FICHA TÉCNICA



Título obra María Santísima

Autoría Armando García

Dirección Luis de Tavira

Elenco Virginia Valdivieso, Julieta Egurrola, Rafael Pimentel, Brígida Alexander, Luis Rábago

Notas de elenco NULL

Escenografía José de Santiago

Coreografía Guillermina Bravo

Música Rodolfo Sánchez Alvarado, Francisco y José Santiago, Luis de Tavira, Armando García / recopilación musical

Notas de Música Armando Garcías / letra

Grupos y compañías Centro de Experimentación Teatral del INBA

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. María Santísima, interesante espectáculo experimental” en El Día, 10 noviembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

María Santísima, interesante espectáculo experimental

Malkah Rabell

Hace algunos años los espectáculos experimentales abundaban. Toda empresa juvenil buscaba el experimento, trataba de cambiar y modernizar texto y formas, no siempre con muy buena suerte ni óptimos resultados. Actualmente la agonía del teatro del Absurdo, como asimismo la decadencia del teatro de vanguardia, han llevado a la experimentación a su más bajo nivel, y son más bien raras. En cambio, la cantidad ha sido reemplazada por la calidad. El Centro de Experimentación Teatral del INBA es la mejor expresión del caso. Teatro que pone al servicio de la renovación posibilidades estéticas y económicas. Y como resultado de sus esfuerzos tenemos la última puesta en escena debida a Luis Tavira: María Santísima, que se presenta en el Galeón.

No es el nombre de una persona, como podría suponerse, sino el de un pueblo, y según dice el programa de mano: "María Santísima es el pueblo sembrado del otro lado de los sueños, donde es imposible comerciar con el alma y el cuerpo, donde la dignidad y la justicia no tiene precio". Son palabras del autor, Armando García, más poeta que dramaturgo, quien enfocó en este drama, un tema digno de una grandiosa ópera. Y yo me atrevería a llamarla tragedia musical, que recuerda en más de un momento la tragedia cervantina, El Cerco de Numancia, la única que el autor de Don Quijote ha escrito. Y aún más, Cervantes parece estar presente en toda la obra de Armando García. Hasta como Cervantes recurre al artilugio del sueño para revelar la mentalidad de su Ilustrísima. En El Quijote la mayor parte de los episodios transcurren por los caminos de España. También en María Santísima la mayoría de la escenas se ubican en el gran camino del desierto que no lleva a parte alguna. Y hasta el programa de mano se encuentra encabezado por algunas palabras cervantinas, tomadas desde luego de Numancia: "Que todos perezcamos –antes que un insufrible desafuero– nos convierta en esclavos de esos amos".

María Santísima es un pueblo que no deja de recordarnos el pueblo de Pedro Páramo. Pero si en el libro de Juan Rulfo, todos están muertos en María Santísima el pueblo se halla desolado y solitario, es porque sus habitantes lo han abandonado. Se han ido por los caminos de los sueños en busca de otra vida, de otra felicidad, de otras esperanzas. O como dice Armando García, "me voy al desierto en busca de la vida y de la muerte; la que es mía, la que no tiene dueño".

¿Nueva dramaturgia mexicana? Sí lo es, no tan sólo por la edad del dramaturgo que nació en 1953, sino por su forma de escribir; de concebir el drama, que se torna poema dramático, con un lenguaje de poesía épica, pero muy duro, muy realista. Un drama social con personajes extraños, y a la vez muy reales. Un drama que aúna lo real con el ensueño, lo vivido con lo onírico. Una obra formada como por una yuxtaposición de escenas aisladas que en un momento dado encuentra su unidad en un final apoteósico.

Muchos de la fuerza de este drama se debe a la magistral puesta en escena de Luis de Tavira; a la coreografía, o movimientos coreográficos que se adhieren a la totalidad de un modo natural, de Guillermina Bravo. y a la música que han reunido Rodolfo Sánchez Alvarado, Francisco y José Santiago, Luis de Tavira y Armando García, el autor de la letra. Música formada por canciones antiguas mexicanas, y que aunan el tono eclesiástico al popular, como toda la obra auna la voz del pueblo con la voz de los representantes del cielo; la voz de la rebeldía con la fe de estos mismos rebeldes. Cada escena está construida con fuerza dramática. La música es casi permanente en el drama, y los sonidos son como parte del mismo, con su ladrar de perros, sus gallos que cacarean en alguna parte, las campanas que tañen, y todo ese silencio transido de gritos de dolor. El dolor, he aquí el símbolo de la obra. Pero también hay fraternidad y amor, y la búsqueda de la libertad. Las actuaciones tiene poca importancia en esta tragedia colectiva donde las escenas de masas abundan, aunque las masas no sean más que doce o quince actores, que parecen desdoblarse. Las interpretaciones individuales se pierden como agua del río en el mar. Podemos mencionar algunos nombres conocidos en este largo reparto: como Virginia Valdivieso, Julieta Egurrola, Rafael Pimentel, Brígida Alexander y Luis Rábago. Más, también ellos intervienen en diversos personajes secundarios con muy poca posibilidad de lucimientos personales. Lo que tiene en cambio mucha importancia y crea la atmósfera de aridez, de densidad y de muerte, es la muy simplificada y no obstante tan sugestiva escenografía de José de Santiago, con su desierto, sus montes y su villorio en perspectiva.

He aquí una obra, una puesta en escena con todos sus detalles de musicalización, de iluminación, de escenografía y coreografía, que pueden considerarse como lo mejor, o por lo menos uno de los mejores del presente año.