FICHA TÉCNICA



Título obra La extraña tarde del Dr. Burke

Autoría Ladislav Smocek

Dirección José Enrique Gorlero

Elenco Bruno Bert, Sonia Páramo, Mario Lugo, David Beuchot

Notas de elenco NULL

Grupos y compañías Grupo teatral Ítaca

Espacios teatrales Teatro la Facultad de Arquitectura

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La extraña tarde del Dr. Burke por el grupo teatral Itaca” en El Día, 17 diciembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La extraña tarde del Dr. Burke: por el grupo teatral Ítaca

Malkah Rabell

Lamento saber muy poco del teatro checoslovaco e ignoro cuales son los rasgos preponderantes de su dramaturgia tradicional. Asistiendo a la representación de la obra: La extraña tarde del Dr.Burke, del autor de dicha nacionalidad, Ladislav Smocek, imagino que el repertorio checo se inclina por lo grotesco, ya que esta extraña farsa de la extraña tarde del sabio y algo trastornado Dr. Burke, lleva a sus protagonistas y a su argumento más allá del "Teatro del Absurdo" y los deja en el umbral de lo caricaturesco, de lo que hace una década fue la vanguardia en el teatro occidental. El joven director, José Enrique Gorlero, del grupo teatral Ítaca, manejó a sus actores sobre todo en el campo de la técnica corporal, y todo el espectáculo se tornó no tanto una farsa negra –como lo pretende y lo llama el autor– sino a veces blanca, y a menudo hasta rosa, con una propensión hacia la tragicomedia o simplemente hacia la comedia.

Con un primer acto bastante monótono, donde nada sucede en la triste, desmantelada y hasta miserable habitación del Dr. Burke, pasamos al segundo acto, donde tal vez suceden excesivas cosas, casi tantas como en las comedias de los cómicos del cine mudo con el cual tiene cierta semejanza. Sucesos que desde luego no contaremos para mantener el misterio de esta obra que en un momento dado casi se torna policial. Todos esos sucesos nos demuestran sobre todo que el Dr. Burke no sólo es un personaje algo demente, sino trágico, con todo lo trágico de la soledad que acarrea la vejez; los recuerdos del pasado tan vacío como el presente, y un futuro que se esfuma para siempre. El drama de un techo que a un anciano lleno de sabiduría y de locura se trata de quitar, dejándolo desprovisto de su último refugio.

La tragicomedia del Dr. Burke no deja de despertar en nosotros una interrogante: ¿qué resulta más difícil de manejar, el realismo o lo grotesco; la comedia o el drama?, y ante la labor de José Enrique Gorlero, con su multitud de extravagantes detalles, que seguramente en una sala calentada por una abundancia de público no dejará de provocar constantes carcajadas, pensamos que tal puesta en escena implica un colosal esfuerzo, y un no menos colosal logro.

El montaje de Gorlero tuvo la ventaja de contar con la actuación de un gran actor: Bruno Bert, quien por lo general es el director de las puestas escénicas del grupo teatral Ítaca –que no son siglas, sino el nombre de una isla–. Bruno Bert en el papel del Dr. Burke, dominaba los dos campos: el de la dicción perfecta, y el de la técnica corporal; el del drama y el de la comedia, logrando una unión entre ambos géneros que despertaba a ratos la carcajada con una íntima lágrima. Y esta farsa debida a un país que se destaca por su labor en el área de los muñecos, parecía tener en Bruno Bert a un muñeco vivo.

Igualmente estupenda fue la actuación de Sonia Páramo en el papel de Outiejova, la vieja dueña de casa donde vive Burke. También ella con una dicción muy clara, muy dotada de matices, pero mucho menos entregada al juego corporal, menos grotesca y más natural.

El tercero en ese excelente trío artístico, fue Mario Lugo, en el papel de Tijy, alumno, admirador o amigo del Dr. Burke. Lugo parecía totalmente un muñeco, que corre, brinca, se mueve con pasmosa rapidez, como desatado por un especial mecanismo. En cambio en el papel de Wenceslao Wenceslao, el novio de la tonta hija de la dueña de la casa, David Beuchot, aunque domina la técnica corporal, le faltó claridad de dicción.

La escenografía, debida a Arturo Nava, aún poco conocido en el mundillo teatral, quien supo dominar ese inmenso escenario del teatro de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, y en una mínima parte de su área construyó una pobre habitación que imponía el reflejo gris de la tristeza sin recurrir a ninguna exageración.

El grupo teatral que lleva el poético nombre de una isla, Ítaca, debida a la clásica literatura griega, se presenta en dos campos de labores: en las calles, y en los escenarios de salas cerradas. En ambas áreas ha logrado imponerse artísticamente y conquistar un especial renombre por su originalidad y por su entrega.