FICHA TÉCNICA



Título obra Madre Juana de los Ángeles

Notas de autoría Jaroslaw Iwakiewicz / autor de la novela homónima

Dirección Enrique Pineda

Elenco Miriam Chazapo, Rodolfo Alvarado, Guadalupe Balderas, María Luisa Garza, Ramiro Sotelo

Escenografía Ernesto Bautista

Espacios teatrales Teatro Ibsen

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Madre Juana de los Ángeles, espectáculo interesante” en El Día, 13 abril 1987, p. 13




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Madre Juana de Los Ángeles espectáculo interesante

Malkah Rabell

Hace ya unos años, probablemente más de una década, una película polaca tuvo un inmenso éxito: se trataba de Madre Juana de los Ángeles basada en la novela del mismo nombre de Jaroslaw Iwaskiewicz y resultaba una obra muy sugestiva.

Actualmente la Universidad Veracruzana recurre a la misma novela fácil de adaptar. El mismo tema le ha servido a Aldous Huxley como libro documental, si podemos llamarlo así, Los diablos de Loudin. Pero si la película situaba los hechos en una Polonia al parecer medieval, la obra de Huxley los situaba en Francia en el siglo XVII. Y esa época resultaba muy apropiada para un argumento que habla de la lucha contra el demonio.

Los diablos y los endemoniados abundaban en esa época, llegaban hasta el lecho del Rey Sol, y una de las más famosas amantes de Louis XIV fue acusada de tener comercio con los malos espíritus.

En cuanto a la Madre Juana de los Ángeles que nos presenta la Universidad Veracruzana bajo la dirección de Enrique Pineda, también la sitúan en Polonia, mas la época queda bastante vaga, y aunque en un principio la belleza de las imágenes nos atrapa y nos conquista, a medida que avanza la acción, las imágenes se amontonan con exceso, la acción queda desdibujada y el tema se pierde ante la vorágine plástica.

Tanto la película como la novela y ahora la adaptación teatral nos narran la historia de las monjas de un convento en Loudin, donde éstas quedan poseídas por centenares de diablos. enloquecidas por la furia sexual, y bajo la guía de la madre superiora, Juana de los Ángeles, dispuestas a perder sus almas, con tal de conquistar su derecho a entregarse a los seres humanos masculinos. Cuando empieza la obra, nos enteramos que ha sido condenado a la hoguera uno de los padres exorcistas que se dejó vencer por el demonio. En su lugar la Iglesia envía a un joven padre de nombre Suryn que no logra escapar a los encantos de la Madre Juana, y en aras de su amor entrega su alma a Satanás, carga con todos los pecados de la monja para que ésta quede pura. Lo que no deja de recordarnos el psicoanalisis cuando el paciente entrega todos sus problemas al médico para quedarse libre. Aldous Huxley continúa este relato al presentarnos al padre Suryn encamado durante muchos años, vencido por una paralisis indudablemente de origen nervioso. El padre Suryn, en esta versión teatral, queda vencido por el diablo, y el mal triunfa en su lucha con el bien.

Obra que tiene mucho de místico, Enrique Pineda el director, se ha preocupado especialmente por el espectáculo teatral, y en este sentido se le fue la mano. Algunas imágenes plásticas se le escaparon perdiendo su belleza y sobre todo quitándole su equilibrio dramático, al drama. Por ejemplo, la escena del rabino llegó a la máxima falsedad con su larga capa de muchos metros bajo la cual se escondían tres espíritus. Un rabino, con más razón uno medieval, llevaba el rostro cubierto con una barba, en cambio él de la obra teatral con su rostro lampiño, aunque nos narra una historia de un "Dybuk" que se posesionó del cuerpo de una doncella que amó en vida, no convence. Un parlamento muy interesante fue aquel de la madre Juana cuando desnuda ante el padre Suryn su escondida ambición de ser alguien famoso, de llamar la atención, dispuesta para lograrlo de pasar de una posesa a una santa.

El reparto resultaba muy amplio, lo que sólo puede permitirse una universidad que cuenta con un gran número de candidatos para la interpretación. Miriam Chazapo, en el papel de la Madre Juana quizá resultó demasiado joven, para la figura de una madre superiora. Tampoco poseía la fuerza dramática que esa figura exigía. En cambio, Rodolfo Alvarado, como el Padre Suryn, aun cuando físicamente no daba del todo el tipo del personaje, y le faltó más estatura para imponerse contaba con una voz clara y matizada, y dramáticamente logró la creación de su papel.

Guadalupe Balderas, como un personaje secundario daba la medida. Igualmente lo lograba María Luisa Garza en el papel de la monja Margarita a quien los demonios nunca lograron poseer. En el papel de Wolodkowicz, que tiene bastante importancia y exige mucho temperamento, al joven actor Ramiro Sotelo se le escapaba el personaje al exagerarlo.

Uno de los elementos más sugestivos de la puesta en escena fueron la escenografía y el vestuario, sobre todo el vestuario de las monjas que subrayado por la blancura de los trajes resultaba muy bello y daba a jóvenes intérpretes mucha gracia plástica. La escenografía, igualmente debida a Ernesto Bautista, aunque reducida a una sola área del escenario, era muy sugestivo, con un conjunto de jaulas donde parecían encerradas ya las monjas, ya los habitantes de Loudin.

En cuanto a la dirección que se responsabilizó de lo mucho bueno y de lo bastante negativo de ciertas partes, Enrique Pineda cayó en la falla de repertir ciertos hallazgos de otra de sus puestas en escena, la de Máscaras contra Cabelleras. Más, tanto con sus luces, como con sus sombras, el montaje como la adaptación ofrecía una representación interesante y sugestiva, sobre todo en los inicios del espectáculo.