FICHA TÉCNICA



Título obra Rosa de dos aromas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Mercedes de la Cruz

Elenco Ana Bertha Espín, Gina Morett

Coreografía NULL

Espacios teatrales Teatro Coyoacán

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Rosa de dos aromas de Emilio Carballido” en El Día, 3 septiembre 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Rosa de dos aromas de Emilio Carballido

Malkah Rabell

No sé a qué se debe tal título. Yo más bien le pondría: Dos rosas con una sola espina, debido a esa historia de dos mujeres enamoradas y relacionadas con el mismo hombre, quienes al quedar "semiviudas" por estar "su" hombre preso, aunan sus esfuerzos para liberarlo... ¡Ay! me olvidé que a los críticos les está prohibido contar el argumento del espectáculo comentado. Tal como lo exigen los conocedores muy exigentes. Lo que me parece perfectamente absurdo. ¿Cómo es posible analizar una obra sin dar a conocer anteriormente su tema? ¿Cómo es posible explicar la conducta de los personajes ignorando su psicología? ¿Cómo es posible hasta interpretar la actuación de los protagonistas, si no los conocemos, si no sabemos quienes son, ni cual es su conducta en la acción dramática? ¿Cómo enfrentarnos a una moraleja de los personajes o del pensamiento del escritor si desconocemos lo que ha escrito? Si no mal recuerdo, creo que fue José Estrada quien dijo que para él, hacer cine es contar una historia. Y si el crítico se considera en la obligación de callar esta historia, ¿cómo podría dar una idea total, y hasta vaga, de una realización teatral o cinematográfica, o novelesca? En el presente caso, en el programa de mano, la muy inteligente y culta catedrática universitaria de la materia, Luisa Josefina Hernández, no teme dar una idea muy precisa del argumento de Una rosa de dos aromas, para poder lógicamente interpretar las opiniones del dramaturgo Emilio Carballido, y rechazar o admitir, negar o aplaudir, la conducta de las dos heroínas, Marlene y Gabriela.

Las dos actrices que interpretan las dos únicas figuras de la comedia carbellidiana, Gina Morett y Ana Bertha Espín, la primera como la proletaria y la segunda como la intelectual, son excelentes en sus sendos personajes, aunque ninguna de las dos es muy conocida en el mundo profesional de la escena nacional. Me pregunto si a Carballido le preocupa mayormente la lucha feminista de esas dos distintas personalidades, o simplemente inventó esta "historia para ser contada" para el mayor placer de su público. Desde luego se trata de una historia muy mexicana, como todas las de Emilio Carballido. En ningún país del mundo occidental se halla tan admitida, aceptada y considerada lógica la costumbre de una doble vida familiar de los hombres: Casa chica, Casa grande. Con una casada, y con la otra metida en amasiato, porqué la otra, la malvada, no quiere darle el divorcio. La Casa Grande tampoco ha de ser muy grande, puede ser muy mediana y hasta humilde, ya que cualquier ciudadano de modestas posibilidades se considera obligado a cumplir con su "honor de macho". Me pregunto cuál hubiese sido la conducta de ese digno marido de la intelectual, y algo menos digno amante de la proletaria, si ambas mujeres hubiesen logrado ayudarle a salir de la cárcel en equilibrada cooperación. ¿Cómo hubiese distribuido su amor entre sus dos bienhechoras? Probablemente al estilo del autor venezolano Isaac Chorcón en su obra Okey. Es decir viviendo con ambas en un perfecto ménage a trois.

En el reducido y precioso teatro Coyoacán, la joven directora, Mercedes de la Cruz (hija de la célebre dramaturga, novelista y poeta, Luisa Josefina Hernández), ha puesto en escena la comedia carballidiana con infinita gracia, con perfecta comprensión de las dos figuras femeninas, que llegan a darse cuenta de lo inútil de perseguir la moralidad burguesa designada para las mujeres y gratuita para los hombres. La directora jamás cae en exageraciones si maniqueismos. Tampoco jamás pone en ridículo alguna de las dos figuras femeninas. Ambas han sido perfectamente naturales y han logrado conquistar la simpatía del auditorio en igual medida. Pese a lo reducido del escenario –que hace dos décadas inauguró Seki Sano– la directora movía la acción de la comedia con una gran agilidad, cambiando las áreas en una funcional escenografía de Jorge Reina.

Feminista o no, nuestro mejor comediógrafo nacional, Emilio Carballido, enfrenta constantemente su acción como si fuera neutral ante ambos campos, y tal vez lo sea. Mas, haga lo que haga, y digan lo que digan sus protagonistas, toda la pieza reboza alegría, tal vez con una pizca de melancolía, y el público ríe y se divierte desde el principio hasta el final, sin preocuparse mayormente de la moraleja.