FICHA TÉCNICA



Título obra Marat-sade

Notas de Título Persecución y asesinato de Jean Paul Marat / título original

Autoría Peter Weiss

Notas de autoría Abraham Oceransky / paráfrasis

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Nadine Ervy, Carilú Navarro, Vilma Beltrán, Ignacio Casas, Alejandro Reyes

Notas de elenco NULL

Espacios teatrales Teatro T

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Marat-Sade, paráfrasis Abraham Oceransky” en El Día, 1 octubre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Marat-Sade, paráfrasis Abraham Oceranskv.

Malkah Rabell

Ya de por sí el texto de Peter Weiss, Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, no es nada fácil de entender. En la paráfrasis de Abraham Oceransky, que se presenta desde algún tiempo en su pequeño teatro "T", resulta aún más enrevesado, y para quienes no conocen el original, el argumento y la esencia de la obra escapa y se hace necesario lanzar un haz de luz sobre el tema para desentrañar el hilo conductor de su acción. Drama escrito en verso, Peter Weiss tuvo la original idea de situar el contexto en el hospicio de Charenton, desde en 1808 el marqués de Sade ya en el declive de su vida, pasa sus últimos años como enfermo mental, y donde el famoso personaje se encarga de dirigir una obra teatral basada en el episodio del asesinato de Marat, el famoso dirigente republicano francés, por Carlota Corday, desempeñando los mismos pensionistas del hospicio los papeles del drama.

La idea no deja de ser singular, pero, no menos original es la manera de presentarla dramáticamente: En el centro, la revolución francesa de 1789, y dentro de su marea sangrienta, frente a frente, dos figuras, dos conceptos del mundo tan opuestos como Marat y Sade, que no obstante tienen un punto en común. Para el uno y para el otro sólo valen: "los últimos extremos", y esos extremos se distancian cada vez más. Marat el puritano, el tribuno popular que se considera la revolución misma, que habla en nombre de la revolución y en su nombre proclama: "Antes pensábamos que bastarían cien muertos... luego vimos que miles eran poco... y hoy ya no podemos contarlos"; y en el extremo opuesto, el marqués de Sade, con su noble estirpe, quien se complace en imaginar tormentos y violaciones, quien, como dice: "En una sociedad de criminales, saqué de mí lo criminal a luz", pero, quien ya en el "Tribunal... ya no como acusado, sino como juez" vio que no sería capaz de entregar a los presos al verdugo...". Uno que habla en nombre de la moral. y en nombre de ella mata a sangre fría; el otro, ajeno a toda moral, un desmoralizado, que no obstante es incapaz de matar.

Y en torno de ellos, un mundo de locos, cuyos estados demenciales pueden muy bien aplicarse a los personajes históricos que representan. Sobre todo Carlota Corday, esa famosa partidaria de los "Girondins", los republicanos moderados, que se sentaban en la Asamblea Nacional a la derecha, y cuya brillante mayoría fue liquidada por la guillotina.

El autor de esta paráfrasis, Abraham Oceransky, probablemente recurrió a tal forma dramática para poder reducir las inmensas necesidades escénicas del original. La obra de Peter Weiss en cierto modo se divide en tres partes: en la avant-scene se desarrolla el drama de los protagonistas, el drama supuestamente escrito por el marqués de Sade, y en el trasfondo, como imágenes cinematográficas desfilan los episodios de la época, simbolizados, dramatizados, casi un drama más, y rodeando al conjunto, los dementes de Charenton. Para tal puesta en escena las necesidades son superlativas, exigen un gran reparto, un coro de comparsas, y considerables posibilidades económicas. Abraham Oceransky redujo el reparto a su mínima expresión, aunque algunos protagonistas fueron divididos en dos o más figuras, quizá para dar a sus discípulos la posibilidad de aparecer en público. Transformó el papel de Carlota Corday en cuatro partes, y cada una de éstas la interpretaba otra actriz: Nadine Ervy, Carilú Navarro, Vilma Beltrán, y hasta un actor, Ignacio Casas. En cambio en el papel del marqués de Sade apareció una mujer, Nadine Ervy, que estaba completamente fuera de lugar. Mucho más apropiado a su personaje resultaba Alejandro Reyes como Jean Paul Marat.

Lo que el director-autor, Oceransky, sacaba de una parte, de un lado, lo agregaba en otro. Existían frases enteras absolutamente fieles al original. Y otras que hasta se sacaron de los apuntes al margen de la obra de Weiss. Por una parte la representación se hacía aún más complicada que el texto de Weiss, y por el otro el espectáculo se empobrecía y tornaba algo escolar. Se puede decir que la idea del autor-director es ambiciosa, pero no del todo lograda. La atmósfera de demencia es muy ruidosa, aunque los locos no sean muy numerosos. El ruido a menudo impide escuchar los parlamentos, y no obstante la escena parece vacía. Oceransky, con su estética amante de la técnica corporal, de la plasticidad, pudo haber encontrado en el original de Weiss su mejor aliado, sus mejores elementos de realización. Algunos de éstos los usa adaptándolos a sus propias necesidades. Por fortuna su versión dramática no se aleja excesivamente del drama weissiano. Y para quien aún desconoce el original de Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, obra tal vez la más célebre y discutida del teatro de postguerra, tendrá con el espectáculo del teatro "T" una visión bastante aproximada de la creación del dramaturgo alemán nacionalizado sueco, fallecido en 1981, a la edad de 65 años.