FICHA TÉCNICA



Título obra Enanos

Autoría Alfonso Pallares

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Sergio Klainer, Carlos Ancira, Lilia Aragón, Narciso Busquets

Espacios teatrales Casa de la Paz, Organismo de Promoción Internacional de Cultura (OPIC)

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Enanos”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 5 marzo 1967, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Enanos

Mara Reyes

Casa de la Paz, OPIC. Autor, Alfonso Pallares. Director, Alexandro Jodorowsky. Reparto: (por orden de aparición) Sergio Klainer, Carlos Ancira, Lilia Aragón y Narciso Busquets.

Sólo con regocijo puede ser recibida la nueva actitud de Alexandro, de poner en escena el joven teatro mexicano. Siempre he creído que la renovación teatral de un país se verifica a través de un acoplamiento de intereses entre autor, director, actor, escenógrafo y público, y que descartar al autor, de una compañía que quiere ser renovadora (quiero decir con descartar, el recurrir a autores de otras latitudes o épocas), da por resultado movimientos incompletos.

La obra escogida por Alexandro Jodorowsky para iniciar esta nueva etapa de su carrera, ha sido Enanos de Alfonso Pallares, autor a quien hay que dar el saludo de bienvenida a la escena mexicana. Hay motivos suficientes para comprender el aval que Alexandro le dio a esta obra de Pallares, aun cuando, en mi opinión dicha obra dista mucho de ser la conquista de una cumbre.

El autor demuestra ser un buen observador de la realidad. Su primer acto, aunque en ocasiones cae en la ingenuidad e incluso en lo obvio, es como un caleidoscopio de momentos observados, de realidades ante las que se rebela con toda legitimidad. En el primer acto, pinta a sus personajes, los descubre al público con malicia dramática, pero en el segundo acto se le desbaratan entre las manos y, perdiendo su dimensión de personajes, quedan como simples expositores de sus ideas de autor.

¿Influencias? Tal vez Sartre, Camus y Dürrenmatt, y esto no es malo, la influencia es uno de tantos estímulos que debe recibir un autor. A Pallares le falta madurar su técnica, algo muy natural puesto que es su primera obra, para que ésta no se le escinda, como ocurre con Enanos, cuyos dos actos parecen de dos diferentes obras. Se me ocurre que podría escribir un segundo acto, en el que resolviera los problemas planteados en el primero, y que escribiera también un primer acto en el que planteara los problemas desarrollados en el segundo. Con ello tendría dos ensayos sobre un mismo tema, uno a nivel individual (los problemas personales de cada uno de los personajes) y otro a nivel social y filosófico (los problemas de una sociedad en relación con la “libertad”, en una civilización basada en la ley del más fuerte). Pues si los dos actos, tal como están escritos no se tocan, es, en mi concepto, porque están planteados a distintos niveles. Los personajes que aparecen en el segundo acto son distintos de los del primero, les interesan otras cosas, les mueven otras ideas, tienen una meta que nada tiene que ver con la meta que se fijaron los personajes del primer acto.

Sin embargo, Alfonso Pallares tiene talento, posee un sentido de observación valedero y una preocupación filosófica que a medida que perfeccione su técnica dramática, adquirirá consistencia y proyección. Pallares posee una de las máximas cualidades de todo dramaturgo: sinceridad. Está convencido de lo que dice y es evidente que tiene necesidad de decirlo porque si no “revienta”; y esa es la condición sine qua non para la obra de arte: tener qué decir. Aprender a decirlo tomará su tiempo –poco o mucho según su dedicación– pero lo primordial es que detrás de ese texto, hay un autor.

Es muy satisfactorio también, que Alexandro haya incorporado a su grupo a dos nuevos valores de nuestra escena (en mi reseña del año teatral de 1966, decía yo que tanto Lilia Aragón, como Sergio Klainer, habían sido una verdadera revelación). Con esta obra queda confirmado que Sergio Klainer es un brillante actor y que Lilia Aragón es una Actriz, con mayúscula, –no me gustan los vaticinios pero si alguno me atreviera a hacer, sería el de pronosticarle a esta actriz una gran carrera).

Si me refiero primero a estos dos actores, no es sino para señalar lo acertado que me pareció su inclusión en el reparto; un reparto en el que habría que mencionar a todos al mismo tiempo, pues todos merecen el primer puesto en los “créditos” que afortunadamente comienzan a abolirse. No es frecuente que dos [p. 6] actores noveles, trabajando junto a dos grandes actores, borren la frontera de experiencia que los separa, sin embargo, en esta obra, no hubo frontera alguna entre ellos. Narciso Busquets y Carlos Ancira hacen un trabajo tan nuevo y sorprendente, como Lilia Aragón yKlainer, lo hacen maduro y equilibrado.

Parece que en eso de dirigir bien, Alexandro es reincidente. Ahora, privando a sus actores de todo recurso ajeno a sus propios elementos (voz, gesto), volvió a demostrar que para ser director no se necesita una gran “producción”. Dos sillas plegadizas, dos banquillos y una mesa. Nada en las paredes, nada en el techo, inclusive los reflectores quedan situados a la vista del público, como para minimizar el recurso de la iluminación... resultado: Una cátedra de dirección y cuatro de actuación, o sea: talento por los cinco costados.