FICHA TÉCNICA



Título obra Pericles, príncipe de Tiro

Autoría William Shakespeare

Dirección Tito Vasconcelos

Elenco Juliana Bremer

Coreografía NULL

Grupos y compañías Taller de la nave de los locos

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Pericles ¿de Shakespeare? espetáculo divertido” en El Día, 10 septiembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Pericles, ¿de Shakespeare?

Malkah Rabell

No sé si puede creerse la noticia que aseguraba la prohibición en Estados Unidos de varias tragedias shakesperianas. En caso de ser cierta tal afirmación, me imagino que Tito Vasconcelos quiso demostrar cuán razonables son las decisiones del Sr. Reagan. También me imagino que con su puesta en escena de Pericles, príncipe de Tiro, Tito Vasconcelos trató de probar que el autor de obras tan geniales como Romeo y Julieta y Hamlet no puede ser el mismo pobre actor del teatro el Globo que en el siglo XVI firmaba Shakespeare.

Ninguna censura puede prohibir la burla cuando los escritores muertos desde siglos se trata. Tampoco se lo puede prohibir la crítica. No tengo nada contra el sentido del humor de Tito Vasconcelos que se empeña en demostrar que Shakespeare fue el padre de los melodramones románticos del siglo XIX. Lo que no deja de ser cierto. Tampoco deja de ser cierto que el genial Cisne de Avon debía producir para un público en su mayoría compuesto por ignorantes, campesinos, sirvientas y cocheros, y hasta los caballeros sentados –a menudo enmascarados– en los palcos o en el mismo escenario, no eran unos dechados de ciencia y sabiduría. Para conquistar a un público tan heterogéneo –casi como el del cinematógrafo contemporáneo– el autor de Macbeth había de someterse a gustos bastante burdos. A ese auditorio no le interesaban la filosofía ni la psicología de Hamlet, sino la historia de su padre el fantasma y de su madre la casada en segundas nupcias con el asesino de su esposo; a ese público no le preocupaban las pasiones de Lady Macbeth sino sus crímenes. Y para satisfacer a tales espectadores había que recurrir a ciertas historias como las del príncipe Tiro Pericles, con su reina madrastra que envía a la princesa legítima a una casa de prostitución; o con su reencuentro del rey, que recorre el mundo en busca de su hija supuestamente muerta, a la que encuentra vivita y coleando. Tales historias las podemos encontrar en más de un célebre y admirado escritor de las épocas idas.

No le reprocho a Tito Vasconcelos y a su Taller de la nave de los locos, la destrucción humorística del más grande de los dramaturgos ingleses. Este tiene bastante genialidad como para defenderse solo. Es la manera de llevar a cabo la obra destructiva que me ha molestado y aburrido en el transcurso de todo el espectáculo. Tantas payasadas llegaban a lo infantil. El mal gusto resultaba abominable, y la mala actuación de un numeroso reparto de "actores" que no lo son, o por lo menos aún no llegan a la madurez, no lograba solucionar el problema. El peor defecto de la puesta en escena es haber entregado el papel de Pericles a una joven figura femenina, Juliana Bremer, que echaba a perder el personaje, tanto por sus desconocimientos dramáticos, como por su voz femenina y la falsedad de su presencia física. Ni siquiera Sarah Bernhard convenció como el "Aguilucho", ni como Hamlet. Menos puede hacerlo una joven principiante en el Príncipe de Tiro. Sin embargo, Juliana Bremer demuestra ya ciertas virtudes, como la gracia corporal, y debe ser bella en un personaje femenino. Pero para aprender el arte dramático –como todas las artes– hay que empezar por el principio y no por el final.

Conozco a Tito Vasconcelos como un actor talentoso. Pero sus capacidades interpretativas no garantizan las posibilidades de director de escena, y menos de maestro. Aunque tiene ideas, a veces muy graciosas, sobre todo en el campo de la escenografía. Si pretende divertirse y divertir a sus discípulos, para ello su taller es el mejor lugar, un lugar ideal. Pero no trate de convencernos ni de convencerse a sí mismo que está llevando a cabo una labor muy instructiva para el desarrollo artístico de sus actores. No hay que correr tan de prisa. "Piano, piano" como dice el pueblo... que es muy sabio.

Al salir del espectáculo había yo jurado no escribir nada. Pero al reflexionar, pensé que si Tito Vasconcelos tiene tantas agallas para lanzarse contra Shakespeare –además en un teatro que se llama Foro Shakespeare– también yo tengo derecho a opinar... aunque me equivoque.