FICHA TÉCNICA



Título obra ¿...Y seguir viviendo

Autoría Peter Nichols

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Javier Mark, Rosa María Moreno,Morris Gilbert, María Sarfati, Tania Felejero, Julieta Bracho

Notas de elenco NULL

Escenografía Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ¿...Y seguir viviendo? problema de la eutanasia” en El Día, 20 agosto 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

¿...Y seguir viviendo?, problema de la eutanasia

Malkah Rabell

El drama del norteamericano Peter Nichols, que se presenta actualmente en el teatro Reforma ¿...Y seguir viviendo? se inicia de una manera bastante desagradable: Bob, el personaje central, se halla tan decidido a decir chistes y hacerse el payaso que resulta insoportable (para el público). Tampoco resulta muy agradable el constante intercambio de dialogos entre los protagonistas y los espectadores; protagonistas que están contando con excesiva frecuencia sus problemas y sus opiniones al público, directamente, como si no existiera una cuarta pared imaginaria. Tal vez tal estilo responda al deseo de ciertos teatristas de crear el máximo contacto entre auditorio y escena. Mas, poco a poco, al introducirse más a lo hondo en el contenido de la obra, nos damos cuenta que Bob hace el payaso para escapar de una tragedia familiar, la más terrible de las tragedias: la de dar vida a un hijo anormal, a un niño vegetal, tal como el médico, sin consideraciones, se lo dice a la madre. Y entonces la obra de una "comedia dramática" –como suele llamarse en nuestro en nuestros días a tal género, que mezcla el drama con la comedia, el humor con la seriedad–, se va transformando en una desgarradora tragedia que coloca en primer término la interrogante: ¿vale la pena seguir viviendo cuando la vida es un martirio para uno mismo y para los familiares más cercanos? Más aún, ¿hay derecho a obligar a la vida a un ser de carne y hueso, pero sin reacciones anímicas ni corporales, y que sólo aporta la desesperación más completa a sus padres? ¿o es menester darle una muerte piadosa, la eutanasia?

El director Rafael López Miarnau, que ya en otra de sus puestas en escena, la de Mi vida es mi vida hubo de enfrentarse al problema de la libertad de suicidio, en esa obra que fue una de las más controvertidas del teatro en México durante varias temporadas, también en la presente dirección logra subrayar con un sentido de gran fuerza dramática el problema que enfrenta la pareja de Bob y Sheila, así como dar a todo el espectáculo un ritmo, una intensidad de actuación, una constante animación y un permanente interés que hace a veces reír y otras veces llorar, pero que mantiene al espectador inmovilizado en su butaca durante todo el transcurso de la obra.

En cuanto a la intervención del reparto, sobre todo la de la figura central, la de Bob permanece inolvidable, y Javier Mark logra pasar de la comicidad más desatada a la más desgarradora dramaticidad. Es el maestrito insignificante que acepta cualquier trabajo en cualquier escuela para mantener el hogar donde reina una falsa alegría de dos cónyuges que tratan de autoengañarse y de engañarse mutuamente acerca de su destrucción íntima. En el personaje de Bob, Javier Mark pasa constantemente de una caracterización a otra en sus numerosas imitaciones de diversos personajes que no vemos en el escenario pero que han intervenido en su vida. Salta de una caracterización a otra, pero es al final, cuando es el Bob al desnudo en toda su trágica verdad, cuando más actor, más intérprete trágico se muestra, y su última silenciosa desaparición del escenario desgarra al espectador.

La especial actuación de Rosa María Moreno, la madre del marido, la perfecta suegra que nada entiende al problema de su nuera y nada hace para aligerarlo, la excelente y fina actriz de siempre, es encantadora en este papel que le va como un guante y le permite acaparar parte del segundo acto.

Igualmente excelente y natural en su difícil interpretación de la esposa y madre de la niña anormal, es Julieta Bracho, que aporta a su protagonista una dicción clara y una muy matizada creación del personaje. En otros papeles, tales como los amigos del matrimonio, Morris Gilbert y María Sarfati, así como la Tania Felejero, son todos muy correctos y muy disciplinados, sometidos con toda voluntad a la dirección de Rafael López Miarnau.