FICHA TÉCNICA



Título obra Los motivos del lobo

Autoría Sergio Magaña

Dirección Blas Braidot

Elenco Raquel Seoane, Rodrigo Vera, Gloria Luz Rocha, Elan Vital

Escenografía José Luis Aguilar

Espacios teatrales Foro Contigo América

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los motivos del lobo, de Sergio Magaña” en El Día, 30 junio 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los motivos del lobo; de Sergio Magaña

Malkah Rabell

Es extraño como una representación realizada en condiciones tan insólitas y al parecer tan incómodas como las de actuar en una habitación de casa privada, con el público a un paso del actor, puede crear un ambiente dramático muy especial, casi más intenso que el de una sala de teatro tradicional. Es lo que me pareció la puesta en escena de la obra de Sergio Magaña: Los motivos del lobo por Contigo... América en coproducción con la UNAM.

Basada en un hecho verídico, la obra lleva a escena la historia de un hombre que mantuvo durante muchos años encerrados, casi presos, a su esposa y a sus hijos. No sé si la justicia logró demostrar que el único culpable de hecho tan fuera de lo común era el marido, o también intervino la esposa en este encierro de seis personas, o mejor dicho cinco, ya que el esposo actuaba como carcelero y salía diariamente a trabajar llevándose las llaves de esa improvisada cárcel.

El autor, Sergio Magaña trata de interpretar los hechos desde su propio punto de vista y juzga al marido como inspirado por su cónyuge que soñaba en huir de un mundo perverso, de una sociedad dispuesta a toda clase de actos crueles e injuntos. También resulta de mucho interés para el dramaturgo la influencia perniciosa que sobre las mentes juveniles puede ejercer el encierro, el desconocimiento de la sociedad y de la vida normal. Por de pronto, el ente que vive encerrado desde la infancia, aislado, sometido a una cruel sobreprotección, ignora la autodefensa necesaria para sobrevivir en el mundo de los hombres. El incesto se le transforma en un acto normal para satisfacer sus necesidades sexuales. Hay además una tercera actitud de la cual Sergio Magaña no está muy convencido si existe en la conducta de sus protagonistas. ¿El esposo, Martín Guolfe –seguramente mala pronunciación de la palabra "Wolfe", en alemán: lobo– es realmente sádico, o el sadismo es para él y para su familia tan sólo un juego? ¿Pero, acaso él que juega al sadismo es su portador? Cuando se juega con fuego siempre existe el peligro de quemarse.

No sólo la obra nos ha emocionado. La dirección y la actuación intervinieron en su intensidad. Y lo más extraño resultaba la sencillez de su realismo. Bajo la dirección de Blas Braidot los actores nunca recurrían a la sobreactuación. Tampoco el director buscó actos de violencia que despertaran emociones enfermizas. Del sadismo sólo hablaban los niños como de un juego. Y precisamente por encontrarlo en bocas infantiles, la reacción del público era más dolorosa, con las sensación de encontrarse ante un mundo enajenado.

En un marco escenográfico de José Luis Aguilar, quizá excesivamente extendido por el breve espacio de la sala de Contigo... América, los siete intérpretes evolucionaban con una especie de lentitud, como de seres acostumbrados a moverse en ámbitos reducidos. Y esta lentitud, como de personas preocupadas de no romper a su paso los objetos que los rodean, era sobre todo muy visible en la actuación de Raquel Seoane, estupenda en el papel de Eloisa, la esposa. Especialmente emotiva fue la interpretación del jóven actor, Rodrigo Vera en el papel del hijo. Tanto su presencia física com su voz muy clara y matizada llamaban al atención. En ese mundo encerrado, en esa vida de lentitudes, las permanentes carreras de la niña Gloria Luz Rocha parecían más subrayadas. Su nombre, Libertad se antojaba una ironía que señalaba en el padre la persecusión de un sueño de libertad, de una utopía, lejos del mundo, lejos de una sociedad malévola, escondido entrelas cuatro paredes de ese extraño hogar. En cuanto al actor invitado, Elan Vital, en el personaje del padre, Martín Guolfe, fue correcto, pero sin llegar a mayores alturas.

En realidad se hace difícil mencionar a cada uno en especial. Todo el reparto daba toda la medida de sus posibilidades y toda la representación resultaba impresionante y emotiva.