FICHA TÉCNICA



Título obra Rompecabezas para Petreck Boll o Ik Dietrich Fon

Autoría Martín Zapata

Dirección Martín Zapata

Elenco Martín Zapata

Notas de elenco NULL

Espacios teatrales Foro La Conchita

Notas La obra también es conocida como Rompecabezas para un actor

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Cuando un actor inventa un idioma” en El Día, 25 febrero 1987, p. 15




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Cuando un actor inventa un idioma

Malkah Rabell

En el presente caso no nos referimos a un lenguaje artístico, sino a un idioma que tal vez Dios olvidó de mencionar en la torre de Babel, y lo volvió a recuperar un joven actor para un monólogo llamado Rompecabezas para Petreck Boll que se presenta en el original Foro de la Conchita, y cuyo título se traduce como: Ik Dietrich Fon. Si alguien lo entiende, favor de presentarse en la redacción del periódico El Día. El nombre del protagonista es mucho más sencillo que el de su protagonizado. Se llama simplemente Martín Zapata.

Me encontré en la salita del Foro Conchita –instalado en una casa particular–, un sábado de tarde para presenciar en realidad una "Aristofánica" de un conjunto independiente conocido bajo el nombre de Punto y Raya. Obra que tuvo que posponerse debido a un accidente sufrido por una de las intérpretes. Hecho que obligó a la compañía a reensayar el espectáculo con una nueva actriz. Mientras tanto en el Foro de la Conchita se presentó un monólogo, o si se prefiere obra en un acto y de un solo actor que duró una hora. Lo original de esta representación fue su idioma, que se debe a la imaginación de su autor-director-intérprete Martín Zapata.

La historia de Petreck Boll –según lo muy poco que logré entender– es la de un trastornado mental en busca de un alma gemela, Sara, con la cual termina por vivir durante 20 años en perfecta armonía, aunque este personaje femenino nunca ha existido. O tal vez esa armonía se debía a su inexistencia. Para explicar semejante caso, el intérprete único pone en boca de una multitud de personajes, alguna que otra frase en castellano.

Hace unos días presencié un espectáculo universitario en el teatro Santa Catarina, que se puede considerar mudo, ya que sólo se trataba de un conjunto de imágenes apenas ligadas por una volátil idea. Numerosos críticos consideraron la obra absolutamente incomprensiva. Pero, hasta ese espectáculo titulado El silencio de la sangre resultaba menos hermético que este Rompecabezas de Petreck Boll. La obra de Santa Catarina por lo menos tenía imágenes para reemplazar la falta de palabras, y con un poco de buena voluntad y otra poca de imaginación se podía adaptar a un tema, a un argumento. Lo que es inexistente en el monólogo de Martín Zapata. Carente de imágenes y de explicaciones verbales en nuestro idioma, este "Rompecabezas" lo es hasta el máximo. Y aunque traté de hacer funcionar mis dotes imaginativas quedó en las brumas y nada entendí.

Posiblemente este joven actor tenga ciertas capacidades dramáticas, es temperamental y algunas de sus escenas logran convencer. Tiene una especial capacidad para inventar un idioma inexistente, que por el sonido parece alemán, pero que no lo es, ni siquiera alguno de sus derivados. Lástima que cuando Martín Zapata trata de hablar en español, tampoco se le entiende, porque domina mal la dicción, o bien termina por bajar mucho el tono y sólo se capta alguna que otra frase, alguna que otra palabra. Tampoco entiendo por qué Petreck Boll empieza por hablar nuestro propio idioma en el principio de la obra, en tanto el dueño de las oficinas donde trabaja es ninguneado, y más tarde los otros personajes de la obra que cambian de lenguaje; son ellos los que hablan en español y Petreck Boll emplea su inventado idioma. En resumidas cuentas, tanto el protagonista, como su historia de hombre enamorado de un fantasma –que según parece existió hace unos lustros cuando se suicidó–, nos resultan incompresivos.

Por otra parte, no hay nada más difícil y a la vez fácil que construir su propio mundo escénico sin contar para ello con la mano firme de un director. No se si Martín Zapata ya es un actor maduro o es un principiante; no se si ya ha trabajado con otros actores en otros montajes. El joven actor da la impresión que no tuvo ayuda alguna al inventar su obra y su dirección. Es más fácil hablar un idioma inexistente cuyas fallas todos ignoran, que un lenguaje conocido con todas sus dificultades escénicas, gramaticales y de dicción. Creo que el joven escritor ha tenido excesivas ambiciones al confiar en su propia capacidad de dominar la escena. Espero volver a verlo en una obra escrita por un autor profesional, con un idioma comprensivo, y con un montaje igualmente debido a un director maduro y profesional, dentro de una compañía donde su labor sea parte de un esfuerzo colectivo. Construir un monólogo debe ser ya al final de muchos años de trabajo bajo la disciplina colectiva que sepa absorber sus capacidades así como sus debilidades.