FICHA TÉCNICA



Título obra Álbum de María Ignacia

Autoría Emilio Carballido

Dirección José Solé

Elenco Kitty de Hoyos, Felio Eliel, Chela Nájera

Notas de elenco NULL

Escenografía David Antón

Música Luis Rivero

Vestuario David Antón

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Productores ISSSTESERVICIO e ISSSTECULTURA

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Álbum de María Ignacia de Emilio Carballido” en El Día, 24 noviembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Álbum de María Ignacia, de Emilio Carballido

Malkah Rabell

La María Ignacia de quien trata la comedieta de Emilio Carballido es mejor conocida como la Güera Rodríguez, y es ella la protagonista de este album que hojea el autor un poco jugando. Y al lado de ella hasta los personajes históricos importantes, a menudo trágicos, resultan difíciles de tomar en serio. ¿Será que así se escribe la historia? y a veces se introducen en ella protagonistas que más bien pertenecen a otro género. Tal vez Ignacia Rodríguez podría resultar un sujeto de interés para un psicoanalista y aun para un sociólogo que pondría bajo su microscopio a la sociedad mexicana de fines del siglo XVIII y principio del XIX, cuando la gazmoñería estaba a la orden del día, y las mujeres tenían unos intereses muy reducidos en la vida social fuera de la familia. Y de pronto en medio de tanta falta de horizonte femenino aparece una muchacha bonita y audaz, sobre todo de conducta muy liberal que deja deslumbrados a los hombres que la rodean, ya que los hombres son mucho más fáciles de conquistar de lo que se cree. Y Emilo Carballido ha sabido jugar con figuras tan serias como el Padre Hidalgo y Alexander Humboldt que fueron como la cera entre los dedos hábiles y audaces de una mujercita digna de una Corte de Madame de Pompadour. No creo que el Padre Hidalgo, aunque no fuera un genio militar, necesitaba de los consejos estratégicos de una Güera Rodríguez, El autor, Emilio Carballido, sin ponerse los anteojos de un psicólogo ni de un sociólogo, jugó con todo el mundo y logró un gracioso juguete, en el cual algunos personajes dicen cosas muy de acuerdo con sus raíces.

Papel interpretado por Kitty de Hoyos, la protagonista -en realidad única figura importante de este álbum-, logró darnos una visión muy graciosa del personaje hasta a veces deliciosa, sobre todo cuando es todavía una adolescente y usa la cómica ropa de la época con pantalones que emergen de las enaguas. Sólo una actriz encantadora puede dar encanto a cualquier disfraz. Kitty de Hoyos pasaba de una época a otra de la vida del personaje con una auténtica madurez histriónica, graciosa primero y coqueta después.

Y nos convence -como lo hizo en otras apariciones escénicas- de que es una óptima actriz de teatro. En torno de ella, varios valiosos intérpretes, como Felio Eliel y Chela Nájera, sólo pudieron dar brincos de un personaje a otro que apenas lograban diferenciarse. El excelente actor, de interesante rostro, Felio Eliel, interpretó a toda una gama de personajes fugitivos, desde Alejandro Humboldt hasta Artemio del Valle Arizpe, con una rapidez que apenas le permitía esconder los rasgos personales bajo diferentes pelucas. En cuanto a Chela Nájera, igualmente excelente comediante, no lograba diferenciarse entre uno y otra figura, hasta a veces confundíamos a la nana de la Güera cori Ana María de Iturbide.

El director de escena, José Solé subrayó el tono juguetón de la comedia al emplear diversas figuras de cartón como parte del elenco. Por ejemplo, el ejército que desfilaba se debía a unos soldaditos de plomo que encabeza un actor de carne y hueso. También la hermana de la Güera resultaban una figura de cartón, tal vez para señalar que al lado de María Ignacia las demás mujeres perdían su importancia y parecían acartonadas. El ritmo de la puesta en escena se hacía rápido y ágil, divirtiendo al público. También la escenografía de David Antón subrayaba ese mismo tono de juguete al emplear diseños sobre papel, constantemente cambiantes, a manera de cortinas de fondo muy habilmente realizadas. El vestuario, sobre todo el de la figura central, era vistoso y fiel a la época, imponiendo diferentes modelos según los años. Y por fin, la música original de Luis Rivero resultaba muy sugestiva y agradable. Hasta el programa trataba de ofrecer una imagen juguetona e imitaba la letra escrita a mano.

Espectáculo debido al ISSSTESERVICIO y al ISSSTECULTURA, presentado a precios populares, que no dejaban de ser simbólicos ($ 50), merece atraer a un público mucho más numeroso que el auditorio que hasta ahora lo visita, y que a menudo asiste a teatros comerciales más caros y de menor calidad.