FICHA TÉCNICA



Título obra La tandas de Tlancualejo

Autoría Ignacio Merino Lanzilotti

Dirección Ignacio Merino Lanzilotti

Notas de elenco NULL

Escenografía Félida Medina

Coreografía Rodolfo Reyes

Música Hesiquio Ramos

Espacios teatrales Carpa Geodésica

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las tandas de Tlancualejo” en El Día, 8 diciembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las tandas de Tlancualejo

Malkah Rabell

Después de diez años vuelve a la misma Carpa Geodésica, donde se estrenó un espectáculo llamado: Tandas del Tlancualejo, que en aquella su primera aparición tuvo un enorme éxito.Se puede decir con cierto viso de realismo, que en la actual oportunidad el éxito no se repite. ¿Por qué? Interrogante bastante compleja. Tal vez porque hace una década o algo más, la dramaturgia mexicana había desaparecido, y el género chico al cual más se parecían esas "tandas", llevaba en su parte formal una buena dosis de nostalgia por los juegos de carpa. Hoy la situación ha cambiado: quien desea asistir a la representación de un drama o de una comedia nacionales, tan sólo tiene que abrir un periódico y buscar entre el maremágnum de la cartelera el nombre de un autor, de un dramaturgo mexicano. El presente espectáculo de la "Carpa Geodésica", con sus danzas, cantos, brincos, saltos acrobáticos y maromas, de los cuales poco se entiende y aún menos se goza, no tienen la fuerza necesaria para atraer al público ni para conservar su atención. Y si a ello se agrega el frío que existe en esa amplia sala rodeada de paredes de lona, por donde penetra el inhóspito viento, que hace temblar hasta a los espectadores más jóvenes, se tiene una idea del ambiente que reina durante estas cuatro Tandas del Tlancualejo.

Bajo la dirección y con el texto del mismo autor-director de hace diez años: Lanzilotti, aunque ambos permanecen iguales o con pocos cambios, sin embargo, se me hacen muy distintos. Por de pronto el texto resulta casi incomprensible. Quizá porque los actores adolecen de una malísima dicción, ahondada por su permanente esfuerzo físico impuesto por la constante acrobacia, por tanto brinco y maroma, por lo general innecesarios. Las cuatro Tandas de las que consta el espectáculo ostentan sendos títulos muy sugestivos, pero absolutamente ajenos a nuestra comprensión: Tandas de Aire (La Conquista); Tandas de Agua (La Contaminación); Tandas de Tierra (La natalidad); y Tandas de Fuego (La Revolución).

Es extraño, según recuerdo y si mi memoria no me engaña, las distintas escenas de hace una década fueron para mí perfectamente comprensibles. ¿Por qué? Tal vez porque los jóvenes actores de aquella época gozaban de mejor pronunciación, o simplemente se hallaban menos cansados, menos agotados físicamente por tanta permanente danza debida a Rodolfo Reyes. Cierto, que tales danzas crean un ambiente de alegría, de acción, de movimiento, que los actores, sin ser bailarines profesionales logran ejecutar con todo su temperamento y entusiasmo. Pero todo ello se hace a cuenta del texto, cuya claridad se va perdiendo. Si alguien busca un espectáculo dancístico sin preocuparse mayormente de los parlamentos ni del tema de la obra, estará muy a sus anchas durante la representación de esas cuatro tandas, que a veces recurren a unas imágenes muy expresivas, como la de Cristo, al cual no sé cómo llamar, pero que se me hace un precioso Cristo expresionista, que además cierra el espectáculo.

Otro elemento muy atractivo es la música, muy melodiosa, de Hesiquio Ramos. Lástima que el canto no sea en vivo (lo que sería imposible con tanto bailable y tanta acrobacia) y los play-backs nos dejan oír a menudo dos voces a la vez, una en el escenario y la otra, como un eco entre bambalinas. Y así, dos elementos que debían ser la principal fuerza de este espectáculo al estilo carpa, chocan entre sí. Por una parte la danza y la acrobacia que le cortan el aliento al intérprete e impiden la claridad de su pronunciación; y el canto que usa el play-back, con todos sus posibles defectos. Otro defecto al cual no es posible escapar, es la lluvia de groserías en el texto y en la puesta en escena que no deja de molestar, y es lo único que se oye con perfecta claridad.

En cambio un elemento positivo es la escenografía de Félida Medina, compuesta por elementos intercambiables que ya forman mesas, ya se transforman en escaleras; ya permanecen estáticas, ya se desplazan de un rincón a otro. Tal vez le faltan algo más de colorido y se pierden sobre el fondo gris-blancuzco de las lonas de la carpa. Mas, tampoco se puede exigir mucho más colorido por lo abigarrado de la vestimenta, sobre todo la que cubren las figuras femeninas con mallas de diversos colores.

Y así salimos de la Carpa Geodésica muy helados, pero canturreando la bella música de Hesiquio Ramos.