FICHA TÉCNICA



Título obra Luces de bohemia

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Luis Pasqual

Elenco José María Rodero, Carlos Lucena

Escenografía Fabiá Puigserver

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Eventos Muestra de Teatro Español en México

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Despido de la muestra española: Bodas de sangre” en El Día, 6 abril 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Despido de la muestra española: Luces de Bohemia

Malkah Rabell

Según –parece– opinión mayoritaria, la última obra que cerró la Muestra de Teatro Español en México fue de broche de oro. Creo que las anteriores puestas en escena que los huéspedes españoles ofrecieron no fueron muy del agrado de nuestros teatristas. En cambio, la noche cuando subió al foro la pieza de Ramón del Valle Inclán: Luces de Bohemia, el entusiasmo entre la gente del teatro se desató. Y digo que fue un hecho bastante generalizado, pero no total, porque personalmente y algunas voces aisladas no coincidieron con la mayoría. Me siento bastante abrumada por no pertenecer a la mayoría entusiasta (siempre las minorías sufren de un complejo de culpa). Pienso que algo debe fallar en mi mente. Pero ni modo, hay que ser sincero y admitir la verdad.

Por fortuna puedo razonar mi disgusto. La obra me pareció excesivamente larga, sobre todo el primer acto. Aunque esta falla puede resultar consecuencia de lo anterior. La segunda falla es lo verborreico del texto. Y aquí ya no encuentro excusas. Esta verborrea me parece demasiado gratuita.Por lo general no le temo a las palabras, y éstas a menudo me entusiasman, siempre que me convenzan de su profundidad e inteligencia. No, no estoy de acuerdo con el director Lluis Pasqual, quien afirma en el programa de mano, que: Luces de bohemia es "el gran texto del siglo XX, sin duda". Tal vez sea un gran texto de lectura, pero no para escuchar durante dos horas sentados en un teatro helado.

En cambio, me parece muy interesante la puesta en escena de Luis Pasqual. En primer término el manejo de las luces creaba un ambiente escenográfico lleno de misterio. Tal vez porque el director considera misterioso el texto. O como él mismo dice en el programa de mano: "estamos ensayando y, al mismo tiempo como cada vez, nos preguntamos cómo un público contemporáneo puede recibir ese texto que ha requerido y requiere todo nuestro esfuerzo para descifrar la sonrisa, la ironía la amargura... en definitiva el misterio que hay detrás de cada palabra, de cada gesto sugerido, de cada grito contenido de rabia". Estas palabras confirman una vez más que se trata de un texto para la lectura, cuando lo poco claro se puede leer y releer, una y otra vez. Pero muy difícil para un espectador que ha de perseguir en su mente los parlamentos escénicos. No conozco bastante a España para delimitar hasta la última como cada una de las palabras, o de los parlamentos. De todos modos, la escenografía de Fabiá Puigserver es interesante y bellísima, su misterio nos impresiona, nos sugiere otros mundos, otras sensaciones. Pasamos de una área a otra no sólo con los ojos, sino con todos nuestros sentidos.

Otras de las fuerzas del espectáculo resultaba la interpretación, la actuación de un inmenso reparto. Que tal vez fuera inútil emplear ya que se lo pudo reducir a la mitad. Mas, tampoco se puede olvidar la impresión de extrañeza, de entusiasmo que causó el auditorio esa multitud de actores que para saludar apareció en el foro, al término de la representación.

Recordemos que hace más o menos una década, fue montada la misma obra en México por la Compañía Nacional de Teatro, con un reparto mucho menos amplio y con dos actores nuestros en los papeles protagónicos: Germán Robles, si no mal recuerdo, como Max Estrella, el escritor ciego, y Carlos Ancira como don Latino de Hispalis. Papeles en los cuales ambos obtuvieron premios por la mejor actuación del año. En la puesta en escena del Centro Dramático Nacional de España que nos visita, fue sobre todo excelente José María Rodero en el papel del poeta maldito. Mucho menos me impresionó Carlos Lucena en don Latino, personaje que me pareció algo así como el asistente del "maestro", del poeta más grande de España de su tiempo, el "perro" del escritor ciego, tal como Max Estrella lo llamaba. De los más de treinta actores, a quienes no podernos mencionar por lo numeroso, no todos hablaban con suficiente claridad, pero todos resultaban dueños de un oficio seguro, sólido y mantuvieron a sus personajes a la altura de las exigencias de los papeles.

Al finalizar el espectáculo, el inmenso reparto fue recibido con una desatada ovación, por el público que llenaba el Teatro del Bosque.