FICHA TÉCNICA



Título obra Bodas de sangre

Autoría Federico García Lorca

Notas de autoría Rafael Solana / adaptación

Dirección María Alicia Martínez Medrano

Grupos y compañías Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena

Espacios teatrales Parque de Chapultepec

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Adaptación oxoloteca de Bodas de sangre” en El Día, 1 abril 1987, p. 17




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Adaptación oxoloteca de Bodas de sangre

Malkah Rabell

Esta versión indígena y campesina de Bodas de sangre de García Lorca –a la cual el maestro Rafael Solana augura una larga, larga trayectoria– adaptó como propios todos los rasgos de la pasión española. Rara vez es posible adaptar a México una obra extranjera y obtener tal sensación de verdad, de psicología, de vida y de problemas autóctonos. Y es natural que así sea. El mismo García Lorca decía: "En el mundo. solamente México puede cogerse de la mano con mi país".

Y he aquí que en Tabasco se creó, ya hace algunos años, por acuerdo de la Sra. Julieta Campos de González Pedrero, presidenta del DIF de Tabasco, un Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena. Y la primera obra que pusieron en escena fue la adaptación de Bodas de sangre, en una versión oxoloteca. Y. según apunta la Sra. Julieta Campos: "La puesta de García Lorca superó desde un principio todas las expectativas: la fuerza tempestuosa de su tragedia campesina fue recogida por la gente de Oxolotán que la devolvió en interpretación apasionada".

Por fin tuve la oportunidad de presenciar el espectáculo en el D.F., en la capital, en el parque de Chapultepec, en su tercera sección, bajo el cielo descubierto, que en ese domingo 29 de marzo, se vistió de azul y de sol, como para ayudar al numeroso auditorio a soportar los duros y estrechos asientos. Lo que en la versión del teatro tradicional tenía que ser reducido a un escenario de pocos metros cuadrados, adquirió en esa puesta en escena campesina la grandeza de las extensiones campestres, de los campos y de los bosques. Pero el texto resultaba casi el mismo. No hubo necesidad de introducir muchos cambios en el texto original de esa tragedia lorquiana. Desde luego, la falta de actores experimentados, de temperamento dramático, obligaba a acortar la obra, a suprimir diversas escenas, a reemplazar numerosos parlamentos individuales por escenas colectivas, por danzas, por imágenes campestres, por carreras de jinetes, que daban a la obra un tono cinematográfico.

Si bien en un principio algunas frases eran distintas para introducirnos en el mundo de la vida campesina actual, al mucho de las máquinas capaces de dejar inválidos a sus trabajadores de inmediato la directora, María Alicia Martínez Medrano, volvía al texto lorquiano, que parecía como creado para el alma y el lenguaje que ya también suprimen los teatros profesionales, ya que se antojan trasnochados de tantas lunas y estrellas. En cambio, la aparición de la muerte, que a caballo va atravesando la campiña en lontananza, con su máscara blanca terriblemente sugestiva, resultaba mucho más interesante en la presente representación a nivel estudiantil, casi semi aficionada. que en muchos teatros de actores profesionales.

Uno se extraña: ¿cómo puede haber tanta semejanza entre nuestra población indígena y la lejana España?