FICHA TÉCNICA



Título obra La maestra milagrosa

Autoría William Gibson

Dirección Rafael Banquels

Elenco Silvia Pasquel, Gustavo Rojo, María Sarfati, Gabriel Varela, Estefanía González

Notas de elenco NULL

Espacios teatrales Teatro Venunstiano Carranza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La maestra milagrosa con Silvia Pasquel” en El Día, 21 enero 1987, p. 17




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La maestra milagrosa con Silvia Pasquel

Malkah Rabell

Muchos tenemos la mala costumbre de despreciar cierta clase de teatro comercial que llamamos "frívolo'", y cuando esta clase de compañías tiene el deseo de mejorar, de recurrir a una obra más seria, a un espectáculo de mejor calidad, no lo tomamos en consideración, no creemos en la sinceridad de sus pretensiones, ni en sus afirmaciones. Me pasó algo parecido con el espectáculo que en la sala Venustiano Carranza ofrece Salvador Varela, y me declaro culpable. ¡Mea Culpa! Pero si no he ido al estreno, también se debe en gran parte porque esta clase de compañías me ignoran y nunca me invitan. Periódicos como El Día no les merecen mayor interés: no son leídos por "Su" público. Hace todavía poquísimos años, cuando una representación de tal índole, de "teatro frívolo" me llamaba la atención, por determinadas razones, que podían ser negativas, compraba las entradas. Actualmente con el aumento vertiginoso de los precios, para un crítico que vive de su trabajo, tal actitud se hace cada vez más problemática. Como asimismo se lo hace al público.

Pues bien, un compañero consiguió las entradas y asistimos a una función de La maestra milagrosa, historia de una niña sordo-muda y ciega, a quien la presencia de una joven maestra surgida de un Instituto dedicado a ayudar a una infancia incapacitada no hace recuperar las funciones auditivas y visuales, como lo podría hacer suponer la palabra milagrosa, sino que le da una nueva esperanza en la vida, un nuevo rumbo para sobrevivir. Y cuál no fue mi sorpresa al hallarme ante la actuación de una gran actriz: Silvia Pasquel, que en el papel protagónico de Annie Sullivan, la "Maestra milagrosa", creaba un carácter. Cierto es que Silvia Pasquel es siempre una excelente intérprete, y en toda clase de papeles logra imponer un sello muy personal. Mas, en el presente caso esculpía a su personaje con base en constantes esfuerzos, de profundizaciones en la manera de ser de la protagonista.

No actuaba sólo desde fuera hasta con sus fuerzas físicas. También se entregaba desde lo más profundo, desde adentro. Fue una creación subjetiva-objetiva. Es la primera vez que veo esta obra del norteamericano William Gibson, y es también la primera actriz a quien enfrentó en dicho papel. No puedo hacer comparaciones, ni tampoco las deseo, ni quiero pensar que tal vez está imitando a alguna predecesora. Silvia Pasquel se muestra excelente actriz y con ello basta.

En realidad, todo el reparto, sin llegar a extremas alturas artísticas, estuvo muy correcto, y hasta algo más que correcto. Aun en un papel tan reducido y pasajero como el de la sirvienta negra, Elia Laboriel cumplía a la perfección con su cometido. Aparte de un actor tan conocido como Gustavo Rojo, quien del capitán Keller, el padre de la criatura enferma, hizo con naturalidad un personaje simpático, también otros actores menos conocidos lograron dar naturalidad y vida a sus diferentes papeles, tales María Sarfati y Gabriel Varela como la madre y el medio hermano respectivamente de la niña sordo-muda y ciega. Pero fue esta última sobre todo quien más llamó la atención. Estefanía González como Hellen Keller, la desdichada menor, logró sin emplear la palabra, crear un tipo de enferma no sólo física sino psíquicamente. Quizá su excesiva gesticulación incoordinada nos recordaba más a una parquinsoniana, o atacada de alguna otra enfermedad del sistema nervioso central, neuro muscular, más que la vista o del oído. El personaje es indudablemente llamativo y Estefanía González ha logrado imponerse. Y si su incoordinada gesticulación no responde del todo al carácter de su enfermedad, tal vez responde mejor al carácter de un ser que nunca se ha encontrado con la visión de la realidad de los movimientos humanos. Nos recuerda a Gaspar Hauser, el héroe de Wasserman, que no sabía hablar porque nunca oyó hablar, ni sabía caminar porque nunca vio cómo lo hombres viven.

Responsable de la puesta de escena, a Rafael Banquels, el veterano director, es tal vez necesario reprocharle una falta de ritmo, una excesiva lentitud, que a veces hacía decaer y "colgarse" la representación.