FICHA TÉCNICA



Título obra Examen de maridos

Autoría Juan Ruiz de Alarcón

Notas de autoría Germán Castillo / adaptación

Dirección Germán Castillo

Elenco Martha Verduzco, Marta Aura, Lilia Aragón

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Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Examen de maridos: espectáculo universitario” en El Día, 28 enero 1987, p. 17




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Examen de maridos: espectáculo universitario

Malkah Rabell

Germán Castillo puede ser considerado como el director del año que acaba de fenecer, tiempo en el cual ha dirigido en diversos estilos y en diversos escenarios más de media docena de representaciones. El examen de maridos de Juan Ruiz de Alarcón pertenece aún al repertorio del año pasado, y ha sido estrenado el 14 de noviembre de 1986. La personal manera de crear una puesta en escena de este director es la experimental, pero sin llegar a extravagancias. En esta obra repite con éxito su fórmula, y como rasgo novedoso impone a nueve figuras femeninas doce papeles masculinos y cuatro femeninos. Además recurre a una escenografía contemporánea muy sencilla, aunque usa un vestuario muy fiel a la época y muy bello.

No podrían asegurar si el cambio de sexos de esos doce papeles me agrada o no, pero ese espectáculo en su mayor parte transcurre con agilidad y no poca elegancia, despertando el interés hacia esa complicada trama de una dama de la alta sociedad madrileña dotada de belleza y de bienes materiales, Doña Inés, quien al quedar huérfana decide elegir marido, porque según le sugiere su doncella, con esa su lógica popular: "...una mujer principal –parece en la corte mal– sin padres y sin marido". Y como su padre en lugar de testamento, le deja un enigmatíco pliego que reza: "Antes que te cases... mira lo que haces", la dama decide elegir esposo después de un difícil examen de valores. Examen al que se presenta y se somete todo lo que hay de valioso entre los nobles galanes de la corte de Madrid. Aquí empiezan los enredos dignos del género y del autor. Enredos nada fáciles de desenredar, que sólo poco a poco llega a comprender el auditorio y que terminan dándole como esposo a Doña Inés al hombre que ama, aunque muchos de sus rasgos le disgustan, y a otra dama de la nobleza, Doña Blanca, la casan con el hombre que no ama pero quien satisface sus ambiciones.

A decir verdad no es nada fácil para el público actual compenetrarse con una comedia a caballo entre los siglos XVI y XVII, escrita en versos y en un lenguaje poco familiar para la mayoría. No es fácil aguantarla durante tres actos de casi tres horas de duración. Sobre todo que la intriga se pierde a veces por el lenguaje, y otras veces por la falta de claridad de la dicción de algunas de las actrices del reparto. Por ejemplo, quedamos extrañados que una actriz como Martha Verduzco, conocida como excelente intérprete profesional, en el papel del gracioso Ochavo, falte de pronunciación clara. Tal vez, esta clase de papeles no le sean familiares, y al tratar de dar saltos, brincos, agilidad y vivacidad al personaje, pierda el control de su dicción. En cambio Anna Silvetti, en el papel de Doña Inés hace gala de un decir muy claro y comprensivo.

Igualmente articulan sus parlamentos con transparencia Marta Aura, como el marqués Don Fabrique, y Lilia Aragón como el Conde Carlos, personaje que hasta el final no logré descifrar: ¿qué quería y qué planes perseguía?

A menudo los partidarios de la fidelidad al clasicismo se ofenden, se enojan, se burlan o rechinan de dientes cuando algún director de escena o un autor impone el modernismo a una comedia clásica. Aunque la modernización haga reír a carcajadas al auditorio, sobre todo al juvenil, los adversarios de tales cambios se niegan a admitirlos, y están dispuestos a someter a la Inquisición a sus responsables. Veo y creo cada vez más, que algunas comedias clásicas, ya nacionales ya universales, exigen tales cambios y tales adaptaciones. Y una de las mejores direcciones y adaptaciones de Germán Castillo fue su ingenioso montaje de la comedia molieresca Escuela de mujeres que adaptó a México y a los principios del siglo XX. Esperemos alguna otra adaptación debida al mismo sentido del humor de Germán Castillo.

El examen de maridos lo podemos presenciar en el precioso teatro universitario: el Juan Ruiz de Alarcón. Sala que los domingos se llena pese a la carestía de las entradas.