FICHA TÉCNICA



Título obra Amsterdam Bulevar

Autoría Jesús González Dávila

Dirección Guillermo Ríos

Elenco Alberto Fabián, Víctor Carpinteiro, Francisco Haros, Alfredo Alonso

Notas de elenco NULL

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Amsterdam Bulevar” en El Día, 27 octubre 1986, p. 13




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Amsterdam Bulevar, de Jesús González Dávila

Malkah Rabell

Durante años nos hemos burlado de los recuerdos de la Escuela Naturalista en el teatro, con su famoso cuarto de vaca colgado en una carnicería escénica. Hoy, parece que el naturalismo vuelve con otro nombre aún no definitivo: realismo fotográfico; super realismo o realismo verdadero. Creo que el nombre más apropiado sería: el realismo de las braguetas abiertas. Probablemente dentro de algunos años también nos vamos a reír de semejante tendencia. Como siempre llega un momento dado cuando un arte, por más audaz que sea, alcanza su punto de envejecimiento y se muestra demodé. Y cuanto más extravagante tanto más ridículo parece cuando ya se encuentra fuera de onda. Mientras tanto tenemos que aguantarlo y repetir los entusiasmados ¡Oh! y ¡Ah! delante del rey desnudo, si no queremos ser tratados de atrasados mentales.

Algo por el estilo sucedió con la nueva obra de Jesús González Dávila. Pertenece al género de "las braguetas abiertas" y trae al escenario el repetido hasta la saciedad problema del homosexualismo. Jesús González Dávila ha sido y lo es, uno de mis dramaturgos nacionales preferidos. Pero he de admitir que su última obra: Amsterdam Bulevar me dejó bastante desconcertada. Sin duda hay escenas prolongadas que lo atrapan a uno, y no nos sueltan hasta después del suspenso, cuando dejamos escapar un profundo suspiro de alivio. Y otras escenas son tan desagradables como las de la aparición del "Viejo", el padre del protagonista interpretado por Alberto Fabián, que sufre de una tisis, o de una bronquitis, y lleva su "naturalismo" hasta escupir y toser con auténtica veracidad de enfermo. No tiene parlamentos, pero tiene una tos magnífica. Lo que no resulta muy agradable de soportar. Tampoco resulta muy agradable presenciar cómo un hombre viola a otro con todos los detalles del caso. Hubiésemos preferido que dejara algo para nuestra propia imaginación. Por fortuna que no llegan hasta las últimas consecuencias y se contentan con terminar el acto entre bambalinas.

No poco han contribuido a salvar la representación los tres jóvenes actores: Víctor Carpinteiro, como Gabi, el homosexual sincero, que simplemente lucha contra su propia naturaleza sin lograr vencerla; Francisco Haros, como Felipón el amigo igualmente sincero y generoso; y Alfredo Alfonso, como Salvador, el homosexual canalla, que tiene mujer con hijos y trata de aprovecharse de las debilidades ajenas para "ver qué pepina". Los tres, aunque actores aún muy poco conocidos, han demostrado una gran naturalidad; la que exige el teatro y no la vida, aunque el drama trata a toda costa de reflejar la realidad fotográfica de una tranche de la vie como decía Antoine. Se diría que esos tres actores han sido elegidos para sus sendas interpretaciones por un ojo muy conocedor, y físicamente parecen haber nacido para sus personajes: Víctor Carpinteiro con su rostro doloroso y como indefenso; Francisco Haros, con su sonrisa de simpatía y la expresión abierta, sincera, que sólo puede tener un hombre bueno; en cuanto a Alfredo Alfonso, en el papel del "cabrón" Salvador, tiene en su manera de ser lo repelente de un hombre interesado y egoísta, pero que no logra vencer en sí mismo una gota de bondad.

La dirección, debida a Guillermo Ríos, completamente desconocido para mí, tiene la capacidad de desnudar anímicamente a sus personajes. Y aunque se mantiene fiel a la "verdad verdadera", ajena a toda poesía, exigida por la obra, logra conservar el doloroso rostro de los protagonistas, que quiebran a menudo la dureza del texto por un grito mudo que pide como piedad y socorro.

Vicente Leñero, en su introducción al programa de mano, expresa una opinión que es lo más sobresaliente del drama. Dice: "El drama es verdadero y brota así del foro: duro, directo, como un implacable puñetazo al rostro del público". Pero este puñetazo no logra borrar la dolorosa mueca del rostro humano.