FICHA TÉCNICA



Título obra El candidato de Dios

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Lorenzode Rodas

Elenco Héctor Gómez, Rolando de Castro, Luis Gimeno, María Idalia

Escenografía David Antón

Coreografía NULL

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El candidato de Dios: obra revolucionaria” en El Día, 26 agosto 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El candidato de Dios: obra revolucionaria

Malkah Rabell

Admito humildemente que casi nada sé de las doctrinas de la Iglesia Católica, y la obra de Luis G. Basurto: El candidato de Dios, exige muchos conocimientos, que su autor maneja con extrema habilidad tanto de dramaturgo, como de estudioso de su religión, a la cual enfrenta como católico militante. Pero un militante infinitamente liberal, que busca la palabra divina que Cristo ha impuesto a su fe en los inicios de ésta, en el nacimiento de su religión. Y pido perdón a los conocedores, a los teóricos y a los teólogos, si voy a enfrentrar el drama basurtiano desde el simple punto de vista emocional, de la emoción de un ser humano a quien El candidato de Dios ha trastornado profundamente.

En El candidato de Dios el autor encara un tema que hace unos años, en 1978, perturbó a la opinión pública e hizo intervenir a la prensa mundial en busca de explicaciones. Se trata de la extraña muerte de Albino Luciani, conocido en el mundo entero como el Papa Juan Pablo Primero, que falleció al trigésimo tercer día de su pontificado. El dramaturgo, Luis G. Basurto no pretende ofrecer un documento histórico de tal suceso. En su versión personal una ficción lógica nos presenta un drama que pudo ser la realidad, que pudo> haber sucedido. Hechos, ideas y voluntad de transformar la Iglesia que dominaban al recién elegido Papa, y atacaban los intereses de la gran mayoría de la curia, del Vaticano: intereses políticos; económicos; religiosos; intereses personales y colectivos. El dramaturgo no asegura que el Papa Juan Pablo Primero fue asesinado. Tan sólo demuestra con razones y hechos lógicos que "pudo" haber sido asesinado.

Creo que el escritor Luis G. Basurto corre el peligro de despertar no pocas enemistades, hasta en nuestro propio medio católico reaccionario o simplemente conservador. Las ideas que el autor pone en boca de su protagonista son audaces y para un Papa probablemente muy peligrosas. Ya que ese Juan Pablo Primero que nos ofrece Basurto admite hasta el control de la natalidad, desde luego nada más hasta cierto punto, como el uso de la pastilla anticonceptiva que no suprime una vida sino tan sólo le impide aparecer. Y da a semejante derecho razones muy sociales en defensa de los pobres y de un mundo que ya no puede resistir tanta población. Ideas audaces de un Pontífice que lucha por su fe, por su religión, pero quiere a éstas darles una nueva postura que espanta a sus cardenales que creyeron, al elegirlo, encontrarse frente a un hombre sencillo, simple, hijo de campesinos, hasta algunos lo consideraron ignorante, sólo capaz de someterse a la voluntad de cabezas más fuertes que la suya, y se encontraron frente a un rebelde, a un auténtico revolucionario, dispuesto a imponer una nueva faz a una Iglesia ya envejecida.

La obra de Basurto no sólo se basa en sus ideas liberales, que ya demostró en otras oportunidades. También evidencia una gran habilidad dramática; crea personajes psicológicamente complejos, reales, maduros en sus búsquedas de sus propias verdades; con un gran conocimiento de la escena y de sus necesidades. Obra a la cual a veces logra imponer, consciente o inconscientemente, la intensidad de un drama policial.

A esa obra hábilmente construida, el director de escena, Lorenzo de Rodas, supo darle un ritmo ascendente, trepidante, con un dramatismo a menudo de muchas fuerza, y sobre todo supo manejar espléndidamente a sus intérpretes. En primer término, como el Pontífice Juan Pablo Primero Héctor Gómez supo ser de una gran naturalidad, a veces suave, y otras veces de una fuerza imponente. Un actor cuya ausencia muchas veces lamentamos en otras obras. No menos natural fue, el siempre gran actor Germán Robles, como el Cardenal Filipi que lograba unos espléndidos cambios de personalidad. A su vez, Rolando de Castro, que demuestra cada vez ser más y más actor, en el papel del Cardenal Benuti estaba excelente con una magnífica presencia física digna del personaje. Hasta en el antipático personaje del Cardenal Lony Arzobispo de Chicago, Luis Gimeno fue perfecto. En cuanto a la única figura femenina, la de la Hermana Florencia, cuya presencia al lado del Pontífice resulta algo incomprensible, a ese papel secundario, María Idalia le dio vida con toda realidad y vigor.

La obra encontró un apoyo especial en la bellísima y funcional escenografía de David Antón, que pese a lo reducido del escenario del teatro Helénico, pudo cambiar de áreas numerosas veces, e impresionar por su agilidad.