FICHA TÉCNICA



Título obra Tripas de oro

Autoría Fernand Crommelynck

Dirección Ignacio Sotelo

Elenco Gilberto Pérez Gallardo, Lilia Aragón, Hugo Sergio Godínez, María del Carmen Farías, Selma Beraud, Humberto Enríquez, María Elena Velasco, Lilia Delié, Gracia Elena Solís, Jesús Calderón, Tomás Ceballos, Fernando Delíe, Salvador Herrera, Dolores Linares, Jorge Margáin, Al Suárez

Escenografía Marcela Zorrilla

Vestuario Marcela Zorrilla

Grupos y compañías Compañía de Teatro Universitario

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Tripas de oro”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 diciembre 1966, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Tripas de oro

Mara Reyes

Teatro de la Universidad. Autor, Fernand Crommelynck. Dirección, Ignacio Sotelo. Escenografía y vestuario, Marcela Zorrilla. Reparto: (Compañía del Teatro Universitario) Gilberto Pérez Gallardo, Lilia Aragón, Hugo Sergio Godínez, María del Carmen Farías, Selma Beraud, Humberto Enríquez, María Elena Velasco, Lilia Delié, Gracia Elena Solís, Jesús Calderón, Tomás Ceballos, Fernando Delíe, Salvador Herrera, Dolores Linares, Jorge Margáin y Al Suárez.

El que la crítica mundial la haya considerado El estupendo cornudo como la obra maestra del belga-francés Crommelynck, ha hecho que otras obras de este autor permanezcan desconocidas para el público, y nada más injusto que el olvido que ha tenido que sufrir Tripas de oro, obra que data de 1930 y que es como elemento sincopado entre al teatro poético simbólico y teatro de la crueldad. Tripas de oro es la lucha que libra un individuo por la opción entre la posesión material –el dinero– y la posesión espiritual –el amor. Con este dilema, la obra asimila una de las problemáticas de nuestro siglo y se inscribe en el expresionismo. El dinero, visto como fuente de maldad, hace presa de su poseedor convirtiéndolo en su vasallo. Ya no es el hombre el dueño de un “bien material” sino el dinero el dueño de un “mal humano”. El amor y la virtud quedan desplazados de ese mundo. Y el Hombre, transformado en verdugo de sí mismo, describe una trayectoria en espiral hacia las profundidades abisales del mar en que se ahoga.

Ignacio Sotelo hurga en el trasfondo del sueño y de la vigilia, aprisiona las motivaciones de los personajes y las revela como ineludibles. Modela la distorsión hasta que ésta cobra una evidencia de solidez. Es en estos aspectos en donde radica principalmente la eficacia de su dirección escénica. Los personajes, moviéndose en el ámbito de la escenografía sugerente de Marcela Zorrilla, recuerdan las pinturas de los flamencos, de Brueghel especialmente.

Ya Gilberto Pérez Gallardo había dado a conocer sus dotes de actor desde Historia de Vasco y en esta ocasión ratifica esos dones sacando adelante un personaje más complejo aún, este Pedro Augusto Hormidas o “Tripas de oro”, que es por sus dudas constantes, sus arrebatos y sus contradicciones, una prueba para cualquier intérprete.

Pero si una sorpresa es la de Ignacio Sotelo, como director, otra sorpresa es la de Lilia Aragón, una joven que brota de pronto no como primeriza, sino descubriéndose como una intérprete ya hecha, que domina el oficio, que sabe trascender el gesto y dominar la palabra, una actriz, finalmente, a la que me atrevo a augurar un brillante porvenir en el teatro.

En general, puede decirse que el resto del reparto se integra a la tonalidad que imprimen los dos actores citados y, salvo pecados de dicción frecuentes en el reparto masculino, todos consiguen sostener un nivel de adecuación, del que destacan: Hugo Sergio Godínez, María del Carmen Farías, Selma Beraud y Humberto Enríquez.

Esta representación además de reafirmar la calidad alcanzada por la Compañía de Teatro Universitario, nos obliga a saludar el nacimiento del nuevo director, que es digno sucesor de la generación precedente, de los Ibañez, Mendoza, Solé y Gurrola.