FICHA TÉCNICA



Título obra Barnum

Autoría Mark Bramble

Dirección Mary Porter Hall

Elenco Héctor Bonilla, Macaria

Notas de elenco NULL

Música Cy Coleman

Espacios teatrales Teatro San Rafael

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Barnum: triunfa Héctor Bonilla” en El Día, 19 enero 1987, p. 15




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Barnum: triunfa Héctor Bonilla

Malkah Rabell

Anuncian el espectáculo como un "Milagro Musical". En efecto, la música de Cy Coleman es muy sugestiva, muy "musical", y aunque no la escuchamos en vivo, sino en una pista grabada, hacer mover los pies y colma de entusiasmo a los oyentes. Mas, no puede decirse igual de la obra de Mark Bramble, que se presenta actualmente en el teatro San Rafael. Casi, casi, podría decirse que no existe texto ni acción dramática, y resulta como un monólogo de la primera figura, Héctor Bonilla, en el papel de Phinea Taylor Barnum, el director de un famoso en su tiempo circo del mismo nombre, que nació en los Estados Unidos por los principios del siglo pasado, y murió al final del mismo. Un monólogo del protagonista rodeado como de un coro de actores secundarios, entre quienes la única que se distingue es Marcaria en el papel de la esposa de Barnum. Tampoco es de mucha relevancia la coreografía, que se halla a cargo del grupo de actores de la compañía, quienes además de actuar, cantan, bailan, hacen ejercicios acrobáticos y hasta se presentan entre el público realizando actos mágicos.

Desde luego, como la arena circense se hallaba en un escenario teatral, no era posible exhibir en semejante sitio a los animales bailarines, magos y todos los demás fantásticos elementos que Barnum paseó en su circo por el mundo entero. La atracción de un circo pertenece al ámbito infantil. Y este espectáculo divertía y entusiasmaba mucho más a un público de niños y adolescentes, dejando bastante indiferente al auditorio adulto. En esta representación se hablaba mucho de las fantasías e ilusiones que supo despertar Barnum en los más diversos públicos. Pero en el teatro San Rafael a quien se exigía mucha fantasía, mucha imaginación es al público. Ya que éste tenía que imaginar tanto el ámbito circense como a toda clase de elementos fantásticos que hacen parte del mundo del circo, ya que resulta imposible hacer visibles en un foro teatral todas las prodigiosas hazañas de las cuales Barnum sólo habla pero que nunca aparecen ante la vista del auditorio.

En este espectáculo lo que más entusiasmó a los espectadores –entre quienes figuraban muchos niños y no pocos adolescentes– fue Héctor Bonilla en el papel de Barnum, que casi no bajaba del escenario y llegó a crear un papel extraordinario. Puso en el personaje tanto ímpetu, tanta entrega total, que a menudo el espectador temía por la salud y hasta por la vida del intérprete que "vivía" su papel. Aunque Héctor Bonilla siempre crea sus protagonistas con todo su temperamento, y nunca trata de ahorrar esfuerzos, en Phineas Taylor Barnum desbordaba de actuación, era cirquero y actor dramático, cantante y bailarían, actuaba en los aires y sobre la tierra. El programa de mano dice del personaje: "Fue periodista, propietario de un periódico, político, publicista, promotor, dueño de museos, empresario y finalmente, junto con Bailey, fue el creador del circo más espectacular del mundo, su desbordada imaginación lo llevó a cometer las más grandes empresas, contando, según él mismo lo afirmaba, que "cada minuto nacía un ingenuo", y él tenía que aprovechar para hacerlo más feliz y venderle una ilusión, un mundo pintado de colores. Barnum fue el más grande vendedor de ilusiones de su época". Con una personalidad semejante, tan multifascética, que lograba montar hasta las mayores alturas, para después no tardar en retroceder hasta lo más bajo, pudo la obra presentar mucho más viveza y fases dramáticas de las que tiene una comedia musical.

Bajo la dirección de una mujer, la norteamericana especialmente invitada a México, para la puesta en escena de Barnum, Mary Porter Hall, la representación tenía un ritmo endiablado que ayudaba mantener vivo la interpretación de Héctor Bonilla.