acto resultan unos perfectos idiotas, se transformen en el segundo en señores muy atractivos, inteligentes y cultos. Pero, una comedia no exige tanta sabiduría, y lo lógico a menudo le sobra. Con su habitual maestría, el comediógrafo transforma el elemento masculino en seres exigentes, que se declaran en huelga un poco al estilo de Aristófanes en Lisístrata. Mas, en tanto el poeta griego adjudica la huelga a las mujeres que se quedaron en casa en tanto sus maridos peleaban en el campo de batalla, y exigían a los eternamente ausentes que firmen la paz, Rafael Solana impone igual arma a los hombres.

Con seis actores en el escenario, el sentido del humor reina sobre las tablas. Sin gritos ni fraseología desatada, Rafael Solana logra crear una comedia que tiene bastante moralidad. Entre risa y risa el autor introduce una cucharadita de ética femenina y enseña a las mujeres dueñas de casa que las barajas no traen nada bueno ni para los hijos, ni para los maridos, ni siquiera para la propia mujer. Pero en lugar de demostrarlo con aspavientos filosóficos lo demuestra con sentido del humor, y logra las permanentes carcajadas tanto en las escenas de las mujeres como en las de los hombres.

Además para mejor asimilar la risa, el dramaturgo –o si prefieren, e! comediógrafo– no se preocupa mayormente de la lógica. La poesía tampoco tiene lógica. Y esos seis actores, ya con mucha experiencia, se dividen en tres contra tres y ganan la partida a sus esposas sin demasiada dificultad.

Es sobre todo el segundo acto que demuestra una gran disciplina. Unas escenas que podrían fácilmente caer en el caos o en el aburrimiento, o simplemente en la sobreactuación, en cambio ganan al público por su sentido dei humor y de la disciplina, que en lugar de ganar la batalla artística para cada uno de los intérpretes, gana al público por su alegría colectiva, y el auditorio los recibe con una desatada evasión al, final de la obra. Los seis protagonistas: Alejandra Meyer, ya muy dueña del escenario y conocedora de todos los misterios del oficio; Yuyu Varela, que recurre a sus eternas triquiñuelas, para crear a un personaje que resulta siempre el mismo; Patricia Martínez un poco excesivamente gritona, pero muy elegante en el segundo acto; en cuanto a los maridos, a los tres actores, Raymundo Capetillo, César Bono, y Carlos Ignacio son graciosos y logran sacar a sus sendas esposas de las rapaces manos del juego, y a la vez se sacan a sí mismos de una multitud de problemas.

En el marco de una escenografía atractiva, o mejor dicho de dos escenografías agradables: una cocina moderna en el primer acto, y una habitación de familia clase mediera (que no creo que carecen de medios para conseguir a una sirvienta quien cocinara para los "sufridos" maridos los días lunes dedicados al juego de la canasta) escenografías debidas a Corzo Duarte. En tanto la dirección pertenece a González Correa, que me resulta desconocido y aunque la escenografía como asimismo la dirección no sean muy originales, no obstante son agradables.

Obra puesta en escena como homenaje a Rafael Solana, al multifacético autor, dramaturgo, novelista y crítico, que obtuvo hace poco el Premio Nacional de literatura 1986, se ofrece actualmente en el teatro Venustiano Carranza.