FICHA TÉCNICA



Título obra La sangre del silencio

Dirección Rocío Carrillo

Elenco Leticia Garza Joa

Notas de elenco NULL

Escenografía Trabajo colectivo

Notas de escenografía Trabajo colectivo / efectos sonoros

Vestuario Trabajo colectivo

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Productores Facultad de Filosofía y Letras

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La sangre del silencio, espectáculo universitario” en El Día, 18 febrero 1987, p. 17




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La sangre del silencio, espectáculo universitario

Malkah Rabell

En el teatro Santa Catarina, reducida salita de más o menos unos 100 asientos, manejada por la UNAM, se ha iniciado una temporada de nuevos directores escénicos universitarios. Temporada que se inicia con la puesta en escena de una extraña "obra": La sangre del silencio cuyo autor no se anuncia, aunque en el programa de mano figuran como diseñadores de la "escenografía, vestuario y efectos sonoros" el grupo, vale decir un trabajo colectivo. Tal vez no se anuncia el dramaturgo porque en realidad no existe. La obra producida por la Facultad de Filosofía y Letras no tiene ni argumento, ni acción, ni texto, ni siquiera una situación. Puede decirse que se trata de un conjunto de imágenes que tampoco tienen un hilo conductor que las una. Con algo de buena voluntad, y otro poco de imaginación se puede aplicarles, a estas imágenes sueltas, un tema personal, que puede tener, o no tener razón de existir. Como por ejemplo: una mujer que después de una larga ausencia, vuelve a su casa abandonada desde muchísimo tiempo, por la cual deambula el espíritu de una antigua víctima de un crimen. A la primera mujer la asaltan los recuerdos; el recuerdo de un hombre, marido o amante, a quien amó apasionadamente y cuyos trajes y ropa aún cuelgan en el armario. Del mismo armario surge el espíritu de la que fue la primera mujer. Y así a continuación podemos ir interpretando según la imaginación de cada quien, de cada espectador, imagen por imagen, cuadro por cuadro.

No se si tal conjunto de imágenes puedan llamarse pantomima. Creo que no. Pero, aunque ausente el parlamento, da la posibilidad al actor novel de aprender a dominar el espacio y el movimiento escénico. No se le puede llamar técnica corporal, pero sí aprendizaje de la evolución y de la forma del mantenimiento en el escenario, que son mucho más difíciles de lo que comunmente se cree. Y por más que tal especie de teatro no me convenza, es menester admitir que crea una atmósfera, un ambiente. La directora de escena, Rocío Carrillo, logra crear una atmósfera de misterio y hasta de terror. En el programa de mano figura una introducción firmada M. Rodríguez que –me imagino– debe servir de hilo conductor, de explicación de ese misterio al cual se enfrenta el espectador. Lamentablemente la lectura de esa introducción sólo sirve para enrevesar aún más al auditorio, que ya de plano nada entiende.

¿Es admisible semejante teatro? Desde luego, si algún productor se empeña en ahuyentar al público nada más válido que tal vanguardismo que hace unas décadas se llamaba antiteatro, o "nuevo teatro". Hasta se me hace que prefiero esta misteriosa incomprensión a un teatro excesivamente explicativo y excesivamente realista. Las tres actrices que interpretan a las tres figuras femeninas, casi mudas, sobre todo Leticia Garza Joa, como la primera mujer, la que vuelve al hogar –¿de dónde? tal vez de la cárcel. Cualquier imaginación es válida– no tiene texto, y no obstante se la siente actuar, dentro de su mudez. Sus gestos lentos, sus pasos que avanzan como contados por el escenario, señalan ya a una actriz. Las otras dos –no se muy bien cuál es la "otra mujer", y cuál la "tercera"– pese a que una de ellas tiene un corto parlamento, se me hace mucho menos dotada para el foro. La musicalización y los efectos sonoros son válidos y atractivos. En cambio, no veo la necesidad de apagar totalmente la luz para subrayar el misterio y el terror. Al contrario, interrumpe la atmósfera de miedo. En general el espectáculo da más la impresión de un ensayo, de una tentativa de comprobar algo nuevo. En una palabra, una experimentación.

Personalmente, puedo decir que no me digustó. Sólo que lo encontré demasiado corto (una hora para un solo acto) para rellenar las necesidades del espectáculo. Parecía más bien el "fragmento" de una representación.