FICHA TÉCNICA



Título obra Bodas de sangre

Autoría Federico García Lorca

Dirección Oscar Morelli

Elenco María Eugenia Rius, Claudia Guzmán, Javier Ruiz de Velasco, Sergio Silva

Notas de elenco NULL

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. María Eugenia Rius en Bodas de sangre” en El Día, 22 octubre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

María Eugenia Rius en Bodas de sangre

Malkah Rabell

No hace falta explicar la acción, ni desgranar el argumento del hermoso drama poético de Federico García Lorca: Bodas de Sangre. ¿Quién no lo conoce, ya de lecturas, ya por alguna de las numerosas representaciones que se ofrecieron en México? Esta vez parece como si el nombre del poeta gitano, o supuestamente gitano, asesinado hace medio siglo, se uniera al de otro artista célebre: David Alfaro Siqueiros. En la inmensa sala del último piso del Polyforum Siqueiros donde figura el impresionante mural: La marcha de la humanidad, y donde la plataforma gira constante y lentamente, se instaló el foro teatral entre las figuras tridimensionales, y bajo la inmensa mano abierta siqueirosiana se desarrolla la tragedia de la sangre, la de la "pequeña navaja" que apenas cabe en la palma de una mano y puede penetar en la carne de "un hombre hermoso, con su flor en la boca que sale a las vinas..." destrozándolo para siempre. Tragedia de la sangre tan española de la cual Lorca decía: "En el mundo solamente México puede cogerse de la mano con mi país". Y bajo la inmensa mano abierta con sus seis dedos unidos, que construyó la tridimensional pintura de Siqueiros, ambas manos parecen fraternizar. No sé si en otras oportunidades se han hecho intentos dramáticos en el mismo lugar, pero esta vez fue ese fondo muralista como un himno a la tragedia. Y allí la voz de la actriz María Eugenia Ríus se alzó con las palabras lorquianas más desgarradoras que nunca, en las intensas tonalidades vocales.

En la dirección de Oscar Morelli, el texto lorquiano permanece casi enteramente fiel al original. Y no obstante fueron suprimidas algunas escenas, o simplemente adaptadas a un tono más cotidiano, lo que permite a algunos versos, considerados tan audaces y novedosos en la época de su surgimiento –pero que hoy ya envejecidos, a veces se antojan hasta ridículos– adquirir la veracidad de todo el conjunto, con sus leñadores que habla como seres humanos y caben con mucho mayor naturalidad dentro de la materia viva de esa tragedia que auna prosa con verso. Hasta creo que cabe la posibilidad –y que se me perdone la aparente disfrazada de mendiga y los coros de muchachas, sobre todo si no hay posibilidad de imponerles un arte muy superior. He visto numerosas puestas en escena de esa obra lorquiana, hasta dancísticas, y la presente me resulta más convincente que algunas otras. Tal vez por su tono de veracidad de tragedia campesina tan española y a la vez tan universal, tan moderna y a la vez tan clásica.

La interpretación de María Eugenia Rius fue la de una gran intérprete. El papel de la madre estaba como escrito para su voz de contralto. Su figura y su hermosa cara daban realce a su presencia escénica. Tanto ella como todo el conjunto tenían que luchar contra las dificultades de la acústica que en esta boveda arquitectónica resultaba defectuosa. Tuve la suerte de haber conseguido un asiento en la primera fila y no perdí ni una palabra de los parlamentos. Pero según se han quejado otros, en las filas algo más alejados la audibilidad resultaba pésima. Lo que obligaba a forzar la voz a los actores. Y pese a ello, María Eugenia Ríus conservó toda su naturalidad de tono, no gritaba, sino que matizaba con especial belleza y fuerza dramática sus parlamentos y escenas. Al lado de ella se hizo notar una joven actriz a quien veo por primera vez, Claudia Guzmán, de una belleza muy personal, quien en el papel de la novia supo encontrar la pasión y el dramatismo propio del personaje. ¡Excelente! Igualmente han dado el aliento y la presencia necesarios a sus personajes los dos jóvenes actores, Javier Ruiz de Velasco, como el novio, el "niño de agua dulce", y Sergio Silva, como Leonardo, el amante de mar adentro.

A Oscar Morelli lo he conocido como intérprete de numerosos papeles, mas, es la primera vez que presencio una dirección suya, y me mantuvo atenta y apasionada desde la primera escena hasta la última que repite los mismos versos del principio, los versos del cuchillo que "penetra fino por las carnes asombradas". Y Oscar Morelli, con un conjunto de actores jóvenes y tal vez aún faltos de madurez, supo darles la madurez de la entrega y de la disciplina. Y con muy pocos elementos escenográficos supo darle fuerza dramática a esa hermosa tragedia lorquiana que exige una finura muy especial para encontrar la "oscura raíz del grito".