FICHA TÉCNICA



Título obra El marido perfecto

Autoría Adrián Ortega

Notas de autoría Alfonso Torres / adaptación

Dirección Alfonso Torres

Elenco Guillermo Orea, Ada Croner, J. Antonio Brillas, Magda Giner, Lola Beristáin, Jorge Ortiz de Pinedo, Linda Romero, Alfonso Torres

Escenografía Jesús Berrospe

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El marido perfecto”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 febrero 1967, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El marido perfecto

Mara Reyes

Teatro Milán. Autor, Adrián Ortega. Adaptación y dirección, Alfonso Torres. Escenografía, Jesús Berrospe. Reparto: Guillermo Orea, Ada Croner, J. Antonio Brillas, Magda Giner, Lola Beristáin, Jorge Ortiz de Pinedo, Linda Romero y Alfonso Torres.

El marido perfecto pertenece a ese tipo de comedias de enredo totalmente artificial, escritas sin ningún rigor técnico y con un diálogo pobre; pero que a pesar de todo eso, logran regocijar a un determinado público, público poco exigente que se contenta sólo con ver, parodiadas en escena, ciertas situaciones de la vida conyugal.

En la comedia de Adrián Ortega, el nudo del conflicto es creado artificialmente, pero más artificiosa todavía es la forma de resolverlo. Cuando los personajes, hablan en escena, complican todo, y mientras más hablan más enredan las cosas, pero bastan dos minutos de permanencia fuera de escena, para que al volver a ella, hayan tenido lugar todas las explicaciones posibles y el nudo se desenrede como por arte de magia.

La anécdota es tan pobre que no alcanza a llenar dos horas de espectáculo, así que, los pobres actores se pasan escenas completas repitiendo lo mismo en distintos y variados tonos, como para que el público no se aburra. Antonio Brillas, al principio del segundo acto, se ve obligado por el texto, a pedir explicaciones, por lo menos diez veces, de lo que sucedió entre Plácido y Dorothy durante la noche que transcurre entre un acto y el otro, haciendo esfuerzos inauditos para darle un poco de “chispa” a su papel. Guillermo Orea se dedica a exprimir su vis cómica para obtener la “gloriosa” risa del público y Ada Croner se refugia en los gustos grotescos de su personaje de Dorothy, para lucir sus dotes histriónicas. Y si el público goza con la comedia, ello se debe casi exclusivamente –en mi opinión– a estos actores que con unos cuantos alfileres que les dio el autor, confeccionaron su espectáculo.

Tampoco se ve en la puesta en escena la mano experimentada de un buen director; el ritmo de la comedia se cuelga en muchas escenas; por otra parte, Alfonso Torres pensó que sería un buen atractivo para el público masculino el que saliera una muchacha en traje de baño, así que, sin venir a cuento, hace que la camarera del hotel salga en bikini. Está bien que se piense en la taquilla cuando se monta un espectáculo, pero entonces, si quería sacar muchachas en bikini, bien podía haber buscado otra obra, en la que tal recurso no estuviera tan fuera de lugar (por más que en la adaptación (?) (también de Alfonso Torres) se haya situado la anécdota en un balneario de México).