FICHA TÉCNICA



Elenco Pilar Rioja, Chiquito Triana / cantaor, José Luis Negrete / guitarra flamenca

Coreografía NULL

Vestuario Guillermo Barclay

Notas Presentación de Pilar Rioja con programa de boleros del siglo XVIII

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Pilar Rioja baila en Bellas Artes” en El Día, 14 julio 1986, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Pilar Rioja baila en Bellas Artes

Malkah Rabell

En uno de los programas de mano dedicado a un espectáculo dancístico de Pilar Rioja, el texto biográfico acerca de la extraordinaria bailarina mexicana nacida en Torreón –que ya ha conquistado España en más de una oportunidad–, dice: "Pilar Rioja abarca en sus bailes tanto la música de autores españoles, como de italianos, alemanes y franceses, barrocos, románticos y contemporáneos. Es una restauradora de la autenticidad del baile flamenco, y al mismo tiempo una innovadora substancial de éste. Con ella el baile flamenco ha vuelto a su pureza original y ha desechado sin excepción el acompañamiento de castañuelas...Por cierto, Pilar Rioja usa pocas veces las castañuelas, lo que me hizo preguntarle en una entrevista hecha hace muchos años, la razón pura la cual suprimió tal elemento que ella usa con tanta brillantez. A lo que respondió:

–Las castañuelas se usan para los bailes del siglo XVIII, que pertenecen a la escuela bolera. A esta tendencia corresponden el "bolero liso", el "bolero del medio paso" el "el bolero de la cachuca", las seguidillas clásicas", la "malagueña" y otras danzas que hacen parte de la misma época, la goyesca...

Y es con uno de esos boleros del siglo XVIII La cachuca, que Pilar Rioja inició la primera parte de su programa del domingo 6 del presente mes, en el escenario del teatro de Bellas Artes. Con este bolero, con música de Ch. Zeuner, con la original vestimenta de Guillermo Barclay, y con las castañuelas que tenían la voz de un instrumento musical en sus ágiles dedos, como de costumbre nos fascinó con su infinita gracia. He visto bailar a Pilar Rioja infinidad de veces, y hasta en la presente oportunidad el programa en cierto modo se me hizo menos rico que en otros casos, como por ejemplo cuando bailó en un programa dedicado a Federico García Lorca, ilustrando con sus pasos y sus movimientos los textos del poeta de Granada. Pero su gracia y su personalidad eran las mismas, y no tardó en conquistar tanto con la Cachuca como en la Sonata de Albeniz y el Arabesco de Debussy, a todo ese amplio público que ocupaba hasta el último asiento de la sala del Bellas Artes.

No soy una gran conocedora de la danza flamenca, ni mucho menos, y personalmente la que más me dejó fascinada fue La monja gitana, tal vez por su tono dramático y absolutamente ajeno a sus otras ejecuciones, donde intervenía no sólo la danza sino la escultura. Pilar Rioja buscaba actitudes de inmovilidad plástica, que parecían con frecuencia como imágenes del dolor estáticas, ausentes las castañuelas, eran sus manos las que vivían con música propia y palpitaban como mariposas moribundas. El juego constante del blanco y negro, del manto blanco sobre la túnica negra nos inmobilizaba como ante un dibujo a lápiz. Producida por una coreografía de M. Vargas, esta danza se diferenciaba del conjunto.

Pero no tardó en volver a un tono alegre. Viva Navarra rompió el hechizo dramático, para sacudir al público y lanzarlo nuevamente en brazos de la alegría. En la segunda parte del programa, la Sra. Rioja abandonaba las medias puntas de sus boleros, para usar el zapateado con el tacón, en la danza del flamenco, danza popular que siempre usa el pueblo sin jamás recurrir a las castañuelas, pero en cambio las bailarinas populares se acompañan con una guitarra y un cantaor. Y así mismo lo hizo la bailarina mexicana, a quien acompañaban el cantaor Chiquito de Triana y José Luis Negrete con su guitarra flamenca. En otros bailes, más clásicos, la guitarra pertenecía a Emilio Perujo. El público sobre todo se entusiasmó con la actuación de Chiquito de Triana, que obtuvo una ovación, aunque también las guitarras eran espléndidas.

Quisiera terminar esta breve nota con unas palabras de un especialista de la danza, ante cuya profesionalidad me inclino: Alberto Dallal, quien con toda autoridad asegura: "Pilar Rioja es un caso excepcional de expresión, porque sus claves forjan un universo intenso, suficiente, trascendente... Pilar Rioja es un caso de lenguaje dancístico trascendido..."