FICHA TÉCNICA



Título obra El Decamerón

Notas de autoría Giovanni Boccaccio / autor del libro homónimo

Dirección Germán Castillo

Elenco Socorro Miranda, Margarita Mandoki, Tomás Mendoza, Juan Sahagún, Néxtor Galván

Coreografía NULL

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El Decamerón, espetáculo divertido” en El Día, 8 septiembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El Decamerón, espectáculo divertido

Malkah Rabell

Fui a ver el espectáculo dirigido por Germán Castillo, en el reducido teatro de la Capilla, El Decamerón de Giovanni Boccaccio, con muy poca confianza en sus valores, y con aún menor esperanza de pasarlo agradablemente. Más bien esperaba un largo aburrimiento. Pero, ¡Oh, milagro! me encontré con una representación muy divertida, agradable, fresca y hasta interesante.

Nunca fue de mis autores preferidos Giovanni Boccaccio, con su erotismo tan cercano a la pornografía que casi resulta imposible separarlos. Lo que se hace comprensible en una época como la Edad Media que presentaba la lujuria como uno de sus rasgos más predominantes, pese al poder de la Iglesia y de la fuerza de los prejuicios religiosos (hasta los mismos representantes de la palabra de Dios se dejaban dominar por los poderes del diablo, y sucumbían a menudo a las bellezas de Eros). Sobre todo en ese siglo XIV que vio nacer en 1313 a Giovanni Boccaccio, de quien se ha dicho más de una vez que la erótica era en él como una especie de monomanía. Monomanía que hoy ya no está tan de moda como hace unos años cuando se reclamaba a los cuatro vientos el reino de la pornografía. Sin embargo, éste es un elemento que en el teatro aún más considerada la primera que elevó la prosa italiana a una verdadera belleza artística, y que sentó "los cimientos del moderno arte de novelar" según lo a dicho firma Ramón D. Perés en su Historia de las Literaturas Antiguas y Modernas. Otros numerosos estudiosos de la materia –como Benghi– han dicho que "Ni a un lado ni de otro de los Alpes, hay escritor contemporáneo suyo que haya logrado describir como él."

Boccaccio es Decamerón, pues otras de sus obras han pasado a la historia sin pena ni gloria. El Decamerón es una serie de narraciones puestas en boca de tres gentiles hombres y de siete damas, todos jóvenes, que durante la terrible peste que azotó a Florencia en 1348, se reunieron en el campo para escapar al contagio y distraerse de las preocupaciones naturales en tales momentos. Problablemente es la semejanza entre una tragedia como una epidemia mortal y otra como el terremoto que sufrimos en 1985, en el mes de septiembre, que despertó en el director de escenas Germán Castillo la idea de modernizar el prólogo de la obra de Boccaccio o introducirle uno contemporáneo. También en la presente versión el reparto decide recurrir a la vida amorosa para olvidarse de las penas.

De las diez narraciones que forman El Decamerón, a los cuales se debe el título de la obra (que también fue llamada La Comedia Humana como contraste con La Divina Comedia), Germán Castillo eligió tres que no tienen nombres particulares. En cada cuento el narrador es otro actor del conjunto, y hasta dos de ellos son interpretados por mujeres: Socorro Miranda y Margarita Mandoki. De ese grupo de cinco actores: Tomás Mendoza, Juan Sahagún, Néstor Galván, además de las dos intérpretes femeninas anteriores citadas, no es fácil mencionar en especial a cada uno, pues se confunden en mí memoria, pero los cinco hacen gala de mucha frescura, espontaneidad, naturalidad y alegría, así como de temperamentos vivaces. Quizá aún les falta –sobre todo a las figuras femeninas– una mayor claridad en la dirección. pero, también es necesario que se tome en consideración la longitud de los parlamentos, en tanto el lenguaje es bastante ajeno a nuestro idioma moderno.

En un escenario desnudo en un principio, cubriéndose de carne escénica al paso de los episodios teatrales, con elementos que surgen de las mismas paredes, como las puertas al "músico callejero como la última permanencia de la vida juglar en nuestras ciudades contemporáneas, según lo dice el programa de mano; con un vestuario atractivo pese a su modestia; y sobre todo bajo la ágil dirección de Germán Castillo, esta representación a nivel estudiantil, mantuvo risueño y divertido al público que llena la salita del teatro de la Capilla ese domingo 31 de agosto.