FICHA TÉCNICA



Título obra La casa de Bernarda Alba

Autoría Federico García Lorca

Dirección José Solé

Elenco Nati Mistral, Blanca Torres, Magda Karina, Bárbara Córcega, Mónica Serna

Notas de elenco NULL

Grupos y compañías Compañía Nacional De Teatro del INBA

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. la casa de Bernarda Alba, en la Compañía Nacional” en El Día, 1 diciembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La casa de Bernarda Alba, en la Compañía Nacional

Malkah Rabell

Es bien sabido que las obras de Federico García Lorca se distinguían por sus búsquedas vanguardistas, muy audaces para su tiempo. Pese a ello, la puesta en escena de José Solé con la Compañía Nacional del INBA, pertenece a la línea del realismo "duro". Tal vez porque actualmente la vanguardia busca un realismo fotográfico, el "realismo real", y hasta la dirección enmarca la obra en los rasgos stanislavskianos. Como Chéjov, también Lorca tiene su "croar de ranas" y su canto de grillos; su ladrar de perros y su eco de los cascos caballunos. Elementos de los cuales se cansó Chéjov, y probablemente se hubiera cansado muy pronto Lorca. Mas, para el público actual ya otra vez resulta novedoso. Además, esta última obra de García Lorca: La casa de Bernarda Alba, escrita en 1936, es la que más se presta para un montaje realista, ya que su lenguaje pertenece mucho más a un mundo natural, sin las intervenciones de la luna ni de los verdores imaginativos. Esta tragedia campesina refleja la vida en las aldeas españolas, tal como fue en la época del poeta, con su asfixiante moral, y su ascetismo sexual, que podrían enloquecer a cualquier doncella temperamental y ávida de libertad y de alegría amorosa. Es extraño cómo la aldeana española viste de negro, en tanto la mayoría de las campesinas del mundo entero usan vestimenta abigarrada. Una obra como La casa de Bernarda Alba va mucho más allá de su época, y hasta explica por qué fue precisamente en España donde creció hasta lo monstruoso la Inquisición. O tal vez mejor se explica una obra como Bernarda Alba por las lejanas raíces que tiene en la Inquisición, en la influencia que ésta aún ejerce sobre ciertas generaciones del presente.

Tipo inquisitorial es indudablemente Bernarda Alba, dueña suprema de su casa y carcelaria de sus cinco hijas. En el papel de Bernarda, Nati Mistral se sometió a la disciplina colectiva con toda su voluntad, y bajo la dirección de José Sole demostró ser no sólo una figura estelar, sino una excelente actriz dramática, y hasta una intérprete de carácter. Algunos sabelotodo aseguraban que sobreactuaba. Lo que no me parece. El papel es exagerado en su original y cuesta no pocos esfuerzos mantenerlo en el marco de lo creíble. Nati Mistral fue la madre desalmada. Se mantuvo en los límites del personaje sin abandonarlos. Un personaje que no posee ni una pizca de suavidad femenina, de bondad instintiva. Es menester permanecer de una sola pieza todo el tiempo para no falsearlo. Algunos directores han elegido a un actor para interpretar a esta mujer mucho más dura que una infinidad de hombres. La Sra. Mistral no fue sobreactuada. Fue el personaje que exigía el texto.

El auténtico papel de la obra que conquista los aplausos es Poncia, la vieja criada. Un personaje mucho más fácil de crear, porque actúa por sí mismo. Blanca Torres no fue una sorpresa. Todo el mundo esperaba de ella una interpretación sorprendente. Lo que tal vez no fue el caso. La óptima actriz de siempre no fue más allá de las posibilidades que ofrece el personaje. La que no dio en cambio lo que el personaje exige: belleza y sensualidad, fue Magda Karina ajena al tipo de la hija menor, Adela, una joven sexualmente desatada. El papel de Adela me parece mucho más adecuado para Bárbara Córcega, más actriz. En cambio, esta joven comediante realizó una estupenda actuación en la hija fea y deformada, Martirio. En el papel de Angustias, la hija mayor que despierta los celos de sus hermanas por haber encontrado a un pretendiente para el casorio, Mónica Serna fue muy correcta.

Quizá la última escena resultó algo sosa para las necesidades de un último telón. Pero todo el resto del espectáculo fue de una gran calidad dramática y mantuvo al público en suspenso desde el principio hasta el final, con su tono realista que logró subrayar cada detalle, corno la presencia de la madre anciana, o de, una mendiga con un niño, elementos que por lo general los directores suprimen por considerarlos de poca importancia, y que sin embargo daban a la representación su nueva pizca de sal y su nueva pizca de miel.