FICHA TÉCNICA



Título obra Kayoi Komachi

Autoría Kannami Kiyotsugu

Notas de dirección Yuichi Ejima / asistente especial

Elenco Fusao Hosho, Tadahiro Matsumoto, Izumi Mikawa, Akira Takahashi, Fusataka Homma, Atsuo Hikawa, Kan Hosho / elenco de la compañía

Notas de elenco Hisayuki Isso, Toshihiro Sumikoma y Tadao Kamei / músicos; Toshiyuki Takamiya / intérprete

Grupos y compañías Compañía de Teatro Noh de la escuela Hosho

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Teatro noh”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 13 noviembre 1966, pp. 5 y 6.




Título obra Tsunemasa

Autoría Seami Motokiyo

Notas de dirección Yuichi Ejima / asistente especial

Elenco Fusao Hosho, Tadahiro Matsumoto, Izumi Mikawa, Akira Takahashi, Fusataka Homma, Atsuo Hikawa, Kan Hosho / elenco de la compañía

Notas de elenco Hisayuki Isso, Toshihiro Sumikoma y Tadao Kamei / músicos; Toshiyuki Takamiya / intérprete

Grupos y compañías Compañía de Teatro Noh de la escuela Hosho

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Teatro noh”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 13 noviembre 1966, pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Teatro Noh

Mara Reyes

Primer programa: Kayoi Komachi. Palacio de las Bellas Artes. Autor, Kannami Kiyotsugu. Tsunemasa, autor, Seami Motokiyo. Compañía: Fusao Hosho, Tadahiro Matsumoto, Izumi Mikawa, Akira Takahashi, Fusataka Homma, Atsuo Hikawa, Kan Hosho. Músicos: Hisayuki Isso, Toshihiro Sumikoma, Tadao Kamei. Asistente especial Yuichi Ejima. Intérprete: Toshiyuki Takamiya.

Nada de lo que se pueda haber leído sobre el teatro Noh, puede dar una idea cabal de lo que es su representación. Para mí, presenciar por primera vez un espectáculo de teatro Noh, ha sido como descubrir otro mundo, más bien vislumbrarlo ya que para descubrirlo, tendría que haberlo asimilado, y no puede asimilarse un espectáculo así con una sola experiencia. Habría que participar del espíritu japonés, o al menos conocerlo tan de cerca que no se sintiera uno aislado por esa invisible barrera que forman las culturas cuando difieren por la tradición, por la manera de ver el mundo, de sentir el propio yo, o de imaginar el metafísico “más allá”.

Ver teatro Noh, equivale a entrar a un museo a admirar lo que pasadas generaciones dejaron como huella.

Aun conociendo la mitología y la cultura griegas, quizá recibiéramos nosotros (público occidental del siglo XX) con la misma extrañeza el teatro griego anterior a Esquilo, si éste fuera representado hoy día por una compañía que hubiera conservado inalterable aquel legendario modo de representaciones. Y podría aventurarse que incluso, ambas representaciones –teatro noh y griego– tendrían más semejanzas de las que imaginamos.

Y no me refiero al teatro griego posterior a Esquilo, porque ya en éste existe una norma relativa al modo de desarrollo de la acción –planteamiento, conflicto y desenlace–, que no aparece en el teatro noh, en el cual no podría decirse que hay acción, tal como se entiende ésta en [p. 4] la poética de Aristóteles. Por el contrario, éste un teatro estático, en el que se recuerda el pasado y se lucubra sobre el más allá; es un teatro en el que prácticamente no existe el “presente”. Puede decirse que el teatro noh es para iniciados que sepan interpretar todos sus símbolos, –que han devenido en convenciones– y que a la vez da al público todo el margen posible para usar su propia imaginación.

Un abanico puede representar lo mismo una copa, que una vela que al apagarse esfuma al fantasma que habla (como para los antiguos griegos el hilo que cortaban las Parcas interrumpía la vida de un hombre), y así, puede simbolizar infinitos objetos o actitudes humanas.

Los movimientos que ejecutan los actores son escasos, pero todos son significantes, de ellos emergen los sentimientos y los conceptos sobre la vida y la muerte, siempre en la forma más refinada y menos obvia, siempre envueltos en un halo de poesía plástica.

El teatro noh fue en su origen palaciego, dedicado a satisfacer al emperador y su corte, a los grandes señores feudales, de ahí que la delicadeza tanto del lenguaje, como de los gestos y de los atavíos, sea parte importante de todo teatro noh.

Todas las obras de este género son breves, escritas en verso y prosa, y en su mayoría fueron compuestas por sacerdotes budistas, en el periodo Muramachi (1338-1565). Se pueden distinguir cinco clases de noh, según sus temas: kamimono, o representación divina; shura mono, o representación guerrera o heroica; kazura mono, de carácter femenino; yobanmemono de varios temas y kirimono, historia de espíritus (no dioses, sino monstruos, duendes o demonios).

La compañía que se presentó en México pertenece a la escuela Hosho, que fue fundada en el siglo XIV y presentaron en su primer programa Kayoi Komachi, una obra de Kannami Kiyotsugu, quien es como el padre del teatro noh, ya que fue el primero que le dio la forma que todavía hoy conserva, y Tsunemasa, pieza atribuida a su hijo Seami Motokiyo, considerado como el hombre de teatro más completo del Japón y a quien se debe la perfección de ese género de teatro, en el que nada es improvisado, ni siquiera un grito o una exclamación del coro o de los músicos.