FICHA TÉCNICA



Título obra Manos arriba

Autoría Víctor Hugo Rascón

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco María Rojo, Ana Ofelia Murgía, Arturo Beristáin, Armando Palomo

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Manos arriba, de Víctor Hugo Rascón” en El Día, 29 septiembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Manos arriba, de Víctor Hugo Rascón

Malkah Rabell

La risa es indudablemente una manifestación colectiva. Es rara la persona solitaria que deje escapar una carcajada ante una situación que le cause gracia. Para el solitario la sonrisa o una risa interior son las únicas muestras de alegría o de diversión. Es el hecho que puede observar muy claramente en la reacción del público durante el espectáculo de Manos arriba, de Víctor Hugo Rascón que se presenta actualmente en el teatro Benito Juárez. Cuando presencié la obra hace unos años ante un público de más de mil espectadores, las carcajadas eran permanentes y una ruidosa alegría reinaba en la sala. En la actualidad, reestrenada ante un público reducido ya que el teatro es aún poco "calentado" y la obra poco anunciada, el auditorio permaneció silencioso.Aplaudió calurosamente el final, pero no se reía. Yo tampoco me reía. Pero tampoco me reí en aquella primera oportunidad. El tema me pareció más digno de tristeza que de risa. La obra fue declarada por la mayoría como una farsa. Lo que no me pareció. Vicente Leñero en el programa de mano declara: "En lugar de optar por un realismo verosímil –que ese sí se va haciendo cada día más viejo– (Víctor Hugo Rascón) se propone, sin trampas, un realismo verdadero". Y tal vez tiene razón.

En este "realismo verdadero", los hechos son verídicos, cotidianos y la forma resulta deformada, como una caricatura. Y las caricaturas a veces hacen reír, pero a menudo provocan un rechinar de dientes. También el autor de Manos arriba recurre a la risa para no llorar. Nos introduce en el ambiente de una familia mexicana de clase media muy humilde, con un marido machista y una esposa sometida. Y las aventuras que les suceden son las típicas de nuestro tiempo, de nuestras dificultades económicas y políticas. Algo me recuerda la comedia de Darío Fo: No tengo no pago... que lleva a escena unos años de crisis económica en Italia en el seno de una familia más bien obrera. Pero el marido de Darío Fo es de una gran decencia, tal como el comediógrafo italiano suele, respetuosa. mente, presentar a los comunistas. En cambio, los personajes de Víctor Hugo Rascón viven con las "manos arriba" unos frente a otros, en una atmósfera donde cada uno recurre a cualquier artimaña para poder sobrevivir, aunque cada uno se considera con la conciencia tranquila.

Bajo la muy acertada dirección escénica de Rafael López Miarnau, que para esta obra de "realismo verdadero" usa una especie de escenografía surrealista, de un realismo deformado, como toda nuestra vida actual, también el reparto es excelente, aunque muy reducido, formado tan sólo por cuatro personajes. Sobre todo las dos figuras femeninas: María Rojo y Ana Ofelia Murgía llaman la atención. La primera crea un papel de mujercita, joven, pero cansada de la miseria, las infidelidades del marido y el permanente trabajo en la máquina de escribir; la segunda, en un papel más cómico, o que ella hace cómico con una especial gracia histriónica, representa toda una serie de mujeres que abundan sobre todo en la clase media, con su fe en toda clase de ideas importadas del extranjero. Arturo Beristáin heredó la difícil tarea de hacer olvidar la interpretación anterior en el mismo papel de dos grandes actores: Héctor Bonilla y Salvador Sánchez. Sin embargo, dirigido por el mismo director, Rafael López Miarnau, el joven actor presenta casi las mismas virtudes que sus dos antecesores. En cuanto a Armando Palomo, en el papel de un joven inquilino, se trata de un comediante que recién se inicia, éste en su segunda o tercera actuación, y ya se muestra bastante maduro para sus pocos años de profesión. Tiene buena figura y clara dicción, y sin duda llegará a ocupar un buen sitio en las huestes teatrales.

Manos arriba ha tenido en sus distintas reposiciones mucho éxito, tanto del público mayoritario de un auditorio elitista. Ambos se han divertido de esta imagen de nuestra época y de nuestro pueblo. Ojalá el actual espectáculo logre, pese a los tiempos tan difíciles para el teatro nacional, recuperar muy pronto el ritmo exitoso de las anteriores reposiciones.