FICHA TÉCNICA



Título obra Sálvese quien pueda

Autoría Ray Cooney

Notas de autoría Manolo Sánchez Navarro y Enrique Delgado Fresán / traducción y adaptación

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Jorge Ortiz de Pinedo, Gonzalo Correa, José Luis Yaber, Gabriela Goldsmith, Lorena Rivero.

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Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Sálvese quien pueda con Jorge Ortiz de Pinedo” en El Día, 26 enero 1987, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sálvese quien pueda: con Jorge Ortiz de Pinedo

Malkah Rabell

La comedia, o mejor dicho la farsa del comediógrafo inglés, Ray Cooney, está hábilmente construida, con todos los ingredientes habituales del género, con todos los enredos y desenredos, para volverse a enredar. Se puede tal vez asegurar que los enredos son demasiado numerosos, y sobre todo repetitivos. A tal punto que el público termina por perder el hilo del asunto y se cansa de perseguir a Jorge Ortiz de Pinedo en su enrevesada vida de bígamo y mitómano, que no deja de recordarnos la famosa comedia de Juan Ruiz de Alarcón: La verdad sospechosa. Y como el héroe de Sálvese quien pueda es taxista, la comedia podría llamarse La verdad sospechosa en tiempos de taxis.

Lo gracioso –aunque no del todo novedoso, ya que si no mal recuerdo, ya lo presencié en otras comedias igualmente inglesas– es que la doble acción se lleva cabo en un solo decorado, sin paredes de por medio, en una única escenografía que se debe a David Antón. Lo que desde luego, agrega un nuevo enredo para el público, y es un elemento más de los misterios hogareños de la obra.El público ha de preguntarse constantemente: ¿en qué lugar, o mejor dicho, en qué hogar, se encuentra en este instante el protagonista de apellido tan poco original en los países anglosajones como Smith, John Smith? Más, si el apellido y el nombre del personaje son comunes y corrientes, no lo es de ninguna manera la interpretación de la figura protagónica, de Jorge Ortiz de Pinedo, excelente actor de comedia, tal vez el mejor actor de este género que tenemos en México, quien maneja su papel de taxista de doble vida con tal ímpetu, con tal temperamento cómico que nos arrastra en su sinuoso camino de hombre casado con dos mujeres, y nos deja sin aliento, igual que al actor, quien de tanto correr detrás de su propia sombra, pierde la respiración. Sospecho que a veces John Smith, o Jorge Ortíz de Pinedo ya no sabe muy bien quien es Mary Smith y quien Barbara Smith.

La fuerza de la obra de Ray Cooney es la risa. El auditorio del teatro Manolo Fábregas no se cansa de reír, y las ruidosas carcajadas llenan el teatro, sin que el sentido del humor británico tan peculiar sea un impedimento. Probablemente la traducción y la adaptación de Manuel Sánchez Navarro y Enrique Delgado Fresán ayudan a la internacionalización del texto –que triunfó el año pasado en Barcelona–, y nos familiariza con el ambiente. Aunque los dos actores que interpretan a los sendos sargentos de la policía inglesa: el sargento Porterhouse y el sargento Troughton, sobre todo el primero, hacen todo lo posible para imponer a sus papeles la personalidad británica. En este plano triunfa Gonzalo Correa, quien además se muestra buen actor. En tanto la jocosa gordura de José Luis Yaber, como el sargento Trouhton ostenta un carácter más local nuestro.

Como de costumbre el productor y director Manolo Fábregas rodea a su protagonista –figura que en todas sus producciones elige entre lo más brillante y apropiado de la farándula mexicana– de actores poco o nada conocidos. He de admitir que nunca he visto actuar ni a Gabriela Goldsmith –la Mary Smith– ni a Lorena Rivero, como la Barbara Smith. Ambas actrices sin llegar a especiales alturas cumplieron con su cometido. Tampoco he visto actuar en nuestros escenarios a Carlos Ignacio, quien en el papel poco agradable del amigo de Jonh Smith, trata de hacer lo que puede.

La dirección de Manolo Fábregas puso orden en la multitud de enredos, impuso disciplina a todo el conjunto y a toda la accción que podía facilmente perder los frenos, y sacó a su equipo de actores lo mejor de ellos mismos. Tal vez tanto la dirección como la interpretación del protagonista perdieron la oportunidad de imponer a la personalidad de John Smith cierto tono de melancolía, que en el fondo debe ser la suya. Ya en la época cuando Jorge Ortiz de Pinedo pertenecía a la Compañía Nacional de México lo consideré como un gran actor de carácter. Abandonó esa compañía por razones –buenas o malas– que sólo él conoce, excursionando en los últimos años por los más diversos escenarios, Una brillante actuación como la de John Smith demuestra todo lo que puede dar, aunque no cambia lo suficientemente de sus otras interpretaciones. En realidad el espectáculo vale por la actuación de este actor en esta obra que se halla muy lejos de mostrarnos todas las posibilidades del teatro inglés, ya que Sálvese quien pueda es una comedia hábil, pero sin mayores valores intelectuales o dramáticos.